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El círculo se cierra

Se acabó el Festival Internacional de Jazz de Madrid. Una organización estupenda, unos conciertos que han sido un lujo para los aficionados madrileños y para todos los que han llegado desde las diferentes provincias buscando música de calidad. Esta última semana estaba reservada para Niño Josele, Marta Sánchez Quintet y Javier Colina junto a Jerry González. Un final que cerraba el círculo perfecto.

03 dic 2016 / 12:36 h - Actualizado: 01 dic 2016 / 22:21 h.
  • NIño Josele. / El Correo
    NIño Josele. / El Correo
  • Javier Colina. / © Igor Cortadellas
    Javier Colina. / © Igor Cortadellas
  • Marta Sánchez. / El Correo
    Marta Sánchez. / El Correo
  • Marta Sánchez Quintet (De izquierda a derecha: Marta Sánchez, Caleb Curtis, Reinier Elizarde y Ariel Brínguez. / El Correo
    Marta Sánchez Quintet (De izquierda a derecha: Marta Sánchez, Caleb Curtis, Reinier Elizarde y Ariel Brínguez. / El Correo

Semana lluviosa y fría en Madrid. Sin embargo, dentro del Teatro Fernán Gómez y del Auditorio del Conde Duque pasaban cosas al margen de lo que iba sucediendo en la ciudad. Los que han tenido la suerte de asistir a estos últimos conciertos del Festival Internacional de Jazz de Madrid saben que los conciertos de jazz jamás se vuelven a repetir, un solo sobre el escenario es único, un concierto de jazz es exclusivo. Y estos tres días han sido especialmente brillantes.

Niño Josele Quartet

Poner del revés la platea de un teatro no es fácil. Con una guitarra entre las manos es todavía más complicado porque en España sabemos algo sobre ese instrumento, sobre lo que puede dar de sí, y hemos tenido el privilegio de poder escuchar, por ejemplo, a Paco de Lucía. Sin embargo, Juan José Heredia Heredia, Niño Josele, se hizo con los mandos en el Teatro Fernán Gómez de Madrid cuando habían sonado media docena de acordes. Es tal el dominio de este músico sobre su instrumento que lo difícil parece fácil.

Niño Josele hace flamenco. Y cuando hace jazz es el flamenco el que ordena su música. Algo normal y esperado. Sin embargo, el matrimonio entre los dos tipos de música se convierte en algo único y de una belleza apabullante. Lógicamente, ayuda que Niño Josele domine la guitarra como solo unos pocos pueden hacerlo.

Arrancó, solo sobre el escenario, con un tema en el que su virtuosismo quedó patente. Niño Josele es capaz de convertir algo grande en un monumento. Camino de Lucía era el tema con el que se presentaba frente al público de Madrid que se entregaba sin reservas. Ya con el percusionista Jonatán Cortes acompañándole, se arrancó con una bulería preciosa. Y llegaba el turno del jazz en plenitud. Un par de temas de Chick Corea; Touchstone Procession, Ceremony y Yellow Nimbus; otro de Victor Young que elevó hasta la estratosfera Bill Evans, My foolish Heart; intercalando un tema propio titulado Ziryab. Una maravilla. Para terminar, Niño Josele se arrancó con una rumba compuesta por el mismo y dedicada a su tierra natal, Cabo de Gata.

Acompañaban al guitarrista, además de Jonatán Cortés, el bajista José Julián Heredia que acumulaba un número de notas extraordinario en sus solos (tal vez excesivas) y el pianista José Heredia Sánchez. Jovencísimo. Sería injusto decir que es un mal pianista porque no lo es. Pero es excesivamente joven y le queda un largo recorrido en el mundo de la música. Tiene talento y lo sabrá aprovechar, sin duda. Pero tiene que madurar. La tendencia a improvisar utilizando registros muy, muy, parecidos o casi idénticos es algo que tendrá que corregir. En cualquier caso, hace su trabajo y lo hace bien. Lo que falta es que su música explote. Y lo hará con el tiempo. Es hijo de Niño Josele.

Gracias a Niño Josele, el público comprobó, si no lo había hecho ya, que el matrimonio entre jazz y flamenco es algo inigualable. No hay nada que se le parezca.

