lunes, 16 octubre 2017
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Esas malditas manzanas

La manzana ha servido como metáfora del deseo, del pecado y, de paso, ha sido causante de grandes dramas mitológicos. Adán y Eva tropezaron por todos nosotros al principio de esta historia que llamamos existencia. Los dioses griegos repartieron manzanas para que los agraciados con el premio terminaran regular. Sirvieron para escapar a otros. Y dejaron un recuerdo, entre inolvidable y tenebroso, en los niños de todo el mundo. Dichosas manzanas.

16 sep 2017 / 08:45 h - Actualizado: 11 sep 2017 / 22:25 h.
  • ‘El Juicio de Paris’, de Rubens. Museo del Prado. / El Correo
    ‘El Juicio de Paris’, de Rubens. Museo del Prado. / El Correo
  • Atalanta, Louvre. / El Correo
    Atalanta, Louvre. / El Correo
  • Heracles. / El Correo
    Heracles. / El Correo
  • ‘Adán y Eva’ de Lucas Cranach. El Correo
    ‘Adán y Eva’ de Lucas Cranach. El Correo

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Ya sé, ya sé que la fruta es estupenda y que es una de las más elogiadas por doctores, nutricionistas y cualquiera que tenga dos dedos de frente. Sin embargo ya desde la antigüedad se introdujo este fruto como posible causa de desdicha para los mortales. Sólo tenemos que recurrir a los pobres Adán y Eva, que comieron el fruto del «Árbol del de la Ciencia del Bien y el Mal» (prohibido) y lograron que fuéramos expulsados del Jardín del Edén. Y, desde entonces, aquí estamos trabajando, sufriendo y acordándonos de la pareja que decidió comer una apetitosa manzana. Y mira que Dios les dijo que podían comer de todo, pero que a ese árbol ni mirarlo, aunque les dio exactamente igual y atendiendo a las sugerencias de una serpiente parlanchina terminaron por romper las normas. Me diréis que soy una irreverente (y posiblemente sea cierto), pero Dios tenía que saber que cuando les dijo de ahí no comáis, iban a ir de cabeza a comerse no una, sino toda la cosecha. A los humanos basta que nos digan que no a algo para que nos parezca lo más atractivo del mundo. Así que, tal vez esta fruta formaba parte de los planes divinos desde el primer momento. Aunque en honor a la verdad, debo decir que el Génesis no dice qué tipo de árbol era el prohibido. Sin embargo históricamente se ha venido representando como un manzano. ¿Por qué? Puede deberse a la expresión latina «lignus scientiae boni et mali» (árbol de la ciencia del bien y del mal), pues la palabra mal en ese idioma se parece bastante al sustantivo latino malum, que era como llamaban a la manzana.

Y no sólo es en el Génesis. La mitología griega también emplea, en varias ocasiones, las manzanas como objeto que termina por traer la desgracia a los mortales: Atalanta o el juicio de Paris, son historias en las que las manzanas doradas tuvieron una importancia decisiva para el devenir de sus protagonistas.

Atalanta no fue una hija deseada, su padre quería sólo hijos varones, así que, decepcionado por su nacimiento, decidió abandonarla a su suerte en el monte Partenio. Afortunadamente la pequeña fue encontrada por una osa con mejores sentimientos y menos prejuicios que su padre. La cuidó y la amamantó durante un tiempo, hasta que unos cazadores dieron con ella y decidieron criarla. Con el tiempo se convirtió en una cazadora y atleta insuperable. Consagró su vida a la diosa Artemisa y pasaba el día cazando y recorriendo los bosques. Se enfrentó a muchos peligros: mató a dos centauros que querían violarla y participó en la cacería del jabalí de Calidón aunque muchos se negaban a participar con ella por ser mujer.

Era fuerte, activa y decía, cuando le preguntaban, que sólo se casaría si encontraba un hombre que la superase. Lo decía porque no había ninguno que aguantase su ritmo y fuerza. Tanto insistían sus pretendientes, que impuso un reto: debían ganarle en una carrera. El que lo consiguiera se casaría con ella, el que no sólo obtendría la muerte a sus manos. Para martirizarlos más, sus contrincantes debían correr desnudos, mientras que ella portaba una armadura de plata y bronce. Las carreras se sucedieron y muchos cayeron a sus manos, hasta que llegó Melanión. Este hombrecito rezó a Afrodita para que le ayudara en el desafío y la diosa le dio (aquí llegan) tres manzanas de oro y le aconsejó que las dejará caer durante la carrera, para que Atalanta se tropezase. Nuestra heroína no se tropezó, pero se detuvo varias veces a admirar las maravillosas manzanas cada vez que caían y así Melanión logró llegar en primer lugar a la meta. Atalanta cumplió su promesa, renunció a la soltería, a la independencia y se casó con él (al parecer fueron felices durante cierto tiempo).

