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Cervantes, Sanchica y dos juglaresas de Lavapiés

En España, estamos homenajeando a Miguel de Cervantes Saavedra. Al menos eso dicen. La verdad es que la cosa se está quedando en casi nada. Si Cervantes hubiera nacido en cualquier otro sitio, sus compatriotas estarían recordando al autor como se merece. Por ello, hay que celebrar que llegue al Teatro Español de Madrid ‘Quijote. Femenino. Plural.’; un repaso a las mujeres de El Quijote.

23 abr 2016 / 12:20 h - Actualizado: 18 abr 2016 / 07:59 h.
  • Ainhoa Amestoy (izquierda) y Lidia Navarro (derecha) son dos juglaresas del barrio madrileño de Lavapies. / El Correo
    Ainhoa Amestoy (izquierda) y Lidia Navarro (derecha) son dos juglaresas del barrio madrileño de Lavapies. / El Correo
  • Lidia Navarro se mueve con gracia por el escenario. / El Correo
    Lidia Navarro se mueve con gracia por el escenario. / El Correo
  • Quijote. Femenino. Plural. es un repaso a los personajes femeninos de El Quijote. / El Correo
    Quijote. Femenino. Plural. es un repaso a los personajes femeninos de El Quijote. / El Correo

Es difícil pensar en Miguel de Cervantes Saavedra sin hacerlo, al mismo tiempo, en El Quijote. Tan extraño como referirse al Hidalgo sin tener presente el motor de sus aventuras. ¿Su locura? No, una mujer. Dulcinea del Toboso. Y, además, como todo el que ha leído la novela sabe, el relato más importante de la literatura universal incluye un buen número de personajes femeninos que hacen que el protagonista evolucione y se dibuje, con más fuerza, cuando aparecen.

Pues bien, las mujeres de El Quijote en todo su esplendor y desde todas las perspectivas posibles, son el motor (también) de la obra que se ha presentado en el Teatro Español de Madrid y que podrá verse hasta el próximo día 1 de mayo. Aunque, si bien la mujer se apodera del escenario; es ese manto de ensueño, de realidad distorsionada que acompaña al Hidalgo durante sus aventuras; ese afán por convertir el deseo en algo cierto; lo que ordena ‘Quijote. Femenino. Plural’.

El texto de Ainhoa Amestoy va adquiriendo profundidad desde muy pronto. Tras la presentación de las dos juglaresas modernas que serán las narradoras y prestarán su voz al resto de personajes, irán llegando a escena las diversas mujeres que tienen relevancia en la novela de Cervantes para ser encarnadas por las dos actrices que se encuentran sobre las tablas. Todo se cuenta desde un punto de vista muy especial que no es otro que el de Sanchica. Ella emprende camino para ver qué es lo que hace su padre y así poderlo contar.

Dorotea, Marcela... Irán apareciendo para mostrar su mundo y su forma de encarar la realidad que se pliega ante su presencia. Cada una de las mujeres estará representada por una muñeca diseñada por Andrea D’Odorico y acompañada de una música que colorea su personalidad. Mientras, las juglaresas del barrio de Lavapiés, van prestando su voz a cada una de esas mujeres que configuran el universo femenino creado por Cervantes.

Esas juglaresas son la propia Ainhoa Amestoy y Lidia Navarro, dos buenas actrices que logran resolver sin dificultades la propuesta interpretativa de Pedro Víllora, el director. Con apenas nada en el escenario, llenan el espacio con una planificación interesante y eficaz.

Lidia Navarro se mueve con gracia y logra que las zonas más divertidas de la función aparezcan con fluidez, logra que las más expresivas se construyan sin dificultad alguna. El lenguaje corporal de esta actriz está muy bien desarrollado. Por su parte, Ainhoa Amestoy se apoya más en el propio texto para defender su personaje. Arriesga menos en su papel.

Bien la iluminación, bien el vestuario, bien la elección de la música y bien la letra de la canción de Fanny Rubio que habla de Dulcinea del Toboso.

La única pega que podemos encontrar es esa utilización de las muñecas que representan a las mujeres que van utilizando las actrices-juglaresas. Se hace algo empalagoso y adquieren una importancia excesiva en el conjunto de la representación. En realidad no aportan gran cosa. Sin ellas la función podría realizarse igual de bien. No es que sean un estorbo, pero despiertan alguna duda cuando avanza la obra y resulta que su presencia es más estética que otra cosa.

Hay que celebrar que, dentro de lo poco y mal que se está homenajeando a Cervantes, tengamos la oportunidad de disfrutar de este tipo de alternativas con las que pasar un buen rato y con las que lograr que el público se acerque a la obra de Cervantes sobre un vehículo más que atractivo.


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