sábado, 15 diciembre 2018
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El hábito o la excelencia

Avishai Cohen puede presumir de contar con el apoyo de un público joven que disfruta mucho con lo que les entrega. De eso y de hacer un jazz muy correcto. Solo correcto porque los fans no hacen mejor a un músico. JAZZMADRID 18 roza su ecuador

15 nov 2018 / 23:26 h - Actualizado: 15 nov 2018 / 23:53 h.
  • Avishai Cohen. / Fotografías cortesía de JazzMadrid 2018
    Avishai Cohen. / Fotografías cortesía de JazzMadrid 2018

Cuando una ciudad suena distinta, el caminar crece a otro ritmo. Madrid suena a jazz desde hace unos días y acercarse a los centros neurálgicos de JazzMadrid 18 se convierte en un pase delicioso, al margen del bullicio habitual de la capital. Cada paso una corchea.

Cohen, como la mayor parte de los artistas actuales, parece haber nacido al amparo del mismísimo Aristóteles. El griego decía que ‘la excelencia es un arte ganado a base de entrenamiento y hábito. No actuamos correctamente porque tengamos excelentes virtudes, sino que somos virtuosos porque actuamos correctamente. Somos lo que hacemos repetitivamente. La excelencia, entonces, no es un suceso sino un hábito’. Aristóteles decía estas cosas como cualquiera de nosotros podemos decir ‘arroz, Catalina’. Era un genio.

Cohen toca su trompeta. Lo hace bien. Improvisa bien. Busca y encuentra rincones en las partituras que son valiosos. Algunas veces, no. Casi nunca falla, es constante. Pero tampoco emociona, sus conciertos son algo así como una línea de montaje en el que toda funciona bien y la música sale por el extremo contrario al que hace de comienzo.

El hábito o la excelencia

No son pocos los artistas que a lo largo de la Historia han quitado la razón al filósofo griego. Y en la música jazz encontramos un buen puñado. Cohen no es uno de ellos. Él está abonado a la repetición y al orden. Y el que busca repetición y orden lo que termina encontrando es eso y no otra cosa (eso está muy bien y te puede hacer, incluso, triunfar, pero nunca un gigante puesto que eso está reservado a los talentos descomunales).

Cohen no es un mal músico. Decir otra cosa sería una injusticia. Es capaz de hacer buen jazz, es capaz de hacer funcionar al grupo con la solvencia suficiente (esta vez se presentaba en forma de cuarteto). Los referentes que encontramos en su música trasladan a una tradición robusta e importante. Pero no es un músico que emocione o logre poner los pelos de punta en un momento determinado. No arrebata por más que se busque una expresividad que, sencillamente, no está. Sus limitaciones técnicas (esas sí que están) hacen imposible que Cohen transite el territorio de las emociones con garantías de éxito. No hace nada mal, pero tampoco logra hacer nada inolvidable para el que escucha en el patio de butacas.

Acompañaban a Cohen tres músicos de buen nivel, Barak Mori al contrabajo, Ziv Ravitz en la batería y Yonathan Avishai pilotando frente al piano, un músico que sabe armar la estructura melódica de cada pieza y lo hace bien. Baterista y contrabajista no ceden terreno al construir la base rítmica. Otros que lo hacen todo bien (especialmente el baterista) aunque se diluyen en el territorio de la corrección, sin riesgos.

Todo esto no significa que asistir a un concierto de Avishai Cohen sea una especie de aburrimiento torturador. Eso no es así. Pero tampoco se convertirá en una experiencia extraordinaria.

El jazz seguirá sonando unos días en la ciudad. Y ya saben ustedes, seguiremos caminando con otro ritmo, otra alegría, con el jazz en la punta de los dedos.


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