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Brüsel (Las ciudades oscuras)

Perturbador trabajo de François Schuiten y Benoît Peeters que nos coloca ante la inteligencia humana que sirve de herramienta destructora. La ciudad como nexo de unión entre ficción y realidad es protagonista de este cómic

13 ene 2018 / 08:17 h - Actualizado: 08 ene 2018 / 15:50 h.
  • Portada de ‘Brüsel’. / El Correo
    Portada de ‘Brüsel’. / El Correo

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Interesante y perturbador álbum de François Schuiten y Benoît Peeters que se encuadra en la serie Las ciudades oscuras.

Tal vez sea este el trabajo de la serie con mayor cantidad de referencias a una ciudad real y a una historia de despropósitos urbanísticos más lamentable. Lógicamente, hablamos de Bruselas.

Las ciudades oscuras es un proyecto que comenzó en 1982 y en él confluyen las ciudades y la ciencia ficción. Se acomoda en lo que conocemos como steampunk. Todo en estos cómics está al servicio de los elementos arquitectónicos convertidos en razón de ser de los álbumes. Los personajes no dejan de ser una especie de reflejo del entorno que configura una ciudad y el guion parece que está dictado por esos edificios. De hecho, Schuiten no puede ocultar una enorme y clarísima formación en el área de la arquitectura.

Brüsel está cargado del influjo de Horta (del que seguramente los autores son fans) y del Art Nouveau, de la crítica a los monumentales desastres urbanísticos que ha sufrido esa ciudad.

Nos encontramos, al abrir el cómic, con un resumen de los desastres más evidentes y famosos que se han cometido en Bruselas. Un Palacio de Justicia convertido en un monumento a la idiotez humana encarnada por Polaert; el recubrimiento del Senne con la que Bruselas se quedaba sin su río (una cosa de locos que nadie puede entender); la vía ferroviaria partiendo la ciudad en dos por un capricho real (del rey); y la destrucción del patrimonio de la ciudad que se decidía de la forma más estúpida posible y nadie era capaz de detener.

Lo que cuentan Schuiten y Peeters es la historia de una enfermedad provocada por el progreso y el regreso de los personajes a la normalidad cuando logran sentir el planeta bajo los pies. Todo lo que parecía que iba a llevar a la ciudad al territorio del progreso se convierte en un verdadero desastre en manos de políticos y profesionales de medio pelo que no saben ni lo que hacen ni lo que tienen que hacer.

Las referencias a Bruselas son clarísimas, pero lo interesante de este tebeo es que vemos una Bruselas que, en realidad, nunca existió, elementos urbanísticos que se asemejan a los reales aunque confluyen con ciudades de todo el mundo (el Palacio de Justicia se llama Palacio de los Tres Poderes tal y como se conoce una plaza de Brasilia).

Este cómic llega a ser aterrador, nos lleva sin remedio al territorio más peligroso del ser humano convertido en una inteligencia empeñada en destrozarlo todo.

Atractivo y muy valioso para todos los que estén interesados en las ciudades como expresión de una humanidad en permanente declive desde la época de las cavernas.

Calificación: Bueno. Perturbador.

Tipo de lectura: Exigente por el detalle y las referencias externas.

Tipo de lector: Arquitectos y amantes del cómic.

Argumento: La evolución de las ciudades es la evolución del ser humano. Y si se pierde la referencia de nuestro planeta como único entorno posible... la cosa se pone imposible.

¿Dónde puede leerse?: En Bruselas, claro. Pero si se queda en casa también sirve.


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