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«Editamos más con el sentimiento que con la razón»

Cage, Satie, Beckett, Bresson y Thoreau son algunos de los autores publicados por Árdora, una pequeña y veterana editorial que cuida especialmente el ámbito de las vanguardias sonoras

17 mar 2017 / 13:12 h - Actualizado: 17 mar 2017 / 13:13 h.
  • «Editamos más con el sentimiento que con la razón»

Sus libros son reconocibles por cualquier bibliófilo. Se puede tener la sensación de que Árdora (responsabilidad de José María Parreño, Tono Areán y Carmen Gutiérrez) siempre ha estado ahí, en los más exquisitos estantes de las librerías. Casi 30 años avalan la trayectoria de una pequeña editorial cuyo más reciente título, con el que inauguran diseño y colección, se llama Conferencias sobre arte sonoro, de José Igés. Toda una declaración de intenciones sobre su atención y fidelidad a la contemporaneidad.

Árdora no es una editorial normal...

–No, porque la formamos 50 amigos. La fundamos hace 26 años por amor a los libros. Nos juntamos gente de procedencias diversas –poetas, arquitectos, periodistas, azafatas de vuelo...– y creamos una sociedad limitada. Nuesto primer libro fue Sólo se vive una vez; sobre la movida madrileña; pensamos que venderíamos muchos y apenas hicimos caja con él.

–50 amigos dispuestos a no ver un solo euro con su empresa literaria.

–Esa es la razón de nuestra larga pervivencia. Ni los editores ni los socios cobramos; y todos los beneficios se reinvierten en sacar nuevos libros.

–¿Cuál es vuestra línea editorial? No parece fácil determinarla.

–Editamos más con los sentimientos que con la razón. Más que de línea editorial, hablaremos de sensibilidad. Los libros van creando un mapa, una urdimbre; se añaden con simpatía, y unos encajan con otros. Como nuestra colección dedicada al arte sonoro, con el nuevo libro de Iges, pero también con El placer de la escucha, de Llorenç Barber y Vanguardia y vanguardismos ante el siglo XXI, de Fernando Millán, entre otros mas.

–Y con esa obra clave de la música contemporánea que es Silencio, de John Cage, también publicada...

–Sí. Ese es un libro fundamental también para nosotros como editorial. Tardamos diez años en alumbrarlo porque los derechos de traducción los tenía una editorial que había quebrado. Por su particularidad –sangrados diferentes, variaciones tipográficas– nos costó sacarlo adelante; pero es un libro que se vende constantemente. Es lo que tiene el tirón de los grandes nombres, también nos pasa con los que hemos publicado de cineastas como Eric Rohmer y Robert Bresson, o el del compositor Erik Satie, o el del filósofo Henry Thoreau.

–¿Algún pinchazo importante?

–Tenemos una recopilación de críticas de arte que son maravillosas, recogidas en el volumen Como escribir de pintura sin que se note, de Quico Rivas, que se vendió muy poco. También nos llamó la atención el escaso tirón de un libro importante como el estudio sobre los textos de Heráclito que hicieron José Luis Gallero y Carlos Eugenio López.

–Aunque vuestro ritmo de publicación es lento. ¿Qué será lo próximo?

–Está a punto de salir un libro que nos hace muchísima ilusión. Se trata del libreto de la ópera futurista rusa Victoria sobre el sol, una obra que se estrenó en San Petersburgo en 1913 con textos de Alekséi Kruchónyj, que utilizó el idioma ruso y otro inventado; y que contó con una escenografía de Kazimir Malévich. Es una obra de la vanguardia muy desconocida y que vamos a editar en formato bilingüe, en castellano y en cirílico en las páginas impares. Convivirá en nuestro catálogo con un libro tan diferente como 100 coplas por soleá, de José María Rubio. Así es Árdora.


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