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Ángela Ruiz Robles. Precursora del libro electrónico

21 ene 2017 / 12:47 h - Actualizado: 18 ene 2017 / 12:33 h.
  • La ‘Enciclopedia Mecánica’ podría considerarse un embrión del libro electrónico actual. / El Correo
    La ‘Enciclopedia Mecánica’ podría considerarse un embrión del libro electrónico actual. / El Correo
  • ‘Enciclopedia Mecánica’ inventada por Ángela Ruiz Robles. / El Correo
    ‘Enciclopedia Mecánica’ inventada por Ángela Ruiz Robles. / El Correo
  • Ángela Ruiz Robles. / El Correo
    Ángela Ruiz Robles. / El Correo

Ángela Ruiz Robles fue una pedagoga que podríamos calificar como visionaria. Sus inquietudes por convertir el aprendizaje en algo divertido, accesible y dinámico, le invitaron a pensar en todo tipo de herramientas que facilitaran la comprensión de los alumnos. Fue premiada y reconocida por su labor, pero la falta de presupuesto hizo que su invento más notable quedase en el olvido. Se la puede considerar la precursora de lo que conocemos como libro electrónico.

¿Leéis en e-book? ¡Confesad! Por mucho que digáis que la textura del papel es maravillosa y que nada puede sustituirlo (no soy yo quien vaya a negarlo), muchos somos los que hemos caído bajo el influjo del libro electrónico inventado por Michael Hart. Pero ¿qué diríais si os contase que existió una mujer española que creó algo similar en 1949? ¿Cómo se os queda el cuerpo? Pues es cierto, Ángela Ruiz Robles, leonesa afincada casi toda su vida en Galicia, fue la creadora de la Enciclopedia Mecánica.

Nació en 1895, en Villamanín (León) en el seno de una familia acomodada y cursó estudios en la Escuela de Magisterio de León. Enseguida comenzó a dar clases a niños y no sólo a estos, también alfabetizaba gratuitamente a adultos que no habían tenido la oportunidad de formarse, lo que no era moco de pavo en la época con el nivel de analfabetismo que existía.

Por su entrega y por el concepto de enseñanza que tenía, fue ganando el afecto de todos los colegios y centros por los que pasó hasta su jubilación. Ángela tenía un concepto de lo que debía ser la enseñanza muy diferente al que existía en la época (y al que todavía mantienen algunas personas). Para ella la letra no entraba con sangre, al contrario, era necesario facilitar el aprendizaje de niños y adultos, hacerlo más intuitivo, menos memorístico. En este sentido fue una visionaria.

Destinada en Ferrol, contrajo matrimonio con un marino mercante con quien tuvo tres niñas, aunque enviudó pronto. Ángela siempre trabajó y no sólo en escuelas, daba conferencias y no paraba de escribir; además creó una academia para adultos llamada «Elmaca» en honor a sus hijas Elena, María Elvira y Carmen. Allí impartía clases a opositores de aduanas, correos, telégrafos y para el ingreso en altos estudios mercantiles.

En 1938 publicó su primer libro Compendio de ortografía castellana, posteriormente escribiría otros para que este ámbito de la lengua fuera más ameno para sus usuarios, y también manuales de taquigrafía.

La primera invención de Ángela la realizó en 1944, fue el Proyecto de Atlas Científico-Gramatical, en el que pretendía dar a conocer España con gramática, sintaxis, morfología, ortografía y fonética. Después creó la Máquina Taquimecanográfica para facilitar la realización de este tipo de labores.

En 1949; percatándose de las dificultades que el aprendizaje existente en la época suponía para los niños, de lo cargados que iban a colegio y las limitaciones que habitualmente tenían los libros; creo la Enciclopedia Mecánica y la patentó. El invento constaba de dos partes, en una de ellas se contenían una serie de bobinas que podían cambiarse según fuera adelantando en sus conocimientos el estudiante (¿podrían considerarse una especie de lápices de memoria actuales?). Logró introducir tres idiomas en el prototipo que creó: castellano, inglés y francés. Es evidente que logró percatarse de la gran importancia que los idiomas tenían en la enseñanza. La otra parte introducía una serie de conocimientos básicos sobre lectura, escritura y números, y permitía al usuario formar sílabas, palabras o lecciones, cuando hacía presión sobre determinados elementos mecánicos.

