martes, 13 noviembre 2018
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Música

El jazz y la mecánica cuántica

Mecánica cuántica aplicada a la música jazz. Es la propuesta de Jim Black y Elias Stemeseder en su concierto en JAZZMADRID 2018

09 nov 2018 / 11:50 h - Actualizado: 09 nov 2018 / 12:03 h.
  • Jim Black. / El Correo
    Jim Black. / El Correo
  •  Elias Stemeseder. / El Correo
    Elias Stemeseder. / El Correo
  • Un momento del concierto. / El Correo
    Un momento del concierto. / El Correo

La mecánica cuántica es una disciplina de la física. Resumiendo mucho, mucho, es una forma de describir la naturaleza considerando escalas espaciales extraordinariamente pequeñas. Es algo así como acercar una lupa de enorme potencia buscando que podamos llegar a ver la realidad dividida en sus partes casi esenciales. Aunque parezca que es algo alejado o muy al margen de lo que percibimos cualquiera de nosotros de la realidad, la mecánica cuántica explica los colores o cómo se comporta la luz. Sirva todo esto para entender en qué consiste una parte de la física que pareció enredarse en el jazz que nos entregaban Jim Black y Elias Stemeseder en el concierto programado por JAZZMADRID 2018.

Black y Stemeseder se entregaban desde el principio a la libre improvisación. El pianista (Stemeseder) luchaba con solvencia para mantener una base melódica intacta; el baterista (Black) indagaba en la trastienda de la partitura con sumo cuidado, buscando una razón por la que su percusión apareciera, justificada y con fuerza, explicando todo su trabajo.

Black y Stemeseder (especialmente el segundo) agarran un tema, lo exprimen, lo retuercen, lo hacen trocitos muy pequeños y, finalmente, lo integran en una partitura propia sin despeinarse. El tema de Jerome Kern y Oscar Hammerstein, All The Things You Are, sonaba en el coqueto auditorio de CentroCentro que se ubica en el Palacio de Cibeles, sonaba insertado en uno de los temas que presentaban baterista y pianista, Awkwarder. Nos lo ofrecía (una parte de la pieza) Stemeseder con su piano, para que reconociéramos una armonía concreta, una tonalidad concreta, una melodía amable y reconocible. Y, sin aderezos explícitos, sin explicaciones que pueden matar las intenciones, convirtió la pieza en eso que es y no podemos escuchar porque centramos la atención en el conjunto y no en sus partes. Mecánica cuántica aplicada a la música jazz. El resultado es asombroso, poderoso, ágil y equilibrado. Hay pocas cosas que puedan compararse al descubrimiento musical que supone un concierto cualquiera en el que los músicos deciden descubrir el universo entero (no el musical sino a través del musical) siguiendo los sonidos de sus instrumentos. En esto consistió el concierto.

Si bien es cierto que para alguien que se acerca por primera vez al jazz sería difícil entender este tipo de música, si bien es cierto que no es fácil comprender las intenciones de los músicos para alguien que no tenga el oído habituado, también es cierto que dejarse llevar y tratar de experimentar sensaciones únicas e irrepetibles siempre suponen una recompensa para el que lo intenta.

Otro acierto de la organización la programación de este concierto. Porque el miedo o la reserva, intentar encontrar vías comerciales como única alternativa, no son buenos compañeros de viaje cuando la senda se construye sobre partituras.


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