Marta Sánchez Quintet

En el escenario del Conde Duque, Marta Sánchez centro los esfuerzos en su música sin grabar, nueva y de una calidad exquisita. Solo Partenika (menudo comienzo de tema con un solo del contrabajista), tema que da nombre a su último álbum, ya sonaba de antes; y el conjunto resultó más que atractivo.

La estructura de los temas, en general, estaba muy bien definida. La base rítmica hacía lo que tenía que hacer sin equivocar una sola nota, la base melódica se dibujaba desde los saxos alto y tenor que arrancaban acompañando al piano y, ya en ese territorio labrado con una armonía luminosa, se iba construyendo el tema a base de improvisación y de un diálogo exigente con los músicos y cercano, íntimo y sugerente, con el público.

Magnífico el tema Danza imposible y a la misma altura El girasol (bebop, bebop, bebop). Exquisitamente perturbadores Scillar y Flesh. Aunque hay que decir que todo lo que se pudo escuchar era de una solvencia envidiable. Interesantísima la búsqueda de códigos con los que fundir los diferentes tipos de lenguajes artísticos.

Dicen que los músicos arrancan notas de sus instrumentos para conseguir hacer música, que el esfuerzo es, a veces, extravagante para conseguirlo. En el caso de esta banda, la sensación es que son los instrumentos los que arrancan las notas de sus cinco componentes, que esas notas que Marta Sánchez ha repartido antes de comenzar esperan impacientes su turno y son llamadas para que se dejen escuchar. Porque estos músicos tocan sus instrumentos construyendo universos completos. En concreto, Marta Sánchez interpreta cada pieza arriesgando lo que es, dejando que conozcamos cómo es capaz de entender la realidad, cómo reflexiona sobre cada milímetro del entorno. Keith Jarrett o McCoy Tyner, entre otros, se esconden tras sus composiciones. Un privilegio escuchar su música.

Caleb Curtis (saxo alto) fantástico al improvisar. Lo mismo se puede decir de Ariel Brínguez (saxo tenor). El baterista Andrés Litwin armó la base rítmica junto a Reinier Elizarde (contrabajo) con gusto y seguridad absoluta. Elizarde logró un solo magnífico. Seguramente el mejor que se ha escuchado durante todo este Festival Internacional de Jazz de Madrid. Cómo sería que tuvo que afinar el instrumento al finalizar el tema. Pego un palizón al contrabajo difícil de olvidar y, lo mejor, haciendo jazz del auténtico, lleno de swing, arrastrando los sonidos que definen esta música como libertad absoluta.

No es extraño que Marta Sánchez esté haciendo mucho ruido en el circuito. Y mucho tienen que cambiar sus formas para que en unos años esté triunfando en el mundo entero.

Javier Colina

El Festival se clausuraba con la música de Javier Colina que facturaba el concierto con dos formatos distintos. Comenzaba con el guitarrista Josemi Carmona y con Bandolero en la percusión. Se arrancaban por alegrías con el tema Morente Habichuela. Y el duende que tanto se arrima a los instrumentos cuando es flamenco lo que suena se quedó haciendo compañía a los músicos. Una excelente versión de Historia de un amor (Carlos Eleta Almarán), otra de El incomprendido (Ismael Rivera); distintos palos flamencos (entre ellos la farruca) y Colina con el acordeón en las manos en uno de los temas. Mereció la pena el concierto solo por todo esto. Pero la cosa no quedaba así.

Carmona y Bandolero se retiraban y dejaban al contrabajista junto a Ariel Brínguez al saxo tenor (repetía dos días seguidos puesto que ya estuvo con Marta Sánchez), Pablo Gutierrez al piano, Moises Porro en la percusión y Daniel García en la batería. Y aquello se convirtió en una especie de jam sesión de la que difícilmente se podía escapar. Epistrophy (Thelonious Mok) sonó grande, auténtica. Y, por si era poco, apareció Jerry González con sus instrumentos para poner el colofón final. Si hay que elegir, Soy Califa de Dexter Gordon fue lo mejor de esta segunda parte del concierto.

La mala noticia es que el Festival Internacional de Jazz de Madrid se acabó. La buena es que; dadas las circunstancias, dado que se ha consolidado con una fuerza incontestable; pasado un año volveremos a disfrutar del buen jazz, de los espacios alternativos que la organización ha utilizado para presentar la música en diferentes formatos.

Pasará pronto. Y allí nos veremos.


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