jueves, 18 julio 2019
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FIB 2016: El cambio a mejor

Un FIB no es un buen FIB si no abandonas el recinto con nostalgia. Si antes de cruzar la puerta miras atrás y al ver el cabezón astronauta pintado en el suelo sientes una pequeña punzada dentro, es que te has convertido en fiber. Y eso no se va ni con una buena ducha al llegar a casa, ni durmiendo 8 horas por primera vez en cinco días. El que es probablemente nuestro festival más internacional, el FIB de Benicàssim, cerraba una nueva edición ecléctica y diversa como hacía tiempo que no disfrutábamos. Posiblemente una de sus ediciones más equilibradas, sí, pero también una de las más nacionales. No sólo por su fuerte apuesta musical en castellano, también por la igualada asistencia de público español y británico.

23 jul 2016 / 12:59 h - Actualizado: 22 jul 2016 / 08:55 h.
  • Hinds. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Hinds. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Disclosure. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Disclosure. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Band of Skull. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Band of Skull. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Jess Glynne. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Jess Glynne. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Jamie XX. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Jamie XX. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Bloc Party. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Bloc Party. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Major Lazer. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Major Lazer. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Massive Attack. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Massive Attack. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Muse sobre el escenario. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Muse sobre el escenario. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • The 1975. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    The 1975. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • The Vaccines. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    The Vaccines. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Zahara. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Zahara. / Fotografía de Álvaro Reyes López
  • Kendrick Lamar. / Fotografía de Álvaro Reyes López
    Kendrick Lamar. / Fotografía de Álvaro Reyes López

La remodelación a fondo propiciada por Melvin Benn 2015 culminaba el FIB, en su edición 2016, con la mezcla de sus gentes, su oferta musical, una experimentada organización y una enorme capacidad para anteponerse a los problemas que ha dado como resultado una nueva cita en Benicàssim, y ya van veintidós.

Y es que el Festival Internacional de Benicàssim se ha convertido ya en sitio de peregrinación obligado y no teme ni al Brexit, ni a la inestabilidad política, ni al terror, ni a los elementos. En un fin de semana más que complicado en términos de actualidad, el mítico festival ha sabido construir un año más su particular burbuja donde nombres como los inmensos Muse, los inspiradores Massive Attack, el carácter de Kendrick Lamar o los siempre incombustibles Chemical Brothers brillaron como los cabezas de cartel que debían ser. No ocurre así con Major Lazer quien, pese al éxito de convocatoria y la entrega por parte del púbico no supieron superar en lo técnico el enorme reto que les suponía abrir la edición con ese sonido a caballo entre el discotequeo poligonero y la producción musical de alto nivel.

Repasamos las cuatro jornadas de música intensiva vividas en el festival los días 14, 15, 16 y 17 de julio.

JUEVES 14 DE JULIO 2016

El madrileño John Grvy arrancaba la edición número veintidós del Festival Internacional de Benicàssim y lo hacía desde el escenario principal, Las Palmas, aunque respaldado por un escaso público. Lo cierto es que esta primera jornada festivalera prometía mucho menos que en ediciones pasadas, por lo que los otros importantes nombres nacionales que pasaron por ahí, como el de El Guincho, tampoco consiguieron levantar el antiguo escenario Maravillas.

Hasta que eso ocurriese nuestras miradas se centraron en una británica de carácter: Georgia, quien pese a sus dificultades con el sonido en el escenario J&B South Beach Dance logró perfilarse como una de las apuestas más interesantes de la jornada. Desde detrás de la batería y únicamente acompañada por una teclista, la joven apuesta del electro-pop luchaba contra una pésima ecualización de sonido que le llevó a detener uno de los temas a la mitad para retomarlo después con una sonrisa dedicada únicamente al público. Aguantando el tipo, como los grandes.

Para entonces el rapero Skepta ya se franqueaba junto a dos MC’s en Las Palmas para lanzar durante apenas 45 minutos sus temas cargados de furia. El escenario principal volvía a la vida después de un año gracias al rey del grime. Con su su último disco, ‘Konnichiwa’, el británico reventaba la explanada y calentaba el ambiente para el cabeza de cartel de la noche.

