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‘Chacal’: Los asesinos son trabajadores impecables

Fred Zinnemann trazó el principio de un camino para que se hiciera una clase de cine que ahora se conoce como ‘thriller’. En 1973 se estrenaba ‘Chacal’ un trabajo que ha resistido el paso del tiempo sin dificultad alguna. La cinta de Zinnemann es uno de los paradigmas cinematográficos del siglo XX. Fascinante relato que indaga en la estética y en la ética del asesinato

09 sep 2017 / 08:55 h - Actualizado: 07 sep 2017 / 00:40 h.
  • Edward Fox interpreta el papel protagonista en ‘Chacal’. / El Correo
    Edward Fox interpreta el papel protagonista en ‘Chacal’. / El Correo
  • Lo que se cuenta en ‘Chacal’ no tiene nada que ver con la realidad. Es pura ficción. / El Correo
    Lo que se cuenta en ‘Chacal’ no tiene nada que ver con la realidad. Es pura ficción. / El Correo
  • El papel de Michael Lonsdale, aunque importante, no permite un lucimiento pleno. / El Correo
    El papel de Michael Lonsdale, aunque importante, no permite un lucimiento pleno. / El Correo
  • Fox logra un trabajo extraordinario en ‘Chacal’. / El Correo
    Fox logra un trabajo extraordinario en ‘Chacal’. / El Correo
  • Una escena de ‘Chacal’ en la que el personaje protagonista se reúne con miembros del OAS. / El Correo
    Una escena de ‘Chacal’ en la que el personaje protagonista se reúne con miembros del OAS. / El Correo
  • La profesionalidad de las personas es uno de los asuntos que Zinnemann trata en Chacal. / El Correo
    La profesionalidad de las personas es uno de los asuntos que Zinnemann trata en Chacal. / El Correo
  • Cartel de la película. / El Correo
    Cartel de la película. / El Correo

Una de las pruebas más duras y definitivas que ha de superar una película de cine es el paso del tiempo. No son pocas cintas las que se consideraron casi obras de arte y a los pocos años no resistieron el embate de cada segundo transcurrido.

Es curioso que en una película en el que el paso del tiempo es pieza fundamental de la trama (los relojes que aparecen en la pantalla son numerosísimos), éste no haya conseguido hacer mella en el trabajo. Chacal (The Day of the Jackal, 1973) es una película que firmó Fred Zinnemann y que ha resistido hasta nuestros días sin dificultades. El efecto que causaba el año de su estreno es el mismo que puede causar hoy. Una película estupenda que es adaptación de la novela homónima de Frederick Forsyth. Kenneth Ross lograba una guion más que correcto en el que nada parece sobrar o faltar. Sólo el final se precipita más de la cuenta y deja algunas dudas en el espectador. Pero el conjunto es solvente, minucioso y robusto. Igual que el personaje protagonista, del que no llegamos a saber nada salvo lo que sucede en la pantalla.

Charles de Gaulle permitió la independencia de Argelia el año 1962. Y algunos militares pensaron que muchos habían muerto peleando por la causa como para que alguien hiciera semejante cosa. Se fundó el OAS (Organisation de l’Armée Secrète) con el fin de acabar con la vida del general De Gaulle. Con estos mimbres se arma el relato que nos cuenta Frederick Forsyth en su novela y Fred Zinnemann en su película. Pero la acción es pura ficción. Nada de lo que se narra forma parte de la realidad.

Zinnemann se toma su tiempo para contarnos lo que le interesa. Entre otras cosas porque no quiere saber nada en absoluto del artificio, del giro narrativo espectacular o de la situación política de Francia. No, lo que Zinnemann quiere es que veamos cómo alguien que hace su trabajo con profesionalidad puede ser fascinante y nos puede llegar a deslumbrar. El asesino a sueldo que se hace llamar Chacal es un trabajador perfecto y, lógicamente, una persona que representa esa parte de la condición humana que nos hace ser lo que somos en cualquier ámbito. Como es un asesino muy bien pagado y un profesional de gran nivel, no deja nada a la improvisación, es frío hasta dar miedo y tiene todo calculado al milímetro. Si la película hubiera elegido a cualquier líder mundial nos gustaría del mismo modo porque todo lo que rodea al asesino es accesorio y se convierte en un vehículo narrativo y poco más.

La cámara de Zinnemann se mueve con elegancia y busca el registro del cine documental para encontrar credibilidad. Incluso utiliza material de archivo para que el conjunto nos haga pensar en un trabajo tan minucioso como el del personaje protagonista. La carga descriptiva tiene un peso abrumador en toda la cinta salvo al final en el que, como ya se ha dicho, la acción adquiere una velocidad excesiva que contrasta con el resto de la cinta. Al mismo tiempo, los casi ocho minutos del tramo final en el que nos muestran la parada militar son geniales. Ni una palabra, nada de música excepto la de las bandas militares y una tensión narrativa que deja pegado a la butaca. Y todo esto es gracias, también, al excelente montaje de Ralph Kemplen que alterna la preparación del atentado con la investigación policial.

Hay quien quiere ver en Chacal el primer thriller de la historia aunque esto es exagerado. Fritz Lang, desde luego, no estaría de acuerdo y cualquier amante del cine sabe que no es así. Lo que si es cierto es que la película de Zinnemann trazó el camino para todos los cineastas que decidieron hacer este tipo de películas.

Edward Fox encarna al personaje protagonista, a Chacal. Su trabajo es magnífico. Convincente, elegante, contenido. Muy bien dirigido. El realizador luchó para que el actor que interpretase ese papel fuese desconocido para el gran público y acertó de pleno. Y cuidó de él hasta límites insospechados con la cámara en la mano. Por ejemplo, los asesinatos que va cometiendo para poder preparar su plan no entran en el territorio de lo sanguinolento e incluso se producen off screen. La humanidad de un asesino casa mal con lo extremadamente violento y el director lo sabía muy bien. Michael Lonsdale cumple más que bien en su papel de inspector encargado de la investigación, pero no puede llegar al nivel de Fox. Su personaje tampoco da más de sí.

Chacal es una de esas películas que no pueden dejar de verse.


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