Tampoco salió muy beneficiado Paris en su relación con las manzanas doradas tal y como veréis. Paris (príncipe de Troya y pastor al mismo tiempo) fue invitado a la boda de Peleo y la ninfa Tetis. A esa boda acudieron también todos los dioses del Olimpo. ¿Todos? No, la diosa de la discordia Éride no fue invitada, lo que provocó su enfado y deseo de venganza. Esto es como cuando en la Bella Durmiente no invitan a Maléfica, pero qué queréis que os diga... ¿Invitaríais a la diosa de la discordia a vuestra boda? ¿No tenéis suficiente con amigos maledicentes y familiares criticones? Lo cierto es que Éride no se dio por vencida y acudió al evento. Disimuladamente, dejó caer una manzana dorada y observó desde las alturas. El novio se apresuró a cogerla y vio que la fruta tenía una inscripción que decía «PARA LA MÁS BELLA». Teniendo en cuenta que entre las invitadas se encontraban Afrodita, Hera y Atenea, la decisión era complicada. Afortunadamente (para Peleo) Zeus decidió que el juez iba a ser Paris, que seguramente no sabía dónde se metía. Las tres diosas querían ser elegidas así que se pusieron en marcha para lograr su objetivo. Hera le prometió poder, Atenea sabiduría y fuerza y Afrodita el amor de la mujer más hermosa del mundo. Ya os imagináis que fue esta última la que se llevó el premio. El príncipe ganó dos enemigas y una aliada que logró hacerlo llegar a Esparta, allí conoció a Helena, la mujer más hermosa del mundo, esposa de Menelao. Se enamoraron y huyeron a Troya juntos. Ya sabéis que gracias a esta relación, todos los reinos griegos se unieron en una guerra contra el reino de Troya, que es una de las historias más conocidas de la antigüedad, origen de múltiples leyendas y que siempre termina con la destrucción del reino y la muerte de Paris y buena parte de sus conciudadanos. ¿Habría sucedido lo mismo si Paris no hubiera tomado la decisión que tomó? ¿Habría sucedido algo si le hubieran dado una patada a la dichosa manzana? Sí, que nos habríamos quedado sin una deliciosa y trágica historia que contar.

También Heracles (Hércules) se vio involucrado en un asunto relacionado con manzanas, concretamente con el robo de manzanas. En su decimoprimer trabajo, el rey Euristeo (que era un miserable de cuidado) le encargó que le trajera manzanas del jardín de las Hespérides. Esas manzanas eran el alimento que permitía a los dioses mantener su inmortalidad (algo similar sucede en la mitología nórdica) y las Hespérides eran las encargadas de custodiarlo. Aunque Heracles no quería ir a robar algo que pertenecía a los dioses, optó por cumplir con su contrato. Después de vagar largo tiempo buscando el jardín sin éxito, acudió al titán Atlas, padre de las Hespérides, para preguntarle dónde estaba. Atlas era fácil de localizar porque siempre estaba en el mismo sitio, sosteniendo el firmamento para que no cayese. Aunque se resistió a revelar su ubicación, accedió a traerle unas manzanas a condición de que Heracles ocupase su lugar mientras lo hacía. El titán fue a por las manzanas y cuando regresó le dijo al héroe que ni hablar del peluquín, que se iba a entregar las manzanas al rey Euristeo y el trabajo de sujetar el cielo se lo dejaba a él. Pero Heracles no era tan tonto como parecía, pareció conformarse con su destino y pidió una almohada al titán para cargar bien el cielo. Atlas sintió lástima y consintió retomar un momentito su trabajo. Entonces Heracles huyó con las manzanas, sin mirar atrás. Es cierto que en este caso las manzanas no tuvieron un efecto negativo para el protagonista, supongo que habrá que darles un voto de confianza.

Por supuesto no podemos dejar de nombrar la manzana que más desconfianza ha causado en el siglo XX y no me refiero a Apple, sino a la de Blancanieves. Esa manzana hermosa y terrible que envenenó a la protagonista del primer gran largometraje Disney y que para siempre estará en nuestra mente. Al menos en la mía porque fue la primera película que vi en el cine con mi padre allá (en un reestreno) a finales de los setenta.

Si después de esto miráis las manzanas con cierta desconfianza lo entenderé, pero yo voy a comerme una que me está entrando hambre. Si cae una maldición sobre mí ya os enteraréis.


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