miércoles, 24 mayo 2017
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Bomarzo

El Teatro Real de Madrid estrena en España una ópera que hace cuarenta años que no se representa en el continente. Los expertos la señalan como un acontecimiento en la Historia de la lírica por su alta calidad, y la intensidad de su composición. El libreto se basa en una de las novelas claves del siglo XX, libremente modificada por su autor para ser puesta en música. El escándalo de su censura en la Argentina de los años 60 la convirtió en un referente mundial de la arbitrariedad del poder.

29 abr 2017 / 12:59 h - Actualizado: 27 abr 2017 / 11:58 h.
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    John Daszak (Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo) / Hilary Summers (Diana Orsini, abuela de Bomarzo). / Fotografía: Javier del Real
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    John Daszak (Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo) / Germán Olvera (Girolamo, hermano mayor del duque) / Damián del Castillo (Maerbale, hermano menor del duque). / Fotografía: Javier del Real
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    John Daszak (Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo) / Milijana Nikolic (Pantasilea, Cortesana De Florencia) / bailarines. / Fotografía: Javier del Real
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    John Daszak (Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo) / Milijana Nikolic (Pantasilea, Cortesana De Florencia). / bailarines/ Fotografía: Javier del Real
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    John Daszak (Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo) / James Creswell (Gian Corrado Orsini, padre del duque). / Fotografía: Javier del Real

Era un adolescente cuando descubrí que había otros mundos a los que podía acudir para refugiarme de éste. Unas ventanas en el tiempo permitían acceder a zonas vedadas a los que me rodeaban, y perderme en sus geografías. Eran los libros. Entre los libros este. No solo me permitían viajar por una época más adecuada a mi sensibilidad, por un tiempo del que –de alguna manera- me sentía emigrante, sino que podía hacerlo de la mano de un personaje admirado, raro, voluptuoso, amargado por sus deformidades pero hermoso, sensible y al mismo tiempo capaz de crueldades atroces. Bomarzo me abrió las puertas de un destino al que algunos llaman literatura.

Pasados los años arribé a La Accademia, en Venecia, para enfrentarme al Retrato del gentilhombre en su estudio, de Lorenzo Lotto. Me arrastré por las carreteras rurales del Lacio para llegar al Bosque de los Monstruos, que inmortaliza la novela. Me detuve, en Florencia, en el cortile del gran palacio de la Via Larga que habitaron los Medici. Me asombré ante la cortina del teatro Colón, en Buenos Aires, donde el gobierno militar de Onganía suspendió el estreno de esta ópera por su inmoralidad. Solo me queda, pues, llegar a El Paraíso, en la localidad cordobesa y argentina de La Cumbre, donde el escritor vivió, cuyo nombre puso en el título de dos de sus novelas, y que hoy mantiene su recuerdo.

Bomarzo es una de las grandes novelas históricas. Un fresco en el que Manuel Mujica Lainez despliega ante nosotros el resplandor del Renacimiento. Siguiendo la vida de Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo, recorremos una época sin parangón en la Historia de la humanidad, por su esplendor.

Partiendo de una ficción que arranca en el Bosque Sacro, asistimos a la llegada de los Medici a su palacio florentino, vivimos los preparativos de la batalla de Lepanto, y presenciamos, demudados, el saqueo de Roma, cuya noticia, llegada a la corte imperial de Toledo, hizo llorar de amargura al Emperador, y a la Corte española vestir de luto durante meses. Nos agolpamos con los invitados a la coronación imperial que reunió en Bolonia a Carlos, Señor del Mundo, con el Papa Clemente VII.

El relato es sensual, brillante, magistral, extenso, infinito. Está documentado como ninguna otra novela, e incluso más que algunos ensayos, con la diferencia de que aquí los personajes viven, visten trajes suntuosos, enferman, odian, aman, y mueren.

Mujica Lainez es un gran escritor, utiliza los mejores registros de la identidad europea depurados en un castellano preciso, engrandecido por su brillantez argentina de hombre del gran mundo. Pocos narradores han utilizado los adjetivos como él.

La extensión de esta novela es uno de sus mayores méritos, y el que escribe estas líneas puede afirmar que en su vida existe un antes y un después de la lectura de esta narración insólita.

Sobre su argumento, Alberto Ginastera compuso esta ópera que raramente se representa.

El músico argentino deseó que la función fuera propuesta en los escenarios naturales en los que se desarrolla la ficción, algo por lo que el mundo espera todavía, y que este año 2017, en el cincuentenario del estreno en Washington, hubiera sido la ocasión en la que nadie ha reparado.

Pero hace diez años, un grupo de locos, de iluminados, filmaron esa experiencia acuciados por la falta de medios, contando solamente con el apoyo del municipio de Bomarzo. La rodaron en apenas cuatro días, y la presentaron una semana después. Los actores no se conocían y no pudieron prepararla, algunos habían sido convocados para el rodaje la noche anterior.

Bomarzo 2007 es uno de los audiovisuales más curiosos de la lírica contemporánea. Mezcla dos géneros –operístico y cinematográfico- y dos espacios temporales -histórico y presente-. Siguiendo la trama del libreto, la película se convierte en un experimento, un ensayo, un documental, y una performación. Un acontecimiento único que se puede encontrar fragmentado en internet. Se estrenó en el palacio Orsini de Bomarzo, el 4 de agosto. Fue dirigida por Jerry Brignone sobre una idea suya y de Massimo Scaringella, en la que el elenco fue doblado con la banda sonora del estreno mundial. El resultado es surrealista.

El invento ha dado a luz otro documental titulado Bomarzo a Bomarzo, realizado por una universidad argentina, y a un análisis de Francisco Parralejo Masa, presentado en la Universidad de Salamanca en 2008.

