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Amazonas, no solo un mito

Los héroes griegos tuvieron unas temibles enemigas: las amazonas. La misoginia, que ha marcado el relato del mundo desde el principio de los tiempos, aparece en la mitología griega con fuerza al hablar de unas mujeres valientes, guerreras, con una idea del mundo contrapuesto al del hombre dominador. Cometieron errores. Muy parecidos a los de los hombres míticos. Pero en el caso de las mujeres las mismas cosas eran espantosas. En fin, un clásico

07 abr 2018 / 08:58 h - Actualizado: 07 abr 2018 / 12:05 h.
  • Una amazona en plena batalla. / El Correo
    Una amazona en plena batalla. / El Correo
  • Las amazonas fueron grandes enemigas del hombre dominador de la mitología clásica. / El Correo
    Las amazonas fueron grandes enemigas del hombre dominador de la mitología clásica. / El Correo
  • Imagen promocional de la película ‘Wonder woman’. / El Correo
    Imagen promocional de la película ‘Wonder woman’. / El Correo

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El año pasado fui a ver «Wonder Woman» con mis hijas en el cine. Me parecía positivo encontrar un referente, una súper heroína femenina que no necesitase ningún hombre para ser salvada y, aunque la película tiene sus luces y sombras, a ellas les gustó. Anoche, a eso de las seis, la volví a ver con una de ellas, que estaba pachucha y pensó que mejor sería que nos quedáramos un ratito viendo una película (yo que soy una inconsciente, pensé lo mismo y...). Fue entonces cuando lo tuve claro, viendo a Robin Wright y Connie Nielsen interpretar Hipólita y Antíope (tía y madre de la protagonista en el film): quería escribir sobre las amazonas, esas mujeres admiradas y odiadas (la misoginia es muy mala) a partes casi iguales por los antiguos narradores.

Las amazonas se presentan en la mitología griega como unas de las grandes rivales de los héroes griegos. Aparecen en los Doce trabajos de Hércules, en la Guerra de Troya y en La vida del heroico Teseo. Los autores de la época no las apreciaban demasiado y solían representar estas hijas de Ares y la náyade Armonía, como un grupo de mujeres guerreras crueles y planas. Sus tribus solo reconocían la descendencia materna, por lo que los hombres sólo realizaban labores domésticas, mientras que las mujeres luchaban y gobernaban. Cuando tenían un niño o le rompían los brazos y las piernas (para que no pudiera ser guerrero en el futuro), o se lo devolvían a su padre (en caso de ser de una tribu más o menos cercana). En cierto sentido, es lo que los hombres han venido haciendo con las mujeres los últimos milenios, pero claro, cuando uno presume que puede ser el afectado por semejante actitud, lo que en los hombres se considera mérito, en las mujeres pasa a ser visto como un terrible defecto. ¿O acaso se nos olvida esa expresión tan machista de «la mujer en casa y con la pata quebrá»? Pues eso, que según los creadores de la mitología griega, las amazonas actuaban con los hombres de la misma forma en que ellos actuaban con el resto de mujeres. Incluso se les reprochaba no mostrar ningún respeto por la justicia ni por la decencia (aunque tal y como estaba la mitología ve tú a saber qué quiere decir eso).

Sin embargo reconocían sus méritos como guerreras, su fiereza y el hecho de que fueran las primeras en emplear la caballería en sus ataques. Levaban arcos de bronce y cortos escudos en forma de media luna, sus yelmos ropas y ceñidores estaban hechos con pieles de animales salvajes. Eran temidas por su valor y su coraje. Aunque la tradición dice que el nombre amazona estaba relacionado con el hecho de que se cortaran un pecho para poder emplear mejor sus armas, no hay ninguna base que acredite que esto fuera así. Fundaron ciudades como Esmirna, Éfeso o Temiscira.

