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«Abducciones (Cinco obras)»

Cinco obras nacidas de un método personal de escritura que el autor, Pablo Remón, puso en marcha el año 2011 y practicó durante más de un mes. Todas funcionan bien y merece la pena echar un vistazo al libro

14 abr 2019 / 10:08 h - Actualizado: 15 abr 2019 / 22:25 h.
  • Portada de ‘Abducciones (Cinco obras)’. / El Correo
    Portada de ‘Abducciones (Cinco obras)’. / El Correo

La editorial especializada en teatro y ensayo La uña rota, editó hace un tiempo estas cinco obras basadas a su vez en un método de escritura que el autor empezó a practicar con disciplina diaria durante más de un mes en 2011 (de estas últimas o primeras mini-obras se ofrecen sólo algunas que son de entre todo el enorme corpus imaginado, sólo lo más representativo).

Escritas a partir de esta fecha y estrenadas ya las cinco en las Naves del Matadero, los Teatros del Canal y la sala Pavón Kamikaze en Madrid, así como en el ciclo teatral valenciano Russafa Escènica, esta elegante reproducción de teatro leído supone un festín de inventiva que parte de un afán surrealista que saca la mejor vis cómica del autor y guionista (junto con su hermano Daniel) de films como «Casual Day» o «Cinco metros cuadrados».

Si por algo gustan estas obras de Pablo Remón, fijando el foco en su contenido, es por sus pretensione,s en principio, amateurs (de hecho llegaron a pensarse para ser ejecutadas en el salón de la casa del dramaturgo) que hermanan el aliento corto y cortante de los diálogos con una tradición que recorre desde el cine ya escrito, pasando a la construcción dramática de un Miguel Mihura con ramalazos de Mamet.

En «La abducción de Luis Guzmán», todo empieza con una charla que debe al mejor Beckett la actuación entre dos hermanos que por momentos resulta confusa; más adelante aparece la esposa de uno de ellos que le reclama un mayor compromiso vital, mientras el otro parece obcecado en un proyecto radiofónico que permite, dada la falta de gloria conseguida por medios más mundanos, contactar con el más allá a través de Carl Sagan.

«40 años de paz» trata de desmitificar la Transición Española con más amplio trazo, consiguiéndolo las más de las veces a través de recursos más novelescos que teatrales, gracias a la compartimentación de espacios complejos en dos o más áreas escénicas diferentes creando a su vez un clima opresivo, alternando esta denuncia difusa con cierto costumbrismo.

«Barbados etc.» son tres escenas largas (o al menos así también podrían funcionar) que tienen en común el diálogo entre un hombre y una mujer, ya estén casados, sean fieles o infieles, adolescentes a los que les une el consumo por televisión de videoclips y música pop rock,...y es que la que más llama la atención quizá por su nostalgia acendrada es «La última cuenta atrás», un homenaje al single más famoso e higiénico del grupo Europe que triunfó a finales de los 80, cuya canción (se recorre todo el álbum publicado en formato LP) les emparenta también con abducciones y viajes a Venus.

«El tratamiento» quizás sea la pieza más reflexiva, en ella un profesor de guion algo neuras roba la idea de un alumno y la vende desde una historia de la guerra civil, teniendo que hacer unos cambios que dislocan su propia concepción espacio-temporal de lo que será una peli de zombis sin zombis que mezcla la ciencia-ficción con la Meseta castellana.

Por último, «Los mariachis» narra la vida de tres hermanos, uno de los cuales es perseguido por estar involucrado en un partido político de dudoso calado económico-moral, todo ello a partir de la búsqueda de un cuadro de valor sentimental para él, que le llevará directo a un hospital donde se le aparecerá San Pascual Bailón, patrón de su pueblo.


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