Nos hubiese encantado quedarnos a esperar allí durante los 50 minutos que faltaban para ver a Major Lazer, pero un chivatazo corría como la pólvora por todo el recinto. Justo a esa hora comenzaría un concierto secreto tildado de «Por confirmar» hasta el último momento. La expectación dio paso a la decepción rápidamente al descubrir que el grupo que actuaría bajo el pseudónimo de Weers eran las Hinds (en un claro juego de palabras con su anterior nombre, Deers). Las Hinds ofrecían así el primero de sus dos conciertos en el festival, el segundo tendría lugar apenas 20 horas después durante la jornada del viernes. Bajo un marco más garajero ofrecido por Escenario Radio3 FIB CLUB, las chicas del grupo nacional de moda presumieron de descaro y picardía e hicieron y deshicieron como les vino en gana, que para eso era su momento.

Y tras ellas Major Lazer. Da igual lo que corrieras por llegar al escenario principal, la fiesta campaba a sus anchas por todo el recinto. Con una puesta en escena más propia de show de discoteca ubicada a las afueras, el trío estadounidense se dedicó a lanzar sus bailables temas desde una cómoda tarima. El trabajo sucio lo dejaron a sus esforzadas bailarinas. Todo apuntaba a que Diplo, Jillionaire y Walshy Fire estaban por allí, pero el sonido recordaba más a una dj session que a un auténtico concierto a la altura del FIB. Major Lazer no cumplió con el reto de traer un grupo de este corte a un festival como el de Benicàssim y, aunque esto pueda parecer un problema, no lo fue en absoluto. Las miles de personas congregadas no dudaron en entregarse en cada uno de sus sugerentes ritmos, más aún cuando lanzaron la artillería pesada remezclando clásicos del reggaeton como ‘El Taxi’ o ‘La Gasolina’. Lo nunca visto... fácil y sencillo. Seguramente muchos recordarán que estuvieron allí y que lo pasaron bien, pero puede que duden a la hora de decir una cosa buena del concierto.

VIERNES 15 DE JULIO 2016

Si bien el jueves sirvió de calentamiento, quizá a medio gas, la jornada del viernes se caracterizó por pasarse de vueltas. Será porque empezó de la forma más surrealista posible: con la docena de chicas de la banda islandesa de Reykjavíkurdætur con el torso al aire reclamando el derecho de las mujeres a vestir como les dé la gana. Poco después, las Hinds volvían a hacer acto de presencia, aunque esta vez en el infinito escenario Las Palmas. Una fuerte apuesta de bandas de peso nacionales tuvieron que pelear duro con cabezas de cartel internacionales, a saber: El duelo entre La Habitación Roja y Band of Skull, el de Dorian y The Vaccines e Hidrogenesse contra Jamie XX.

La veterana banda valenciana presentaba su último trabajo, ‘Sagrado Corazón’, mientras los de Southampton defendían un directo bien ejecutado. Al fin el rock&roll más clásico y cañero se abría paso por un escenario secundario no falto de fieles seguidores. Los chicos de Dorian tras recordar a las víctimas de Niza, defendieron con uñas y dientes su ‘Diez años y un día’. Mención especial a la apoteósica ‘Tormenta de arena’ final. Hidrogenesse por su parte se dedicaron a hacer lo que mejor se les da: ser ellos mismos. Dedicatoria de ‘Caballos y ponis’ al Brexit incluida.

The Vaccines ofreció lo que se esperaba de ellos, ni una pizca más, ni una de menos. Quizá su setlist hizo aguas relegando toda la traca de hits a la parte final. Una banda como The Vaccines no puede permitirse que el público se sustente a base de temas nuevos difíciles de corear. Menos mal que supieron meterse al público en el bolsillo desde el principio arrancando con la sintonía de Juego de Tronos.