Una de las historias más famosas es la que las relaciona con el noveno trabajo de Heracles. El héroe había matado a su mujer, hijos y dos sobrinos, en un ataque de locura (eso dijo él). Como penitencia (poca me parece) quedó sometido a los crueles caprichos del rey Euristeo, que maquinaba un día tras otro para acabar con la vida del forzudo semidiós. A la vista de que ningún animal salvaje conseguía hacerlo, pensó que tal vez las amazonas sí pudieran. Lo que hizo fue pedirle que consiguiera, para la su querida hija Admete (que debía ser una caprichosa de tomo y lomo), el cinturón de oro de Ares que llevaba la reina de las amazonas. En algunas historias se identifica como Hipólita y en otras no. Cuando Heracles atracó su barco en el puerto de Temiscira se llevó una sorpresa. La reina de las amazonas (Hipólita o no) lo recibió con agrado, lo agasajó y llevó a su palacio. Una vez allí, él le confió su propósito y la reina decidió que le daría el cinturón siempre que se aviniera a concebir una hija con ella. La idea le pareció estupenda y se pusieron manos a la obra. Pero como quiera que la diosa Hera odiaba a Heracles (por ser uno de los hijos bastardos de Zeus), decidió difundir un rumor entre las amazonas: les hizo creer que estaba allí para matar a la reina. Las amazonas se levantaron en armas para defender a su reina, Heracles sospechando que lo habían traicionado mató a la reina cuando yacían, le robó el cinturón y el resto de armas (todo muy honorable). Dio muerte a un montón de amazonas y se dio a la fuga hasta llegar a la corte de Euristeo para entregarle a la princesa el cinto. No sabemos qué hizo la princesa con él. No sería extraño que lo hubiera llevado dos días y después se hubiera aburrido o tal vez no, tal vez lo llevó con orgullo hasta el fin de sus días, aunque no hubiera hecho nada para obtenerlo ni merecerlo.

También aparecen las amazonas, curiosamente Hipólita y Antíope, en la vida de otros de los héroes mitológicos por excelencia: Teseo. A veces la historia de Teseo se enlaza con la de Heracles, y es que la mitología dependía de la voz del cantor que narrase la pieza. Centrémonos en Teseo que, con Heracles o sin él, se dirigió al país de las Amazonas y allí Antíope lo recibió con regalos y agasajos. ¿Qué hizo él? Aprovechar la ocasión y raptarla. Hipólita (u Oritía según a quién leas) hermana de Antíope, decidió seguir al héroe hasta Atenas y presentar batalla para recuperarla. Se dice que esta fue la primera vez que los atenienses repelieron una invasión extranjera, porque la historia y el mito lo escriben los vencedores y estos preferían dar muerte a sus enemigas en el campo de batalla y en los libros. En cuanto a Antíope hay quien dice que sobrevivió a la batalla y murió cuando Teseo contrajo matrimonio con Fedra. Interrumpió el banquete de bodas completamente armada y con intención de no dejar títere con cabeza. Se había hecho a la idea de ser la mujer de Teseo porque él la había secuestrado, separado de su pueblo, dejado embarazada y convivido con ella varios años. Parece incomprensible que tuviera algún motivo ara estar molesta con el ateniense que la había dejado tirada como un muñeco viejo... En fin, qué mal papel nos corresponde a las mujeres en el mundillo mitológico.

Cuentan que parte de las amazonas se mudaron a Albania junto con sus vecinos garganeses. Se instalaron a los pies del Cáucaso y una vez al año, durante la primavera, un grupo de jóvenes amazonas y de jóvenes garganeses se reúnen en la cumbre de la montaña que separaba sus territorios y mantenían relaciones sexuales durante dos meses. En el momento en que una amazona quedaba embarazada regresaba a su pueblo. Si paría una niña se la quedaba y si era varón se lo devolvía a los garganeses que, como no sabían quién era el padre, se repartían a los niños como podían.

Las tribus de mujeres guerreras fueron una realidad durante la antigüedad, igual que lo fueron las sacerdotisas armadas de ciertos cultos. Estas mujeres reales dieron origen a una de las más fascinantes leyendas de la antigüedad. La figura de la amazona como mujer no sometida a la imposición masculina es muy interesante, tanto que, a pesar de haber perdido batallas con los héroes del momento, no cesan de llamar a las puertas de la ficción en nuestros días. ¿Tendremos suficiente valor para abrirles las puertas, para darles un lugar en el Panteón de las figuras de referencia femenina?


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