martes, 21 mayo 2019
00:35
, última actualización

«Berta Isla»

La última novela de Javier Marías es una gozosa historia para el lector que quiera vivir y conocer a dos excelentes personajes con los que empatizará, a través de un particular estilo y cierto pesimismo de fondo

28 abr 2019 / 10:30 h - Actualizado: 28 abr 2019 / 10:45 h.
  • Javier Marías en su biblioteca (Efe)
    Javier Marías en su biblioteca (Efe)

En esta nueva entrega que para algunos sigue a «Así empieza lo malo» y en que el propio autor ha reconocido los ecos de novelas de los 90 como «Mañana en la batalla piensa en mi», nos encontramos con el sesudo estudio de dos grandes personajes, a la vez que con un best-seller con heroína femenina bien oculto tras ese sabio uso de las palabras al que nos tiene acostumbrados Marías.

Bajo el uso de un narrador complejo que a veces se identifica en «Berta Isla» (mujer del por otros considerado protagónico Tomás Névison) se encuentran multitud de propuestas: desde una novela de espías, pasando por otra de amores y desamores y, quizás la principal, sobre cómo el carácter finito y fantasmagórico de todo lo humano se deshace y derrite como un helado un día de calor bochornoso ante cualquier instinto, seamos quién seamos.

Névison conoce a Isla en el Madrid de principios de los pasados años 70 cuando ambos son profesores de inglés, siendo él además un peculiar imitador de acentos. Desde el principio viven una relación consensuada que les permitirá conocer a otros hombres y mujeres, siendo en el caso de él, Janet, y en el de ella un banderillero que apenas le hace mella espiritual alguna.

«Berta Isla»

A lo largo de los nueve o diez capítulos largos de que consta esta novela, se advierte una estructura, en la que los primeros y últimos podrían estar emparentados por cierta simetría; este rasgo permite contar con mayor desahogo en las medias partes. Las licencias a través de las que escuchamos casi un libro entero de Eliot y lúcidas frases de Dickens, definen no sólo aquel pacto, sino los pormenores metafísicos de las misiones secretas.

Como Névison es mitad inglés y mitad español (hasta el punto de ser bilingüe) encuentra un modo misteriosamente anodino de vender su valía a la Corona inglesa; sin saber del todo, parece meterse en asuntos de espionaje en los que está implicado el Foreign Office, el MI6 y otros tantos organismos sobre los que no debe desvelar nada a nadie, y en los que a base más de silencio que de acción, va subiendo posiciones.

Mientras en Madrid, Berta goza de una vida acomodada pero profundamente contrariada, de esta forma su puesto en la Universidad Complutense así como los trabajos de un marido ausente, les proporcionan sus justos honorarios. Un día, Névison muere, o eso le da a entender el intermediario (habrá varios) al que se dirige. Tal vez sobre su muerte, Berta descubra en Faulkner y cómo su aliento largo no es más que temor a perder la propia vida en su escritura.

Se va formando a partir del fantasma Névison (el que supone ser para Berta) su polvorienta identidad a partir de un disfraz que siquiera desde la imaginación del imposible olvido, les hace reencontrarse sabiéndose poco menos que nada.

La portada de Alfaguara, elaborada a partir de un diseño de Enric Satué con fotografía de Quentin de Briey que ilustra uno de sus encuentros, remarca esa forma a través de la que la presencia femenina, fuma sin que le veamos la boca.


Todos los vídeos de Semana Santa 2016