miércoles, 22 mayo 2019
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«El chico que se comió el universo»

Trent Dalton se estrena con una novela muy entretenida que puede gustar a un amplio espectro de lectores. Una trama potente acompañada de una carga lírica; algo escasa, pero de gran potencia; forman un conjunto muy atractivo

14 may 2019 / 00:00 h - Actualizado: 14 may 2019 / 00:14 h.
  • Trent Dalton. / www.abc.net.au
    Trent Dalton. / www.abc.net.au

Los autores que se animan con una primera novela suelen querer contarlo todo. Lo necesario, lo irrelevante, pura información, detalles más cosméticos que imprescindibles... Y todo ello se traduce en un número de páginas excesivo. Por otra parte, suelen centrar sus esfuerzos en lo que se dice sin llegar a comprender que la literatura se encuentra en lo que se no se dice. Por si esto fuera poco, los autores debutantes piensan más en vender libros que en hacer literatura y se terminan postrando ante el cetro de los porcentajes. Sirva esto como ejemplo.

En fin, la primera novela es siempre complicada. Sin embargo, de vez en cuando suceden cosas inexplicables que niegan todo lo anterior. Un buen día cae en tus manos un libro que firma un desconocido; abres el ejemplar por cualquier página, lees unas líneas y levantas la ceja; algo llama tu atención y te hace ir a la página número uno para comenzar la lectura de la novela.

El chico que se comió el universo es una muy buena novela. Es verdad que la construcción de la voz narrativa no es exacta y que, a lo largo del relato, ese punto de vista rechina más de una vez; es verdad que la economía al narrar no se aplica en algunos territorios y no parece que sea una de las habilidades del autor, Trent Dalton. Pero todas las pegas que se pueden encontrar en la novela son tan verdad como que el lector necesita, irremediablemente, acompañar al personaje principal, Eli Bell, para saber y comprender. La novela invita a seguir adelante de la mano de los personajes para saber qué demonios ocurre y cómo van a lograr salir de las situaciones que se plantean.

«El chico que se comió el universo»
Portada de ‘El chico que se comió el universo’. El Correo

La literatura de Dalton es dinámica y asequible, es capaz de construir el discurso con un vocabulario que el lector medio conoce y domina; Dalton sabe dosificar la información y las zonas de intensidad expresiva. El chico que se comió el universo es un relato muy visual, muy agradable.

Eli Bell vive en el lado difícil de la realidad. Es el año 1985, está en Brisbane; su madre es drogadicta, su hermano no habla y solo escribe palabras en el aire; el novio de su madre trafica con heroína; los niños del barrio en el que vive Eli son delincuentes en potencia. Eli quiere ser periodista para contar sucesos y tiene una capacidad abrumadora para observar e interpretar. El universo de Eli es un desastre. Pero todo puede ir a peor o a mucho peor. También descubriremos a Eli con su mejor amigo, un hombre que ha pasado su vida en la cárcel y escapando de vez en cuando; descubriremos cómo Eli reduce el mundo a detalles, cómo es la chica de sus sueños, cómo es capaz de percibir el amor por su madre en una mirada... La trama que nos ofrece Dalton es divertida y radiografía una sociedad dura, hostil y expuesta a todo tipo de desastres.

El chico que se comió el universo es un relato muy agradable en conjunto, pero no puedo dejar de señalar una lírica que escasea aunque aparece con fuerza, son partes breves aunque intensas, son lo mejor de la novela. Esa carga expresiva se arrima siempre al lado de August, hermano de Eli, un personaje fundamental en la narración.

El chico que se comió el universo gustará a muchos y se puede convertir en un best seller. Solo falta que los lectores den una oportunidad a este libro editado por HarperCollins.

Calificación: Buena.

Tipo de lectura: Fácil, envolvente.

Tipo de lector: Todo aquel que busca en la lectura un momento de disfrute.

Argumento: La perseverancia convierte el universo en una máquina de sueños realizables.

¿Dónde puede leerse?: Cerca de una ruta de escape.


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