domingo, 18 noviembre 2018
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Mientras la comunidad internacional mira hacia Cuba, ésta se contempla a sí misma. La cultura se revuelve, intentando marcar un camino incierto -pero firme- en el sueño de una sociedad alternativa que le dé al mundo una nueva lección: la tercera vía. Se traman redes sociales de intereses convergentes, que usan la comunicación digital, cuando se puede, para encontrarse y materializar encuentros. Otros sectores se profesionalizan y avanzan, con tremendo esfuerzo, hacia la excelencia.

03 feb 2018 / 08:53 h - Actualizado: 31 ene 2018 / 09:19 h.
  • Amaury Pacheco ante el Museo de la Disidencia en Cuba. / Augusto F. Prieto
    Amaury Pacheco ante el Museo de la Disidencia en Cuba. / Augusto F. Prieto
  • José Ernesto Alonso y Luis Manuel Otero en Dnasco. / Augusto F. Prieto
    José Ernesto Alonso y Luis Manuel Otero en Dnasco. / Augusto F. Prieto
  • Fotografías de Dani del Pino en Dnasco. / Augusto F. Prieto
    Fotografías de Dani del Pino en Dnasco. / Augusto F. Prieto
  • Imagen de La Habana. / El Correo
    Imagen de La Habana. / El Correo

POESÍA SIN FIN

La última quincena de diciembre retornó, en distintos espacios privados de La Habana, el Festival «Poesía sin fin», organizado por Amaury Pacheco, con la colaboración del colectivo Omni Zona Franca. Se trata de una iniciativa que tuvo continuidad durante 17 años y que se rescata ahora con un afán reivindicativo, que ha abusado de las redes sociales para ponerse en funcionamiento, utilizando varias sedes donde reunir a los interesados en los nuevos lenguajes. Amaury ha pretendido con esta reedición llegar a los más jóvenes, porque los activistas culturales cubanos saben perfectamente que el desencanto está haciendo mella entre las nuevas generaciones, conduciéndolas hacia la banalidad, la irreflexión, y los instintos primarios.

Dentro de un concepto muy abierto, y por lo tanto extrovertido y cercano, cualquier cosa realizada con intención poética pasa a formar parte de un festival convertido en cabaret poético, donde caben la lectura de textos narrativos, periodísticos, o puramente líricos, la performance, la danza, el teatro y la música. Porque la verdadera «poesía sin fin» está en el espíritu de fraternidad, en la realización de una cosa común que convierte cada evento en una celebración. Con medios precarios, pero con el mismo esfuerzo, entrega, y profesionalidad con las que se organiza en Europa un acto de la máxima importancia, los promotores han culminado –o no- diversas iniciativas. El mérito del proyecto trasciende cuanto podemos suponer desde nuestras confortables sociedades. La que se hizo en la casa-galería «El círculo», terminó con la intervención de la Seguridad del Estado y varios asistentes detenidos, antes de estrenar el working progress «Psicosis», de Sarah Kane, dirigido por Adonis Milán.

En la sede del Museo de la Disidencia, en San Isidro, se hizo una función que renueva el edificio en recuperación, infundiendo sabia nueva a una de las zonas emblemáticas de la ciudad vieja, aun hoy abandonada y deprimida.

BANDERAS

Aparecen iniciativas expositivas que en nada se diferencian por su calidad de las galerías occidentales. Con el final del año, Tania Hernández León presentaba en su espacio de arte en Espada y San Lázaro una selección de los artistas que han desfilado por la galería durante 2017. Tania promueve tanto a talentos que no tienen acceso a los canales oficiales de exhibición, como a otros que han desarrollado sus carreras fuera de la ortodoxia académica. Lo hace con la voluntad de modificar la visión sobre el coleccionismo que aún tiene esa incipiente clase social que comienza a disponer de recursos para comprar arte, también para ofrecer a los extranjeros una selección, pero sobre todo con la idea de crear un punto de encuentro donde se sigan con rigor y mirada crítica la trayectoria del Arte en Cuba. DNasco se consolida después de un año y medio de recorrido como uno de los centros más destacados del panorama habanero.

Los creadores utilizan la ironía como subversión y muchas veces son los propios títulos los que cargan de significado las obras. Así sucede con «El órgano oficial», de Javier Bobadilla, que es la sombra de una enorme erección, a la que acompañan dos desnudos, «Nuevo lineamiento», y «El miembro del partido».

Dani del Pino ha rastreado la memoria prerrevolucionaria en edificios públicos y privados, lugares que cambiaron de uso, letreros que se cubrieron o se repintaron, emblemas del capitalismo que ahora, curiosamente, vuelven a salir a la luz a causa de la falta de mantenimiento, de los fenómenos atmosféricos, de la desidia. Es por lo tanto la memoria recuperada, pero también la amenaza latente que nunca ha dejado de estar ahí. «Érase una vez» tiene la voluntad de convertirse en un libro.

También el debate de género está vivo, lo provoca Gabriela Reina copiando obras de reconocidos artistas varones sobre materiales asociados a la intimidad femenina, como las toallitas húmedas, «Cosas de hembra».

Durante los nueve días que duró el duelo por la muerte de Fidel Castro, José Ernesto Alonso Fernández, recorrió La Habana documentando qué países habían puesto las banderas a media asta, y cuales otros -por el contrario- las mantenían izadas. La serie fotográfica titulada «Cuba, 26 de noviembre – 5 de diciembre de 2016» es por lo tanto el resultado de una investigación, de un trabajo de campo. Su contemplación produce una tormenta de ideas en torno a los símbolos y su manipulación, a los procesos de toma de decisiones que encadenan a los gobiernos con sus agentes diplomáticos, y a estos con los territorios en los que se acreditan. Nos preguntamos quien tomó la iniciativa y que consultas se hicieron. Que incertidumbres -o tácticas- esconden esos colores al viento. Es cierto que la mayor parte de los países señalaron el luto, suponemos que como muestra de respeto ¿al pueblo cubano?, sabemos que otros no lo podían hacer, como los Estados Unidos, renovados en su enfrentamiento por el nuevo presidente. Pero la Grecia de Alexis Tsipras también hizo oídos sordos y mantuvo el pabellón en alto, aunque más revelador es el cinismo de otras naciones como Noruega –muy activa sin embargo en la promoción de su cultura liberal, y en el patrocinio de los medios artísticos- que directamente la quitaron, para no tener que dar explicaciones, como hizo Haití.

José Ernesto, que es graduado en ingeniería electrónica, y profesor en la universidad, compagina su actividad profesional con la reflexión artística, formándose continuamente, y colaborando en esa lucha por una nueva identidad social que pretenden los jóvenes creadores cubanos.

Observen la bandera de España, a media asta, en nuestra legación diplomática, ubicada en el lugar más visible de la ciudad, de luto por la muerte de Fidel Castro ¿Opinan?


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