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‘El grito’: Lo fantástico, la locura y la razón

05 jun 2018 / 09:19 h - Actualizado: 29 may 2018 / 23:46 h.
  • Alan Bates destaca con su interpretación. / El Correo
    Alan Bates destaca con su interpretación. / El Correo
  • Un partido de criquet sirve como escenario para el arranque de ‘El grito’. / El Correo
    Un partido de criquet sirve como escenario para el arranque de ‘El grito’. / El Correo
  • Susannah York está espléndida durante toda la película. / El Correo
    Susannah York está espléndida durante toda la película. / El Correo
  • Cartel de ‘El grito’. / El Correo
    Cartel de ‘El grito’. / El Correo

El criquet es un deporte desconocido en España. Son poquísimas las personas que lo practican en nuestro país y, casi todas, son británicas afincadas aquí. Los sevillanos o los abulenses no parecen llamados a practicar este deporte

El criquet es parecido al baseball. Un bate, una pelota, once contra once y el objetivo de hacer carreras y no ser eliminado. Ya se practicaba en el siglo XVI en el Reino Unido. Fue deporte olímpico en 1900, en los Juegos Olímpicos de París. Nunca más lo fue.

Y sirvió como arranque para que Robert Graves desarrollase la trama de su relato El grito. Más tarde, en 1978, Jerzy Skolimowski adapto el texto y lo convirtió en una inquietante y sorprendente película. Es decir, ni la película ni el relato hablan sobre el criquet, pero es la excusa para contar otras cosas.

El relato de Graves tiene como principal característica el clima imponente que logra crear. Utiliza narradores apoyados para que al leer la zona central del texto ya estemos entregados emocionalmente a una situación extraña, desconocida, situada entre lo racional y la locura, entre la realidad y lo fantástico. Graves no cuida de forma especial el estilo o los detalles formales. Sin embargo apuesta por un fondo que invita al lector a visitar una zona casi siempre prohibida que es mágica, oscura, imposible de comprender. Y Graves es honesto cuando deja un final para que los buenos lectores entiendan qué ha estado ocurriendo.

La película de Jerzy Skolimowski se ajusta mucho al texto original. Cambia algunas cosas que, finalmente, no tienen demasiada importancia. La personaje principal es morena y menuda en el relato; rubia, alta y desgarbada, en la película. Cosas de este tipo.

La película obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y fue finalista a la Palma de Oro al Mejor Director. Aunque ha envejecido mal. Los más jóvenes suelen mirar la pantalla con la ceja levantada. Sin embargo, la película es un buen trabajo. De forma pausada va entregando piezas de un puzle que resulta ser una maravilla cuando se puede contemplar con tranquilidad.

Los enfermos de un hospital psiquiátrico asisten a un partido de criquet que se juega en los jardines del establecimiento. Algunos enfermos forman parte de los equipos. Algunos profesionales también. Los vecinos de la zona los completan. Alguien invitado por el director del centro va a encargarse del tanteo y lo hará junto a un enfermo especialmente inteligente: Crossley. Este hombre dice poder gritar y matar a todos los que le rodean. Narra cómo logró el poder y cómo es capaz de utilizarlo. El final se reserva para una situación desconcertante y, al mismo tiempo, clarificadora. La razón intenta colocar cada cosa en su sitio. Este sería muy por encima el argumento. Decir cualquier otra cosa supone desvelar aspectos de la trama que resultan fundamentales y debe descubrir el espectador por su cuenta.

La dirección de Jerzy Skolimowski es espléndida. Logra que los actores estén a una altura francamente importante, busca el sentido total en cada escena, el simbolismo aparece casi sin descanso.

Alan Bates destaca con su interpretación. Resulta una amenaza en la pantalla. Susannah York espléndida. Su personaje se llena de sensualidad gracias a su trabajo. John Hurt cumple a la perfección con lo que requiere de él su personaje.

El montaje se ajusta bastante a la estructura narrativa del relato de Robert Graves. Intenta efectos que en literatura van bien, pero que en el cine no funcionan del mismo modo. Tal vez este sea el detalle que peor habla del conjunto.

Conviene leer el relato antes de leer la película. Se entiende todo mucho mejor puesto que Graves está más alejado del símbolo que Jerzy Skolimowski. Si se hace al contrario, si se ve la película antes de leer el relato, la cosa funciona, pero la película puede hacerse algo más pesada por incomprensible.

Y los del criquet, pues eso, sigue siendo igual de desconocido al final de la película. Esta película no es un manual sobre ese deporte. Pero si lo es sobre el relato fantástico y los ingredientes imprescindibles con los que hay que contar.


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