Por su parte, Jamie XX, parapetado tras las mesas de mezclas, ofreció una ligera degustación de su bien valorado álbum ‘In Colour’ y muchos hits legendarios remezclados. A destacar el ‘Yo Got The Love’ de Florence & The Machine. Lo del componente de The XX (ahora en solitario) fue auténtico concierto in crescendo, con la dosis justa de baile dentro de los marcos de la elegancia y el saber hacer. Muy en la línea de la siguiente actuación de la noche: The Chemical Brothers.

Los falsos hermanos británicos, auténticos padres del género, hicieron una demostración de electrónica en estado puro. Apoyados por sugerentes proyecciones y ritmos contundentes, la que es una de las bandas más míticas del FIB supo quemar cada uno de sus cartuchos. Del recién nacido ‘Go’ de su último álbum al indispensable ‘Galvanize’ de hace más de una década. Los Chemical Brothers se intuían entre las sombras para liberar a los monstruos de la noche, y la fiesta.

SÁBADO 16 DE JULIO 2016

A todas luces, el sábado era el día grande de esta edición del FIB. Y si no que se lo digan al medio centenar de personas que aguardaban a las puertas del recinto desde primera hora de la mañana. Entre ellos un uniforme común, el formado por una camiseta con cuatro letras a la altura del pecho: MUSE. Se esperaba una completa avalancha de gente tras agotar entradas por primavera vez en años. Pero el sábado no sólo fue Muse, hubo mucho más. Desde el homenaje que Cápsula hizo a David Bowie versionando algunos de sus temas a la psicodelia colorista de La Femme a primera hora de la tarde. La promesa (cada vez más real) del new wave francés incitó a bailar a los valientes que se arremolinaron junto a ellos en el escenario Visa bajo el sol.

Tan solo una hora después veíamos desfilar por allí a una de nuestras voces más especiales. Zahara ha cultivado una carrera musical orientada indudablemente por el camino correcto, hecho que permite que nadie se preguntara qué hacía una chica pop como ella en las tablas de un festival como éste. Respaldada por un público fiel y fan hasta la médula encontrábamos a dos chicos ataviados con pelucas rubias y atuendos que imitan a la artista en su nuevo videoclip (’Caída Libre’). La jienense dio lo mejor de sí aunque el sonido no la acompañara. Hizo de sí misma un espectáculo meneando su melena rubia con todo el buen gusto del mundo.

Cada acercamiento al escenario Las Palmas era la constatación de que algo gordo estaba a punto de pasar. Por eso la gente no se movía ni un metro al acabar conciertos como los de Walking on Cars o The Coral. ¿Quién estaba dispuesto a arriesgarse a perder su sitio para ver a Muse? A eso de las once de la noche el reto no estaba en elegir entre los siempre interesantes The Kills o la mítica banda británica. Desgraciadamente esa lucha ya estaba perdida. Sino en ver al grupo lo más cerca posible a pesar de las 46.000 personas que poblaban el recinto.

Y a eso de las 23:00 horas... ¡Se obró el milagro! Muse aparecían con ‘Psycho’, single de su último trabajo, ‘Drones’. Y tras ésta toda la oleada de temas imprescindibles que una banda como ésta ha ido cosechando a lo largo de los años. Por supuesto sonaron ‘Supermassive Black Hole’ o ‘Hysteria’, pero siempre intercaladas con interludios sutiles que escondían temas envolventes como ‘Isolated System’. Con más de una docena de pantallas franqueando detrás a la banda vimos desde los juegos de marionetas inherentes a ‘Drones’ a las sugerentes proyecciones de ‘The Globalist’. Las canciones del último disco sonaron, aunque en escasa proporción y baja aceptación. El público quería un concierto de clásicos y eso fue lo que les dieron. Quizá por eso un final marcado por ‘Uprising’, ‘Mercy’ (tromba de papelillos y serpentinas mediante) y ‘Knights of Cydonia’ remataron un concierto que se hizo breve aunque justo en su entrega y extensión. 90 minutos de un Matt Bellamy lleno de ganas de recordarnos quién es y cuál es el proyecto al que ha dado vida, aunque en lugar de los drones reales usados en gira tuvieran que utilizar globos gigantes para ‘Starlight’. Muse se erigió como la máquina de rock alternativo perfecta que suele ser. No les verás dudar, quizá ni siquiera pestañee su líder en ninguno de esos solos de guitarra que se marca y que parecen que en cualquier momento van a romper. Pero al final nunca falla y si eso ocurrió, para entonces el público ya había caído en la mas absoluta de las locuras transitorias.