La enciclopedia podía leerse en vertical y horizontal. Estaba cubierta por una lámina trasparente y con cristal de aumento (para los que tenían problemas de visión) e incorporaba una luz para que pudiera leerse en la oscuridad. La intención de Ángela era aligerar la carga de los alumnos, pero no sólo eso, sino hacer un tipo de enseñanza más atractiva, interactiva, adaptada a las necesidades de los alumnos, incluso de los que tenían necesidades especiales. Tened en cuenta que se trata de un invento de 1949 y tuvo la suficiente claridad mental para incluir un cristal de aumento y también sonidos que ayudasen en el aprendizaje de los idiomas. También era una herramienta de escritura, pues llevaba un plástico para escribir y dibujar. Pesaba poco para que los niños pudieran traerlo y llevarlo con facilidad al colegio y su aspecto era muy similar al de un maletín.

A día de hoy, en la mayor parte de los colegios, los niños continúan llevando unas mochilas cargadísimas. Si a lo que tienen que llevar habitualmente (libros, libretas, estuches o merienda) unimos la afición que tienen a meter todos los enredos del mundo (hablo por experiencia propia) arrastrar una mochila puede convertirse en un trabajo arduo. Digo arrastrar porque ni siquiera se me ocurre lo que podría pasar si en lugar de los carritos les diera por llevar ese peso (como hacía yo) cargado en la espalda.

Su invento gozó de un rápido reconocimiento y pocos años después era condecorada con la medalla de Alfonso X el Sabio. En 1952, se le concedió la Medalla de Oro y Diploma en la primera Exposición Nacional de Inventores Españoles. En 1962 se realizó un prototipo del invento, construido en el Parque de Artillería de Ferrol (La Coruña) por los trabajadores del mismo, bajo su dirección.

El problema con el que se encontró fue la falta de inversión en su invento. A pesar de que Ángela hizo lo posible por promocionarlo en todos los medios de comunicación de la época, incluida la televisión, no logró que nadie invirtiese en su enciclopedia. La miopía del gobierno y de la industria editorial (tal vez el temor a perder una fuente importante de ingresos) fue evidente. Como siempre hay alguien que se nos adelanta, desde Estados Unidos se mostraron interesados en adquirir la patente para sacar la Enciclopedia Mecánica adelante en aquel, sin embargo la inventora prefería que fuera realizado en nuestro país y decidió no cederla.

En 1975 fallecía esta pedagoga visionaria. Su Enciclopedia mecánica, como otros inventos, quedó en el olvido. Desde el año 2012, el prototipo se encuentra en la Exposición permanente del Museo de Ciencia y Tecnología de A Coruña donde podréis verlo con detenimiento.

Si bien se van abriendo camino muchos elementos electrónicos que pueden facilitar el aprendizaje: tablets, ordenadores, libros electrónicos, etc., y que desde muchas editoriales se distribuyen material interactivo, todavía nos queda mucho camino por delante, para que el aprendizaje sea más sencillo. La adquisición de conocimiento es un camino arduo en el que confío que nos encontremos con muchos profesores que tengan esa capacidad pedagógica que mostró Ángela Ruiz Robles a mediados del siglo pasado.

Nostálgicos del libro de papel ¡aprovechemos las ventajas que el mundo digital nos ofrece! No hay incompatibilidad entre los e-books, las tablets y cualquier dispositivo que está por venir. Nuestros colegios se están llenando (demasiado lentamente) de ordenadores, pizarras electrónicas o tablets y es importante aprovecharlos. No nos cerremos en banda, la educación y la técnica tienen que ir de la mano en cualquier sociedad que pretenda evolucionar.


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