jueves, 15 noviembre 2018
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Alta literatura para ‘pinkwashers’ (II)

Aquellos que identifican el universo gay con la frivolidad, estaban mejor en sus casas, leyendo. Así se enterarían de algo más. Porque detrás del movimiento LGTB, la extravagancia, y el desenfado, hay mucho dolor, mucho valor. Demasiado sufrimiento como para reducirlo a banalidades.

31 oct 2018 / 22:46 h - Actualizado: 01 nov 2018 / 08:06 h.
  • Portada de ‘Chicos’. / El Correo
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  • Portada de ‘El templo’. / El Correo
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  • Portada de ‘Buen criollo’. / El Correo
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1989 - EL MARGINAL: “CHICOS”, de Luis Antonio de Villena

Luis Antonio de Villena recuerda a Chicos y se lanza a una serie de episodios biográficos situados entre la idealización y el psicoanálisis como se hace siempre, por otra parte, en todas aquellas historias en las que el narrador es un propio yo que viene del pasado. Conviene recordar en ese sentido una frase reveladora con la que el escritor comienza el primer relato y que sirve para todos, el ayer es un palacio inhabitable.

Chicos es un libro de despedidas, de amores inalcanzados o tensiones no resueltas, de fracasos y añoranzas en el que solo podemos criticar que todos los relatos se parezcan, que los arquetipos se repitan y que de la época se transmita un recuerdo parcial y sesgado. Son tiempo y tema los que lo convierten en una novela más que una colección de relatos.

Pero los homosexuales necesitan voces con las que identificarse, personas que hayan transitado el mismo camino antes, desbrozándolo. El agradecimiento por lo conseguido en el periodo de una generación debe de ser para personas como Luis Antonio de Villena, valientes. Resulta hermoso que haya tenido el coraje para dedicar estas páginas a esos amantes pasajeros, y no podemos dejar de pensar al leerlos en una de esas novelas de cortesanas del siglo XIX trasladada a los últimos años del franquismo, aun con todo lo que tienen -narrador y criaturas literarias- de subjetivo e impostado. Aunque detrás del artificio se intuya lo tenebroso y lo grotesco. En la búsqueda frustrante de un ideal inalcanzable.

Chicos viene a ser la historia de cómo se gastó la herencia que recibió de su abuela. En chulos. Y hay que tener valor para contarlo.

1929 - EL AMBIGUO: “EL TEMPLO”, de Stephen Spender

Vamos a olvidarnos de todo. De la historia de esa generación de novelistas británicos que fueron jóvenes antes de la guerra, que consolidaron un círculo cimentado sobre la libertad, la literatura, la homosexualidad, y que llegarían a ser muy célebres: Spender, Isherwood, Auden; y de todos sus conocidos y adláteres. Aunque son los protagonistas ostensibles del libro, bajo nombres encubiertos, eso sí.

Orillaremos el contexto, que conocemos perfectamente por Adios a Berlín, de Isherwood, aunque sea crucial: esa República de Weimar en la que se larvaba ya el nacismo, pero que al mismo tiempo conformaba una de las sociedades más avanzadas en el humanismo y la fisicidad: libertad sexual, nudismo, ejercicio.

Lo que queda es una especie de diario biográfico, en el que el narrador cuenta las andanzas, amores y desamores homoeróticos –todos bastante efímeros y fútiles- de un grupo de amigos que van descubriendo su sexualidad, realizando conquistas, atraídos por los lindos, los mantenidos y los proletarios. Un narrador que se centra en las simpatías y las antipatías, los encuentros y los desencuentros de un grupo de varones, descritos con detallismo, veracidad y un nivel de penetración que sería loable si fuera porque corre una cortina sobre la parte más sexual, conteniendo una tensión que no obstante queda entre las páginas, aunque se eche de menos su pulsión en el relato. Como faltan también algunas consideraciones sobre su papel en la sociedad, su futuro como homosexuales, y su pasado como perseguidos, su relación con ese otro ente, la mujer. Encubiertos siempre en un halo de juventud dorada, adobada en colegios elitistas, teñida con colores intelectuales, y rodeada de un halo de artistas, que parecen –estas tres cosas- que lo pueden justificar todo.

Una novela floja, un apunte biográfico demasiado vago para ser consciente –como lo es, desde el prólogo- de que se escapa de la ficción, y un relato del tiempo histórico que quizás sea lo que hace más interesante El templo.

Obra de juventud sincera, pero inmadura, por falta de profundidad psicológica.

1895 - EL APASIONADO: “BUEN CRIOLLO”, de Alfonso Caminha

Una historia de pasión, de desamor y de celos. Un pequeño drama, invisible para la sociedad y para la Historia. Una minúscula aguja en el pajar de la literatura. Ni siquiera está bien escrita la novela, abunda en manierismos y subjetividades, el narrador resulta chocante y el punto de vista lábil. Son curiosas las referencias al mundo de los barcos y de los hombres de la mar, ya que su autor fue marino, y con material que conoció muy bien compuso esta novela.

Lo relevante de Buen Criollo, aparte de los retratos de la vida marinera de la primera parte, y del ambiente de la capital brasileña a finales de la época imperial, es que es una de las primeras novelas que toca el tema homosexual, en un año tan prematuro como 1895. Lo hace además de una manera bastante atrevida, porque narra la relación de un negro, feo, carismático y ex esclavo, con un hermoso desdibujado efebo blanco. Sin embargo la novela no tuvo ninguna repercusión en el momento de su publicación, bien sea porque las circunstancias políticas, o la mediocridad de su autor la hicieron irrelevante, y por lo tanto inocua su creación. Quizás fue solo que nunca llegó a mano de esos censores, esos integristas religiosos que se caracterizan por tocar las trompetas de la fama sobre lo que les gustaría que permaneciera oculto. El “efecto Streisand”.

Es una curiosidad para la literatura gay la recuperación de la obra, prologada y traducida por Ángeles Caso.


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