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OPERA MAGNA

Bomarzo, la ópera que vemos ahora en el Teatro Real, ha sido muy poco representada, lo fue en la ópera de Kiel en 1970, en la de Zurich en el 72, y en el Coliseum de Londres en el 76, además de dos reposiciones en el Colón de Buenos Aires en 1984 y 2003. Hace por lo tanto cuarenta años que no se presenta en Europa. Para los expertos se trata de una piedra de toque tanto de la creación latinoamericana, como de la composición musical del siglo XX, y de la carrera de su autor.

El montaje, que se ha estrenado en Madrid el 24 de abril, y del que se van a dar solo cinco funciones, es una sucesión de aciertos. En primer lugar el del libreto.

Contra todo pronóstico para los que conocen su creación literaria, el escritor argentino ha sido capaz de sublimar la personalidad del protagonista, eximiéndolo de todo motivo histórico, y revirtiendo -por lo tanto- los mecanismos de su propia novela. Pier Francesco Orsini se muestra en absoluta introspección, aislado en su desgracia de ser diferente. El resto de los actantes son fantasmas. Con la música, Ginastera crea una narración sólida, anclada en inspiraciones exteriores, porteñas y renacentistas, sostenida en una orquesta desmesurada capaz de sorprender por la variedad de los sonidos, demostrando queadquirió su maestría componiendo música para el cine. En Bomarzo crea el espacio sonoro para una liturgia psicoanalítica, todo sale del interior de la mente de infortunado duque, pero al mismo tiempo se proyecta desde el foso con la consecuencia de una atmósfera musical muy densa, simétrica en su estructura, misteriosa, inquietante, y premonitoria.

Porque Bomarzo es la escenificación de la angustia del hombre contemporáneo.

Para el montaje de Madrid -una coproducción con la Ópera Nacional de Ámsterdam- Pierre Audi crea una cárcel con líneas de luz y cuevas de oscuridad por las que transitan los personajes, acertando en crear otro Bosque de los Monstruos –que también es sagrado- referenciado al original, pero diferente, definitivamente moderno, donde el paisaje es un páramo trufado de accidentes que es el correlato de la vida interior del duque, y en el que se podían haber evitado casi todas las proyecciones audiovisuales para concentrar la acción. Destacan en el elenco el coro de niños cantores de la ORCAM, y el cuerpo de baile que ejecuta unas variaciones soberbias, coreografiadas por Amir Hosseinpour y Jonathan Lunn. Resulta muy acertado el desfile de las siete edades. Los cantantes están bien, y luce especialmente en su papel de Pantasilea (que estrenara en Washington Isabel Penagos) la mezzosoprano serbia Milijana Nikolic, y en la fisicidad de sus personajes los hermanos Orsini, interpretados por Germán Olvera, y Damián del Castillo, así como el criado Abul (Amaury Reinoso), el ángel tutelar del protagonista.

No es necesario ser un experto para percatarse de que el director musical, David Afkhan, realiza un soberbio ejercicio de virtuosismo técnico, demuestra una maestría notable en la conducción de la orquesta, y una sensibilidad extrema en la comprensión profunda del espíritu de la partitura. Afkhan es el actual director de la Orquesta Nacional de España y con su juventud, y a pesar de una corta carrera, se destaca como una estrella fulgurante, que recibió una merecida ovación del público en el estreno.

Bomarzo tiene momentos sublimes -como el festival de danza macabra, o la investidura del duque y el encuentro con Julia Farnese- espaciados por interludios perturbadores.

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Bomarzo en imágenes

A rebufo del estreno en el Lincoln Center de Washington, en 1969, la revista argentina Intervalo, muy popular en ese momento, publicó un cómic.

Las ilustraciones, de Daniel Haupt, son muy toscas, el relato ilustrado no funciona porque se basa sobre todo en los explicativos, y los diálogos son superfluos. Como corresponde a lo que debió de ser un suplemento, la edición de Columbia es muy rudimentaria.

Y sin embargo descubrimos una pequeña joya en la concentración que Pedro M. Mazzino hizo del texto original y que es nítida, que rescata esquemáticamente la magia original de la novela, echa un velo de ambigüedad sobre las zonas más osadas, sin censurarlas, quizás para evitar el boicot que impidió estrenar la ópera en Buenos Aires, y reparte la narración en convenientes cuadros y capítulos que pueden hacer disfrutar a los más jóvenes de una historia demasiado extensa en su versión original, y a los lectores adultos hacerse una idea de la novela, o repasar sus aventuras, según la conozcan o no previamente.

Un descubrimiento sorprendente que nos lleva a desear que se rescate la idea de poner al día, en imágenes, una historia maravillosa con una recreación como pocas veces se ha logrado en una novela.

El conjunto de los documentos históricos relativos al Bosque de los Monstruos se recopila en un catálogo comisariado por Sabine Frommel, con la colaboración de Andrea Alessi, que se publicó en 2009. En este se siguen los avatares de la propiedad del terreno, a partir del quinientos, se analiza su redescubrimiento en la mitad del siglo XX, con la visita inspiradora de Salvador Dalí, y los primeros textos críticos sobre el jardín redescubierto, con la primicia de André Pieyre de Mandiargues, y la reseña del «innombrable» Mario Praz. Se censan los documentos, testamentos, cartas, e inventarios que sobre el lugar existen en diferentes archivos, entre ellos el Capitolino de Roma, y el de la Universidad de California.

Querríamos innumerables los estudios gráficos, y las colecciones fotográficas que recorrieran el Bosque, pero solo podemos destacar la edición numerada compuesta por Del Centro Editores, de Madrid –no venal- con una tirada de 100 ejemplares, fotografías de Raúl A. Manrique Girón, y reflexiones sacadas del relato.


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