Tras la catarsis, toca aterrizar en tierra con bandas de la altura de Bloc Party, quienes pese al paso de los años y las crisis creativas parecen empeñados en hacer bailar a su (considerable) público. Y lo consiguen. Como las ganas de bailar se quedan en el cuerpo, así sea entrada la madrugada, acudimos a otro de los puntos fuertes de la noche: Disclosure.

Los hermanos Lawrence aparecen en el escenario pertrechados tras prodigiosas mesas de mezclas y baterías electrónicas. Cada uno respeta el espacio del otro, pero funcionan como un todo. Ofrecen un directo que crece más en el ‘Settle’ previo que en el presente ‘Caracal’ y aunque abandonan temas imprescindibles, se salda en euforia colectiva cuando ‘When A Fire Starts To Burn’ arranca. Puede que no viésemos por allí ni a Sam Smith ni a Lorde, pero el vocalista Brendan Reilly se esforzó con ahínco para dar voz a ‘Moving Mountains’, quizá uno de los momentos más elegantes de la noche.

DOMINGO 17 DE JULIO 2016

Algo parecía haberse esfumado tras la noche anterior. Puede que la sensación de que todo el mundo había hecho las maletas y se hubiese marchado tras el directo de Muse fuese eso, tan solo una sensación, porque una vez que arrancó la jornada se sucedieron uno tras otro lo mejores conciertos. Quien pensase que con ir a Benicàssim sólo el sábado ya estaba todo hecho no podía estar más equivocado.

La deliciosa voz de Jess Glyne se encargó de recordarnos por qué el FIB es uno de los festivales más diversos del país. Y es que aquí una diva emergente como ella tiene cabida en un escenario Visa y nosotros sin inmutarnos. Tampoco hubiese extrañado verla en el principal como sí lo hicieron años atrás otras voces pop de su talla. El concierto de Glynne sirvió de quedada oficial para todas las chicas británicas adolescentes. Su sonido poco alternativo lidiaba con una aceptable puesta en escena, que creció gracias a su guiño LGTBI en más de una canción. El pop de la londinense ni sobra ni falta. Glynne apareció en escena con un look estrafalario y una escenografía compuesta por papel de plata que, junto al caer de la noche y los ritmos disco crearon su propia atmósfera. Al final bailamos, claro que sí, aunque sus 60 minutos de concierto a veces pareciesen muchos más.

Pero la del domingo fue la noche de las sorpresas. Ya podíamos imaginarnos que Young Fathers no ganaron el Mercury Prize en 2014 por casualidad, pero el de los escoceses es uno de esos directos imprescindibles. Ver para creer. Lo racial, lo étnico y lo urbano se entremezcla en una atmósfera única, sin más escenografía que la que formaban sus propios cuerpos. Este hip hop experimental con toques pop es capaz de hacer saltar en comunión a todo el público del escenario J&B South Beach Dance y la excusa no era otra que presentar su último trabajo: ‘White Men Are Black Men Too’.

Salimos de la realidad paralela creada por Young Fathers para introducirnos, no sin algo de respeto, en el momento teenager de la noche. The 1975 , la banda de Manchester de moda, salía al escenario entre destellos rosas y luces cenitales y su líder, Mathew Halley, se paseaba para disfrute de sus jóvenes seguidores. El synth-pop reinaba en el escenario Visa fruto del auténtico fenómeno fan británico.

A falta de uno, la noche del domingo contaba con hasta dos cabezas de cartel. Dos cortes muy diferentes entre sí, pero cuyos espectáculos se complementaron a la perfección. Primero vimos aparecer a Kendrick Lamar. El californiano ejerció de maestro de ceremonias de su propio show. ‘How Much A Dollar Cost?’ Nos preguntábamos una y otra vez con esa escenografía inamovible. Un mensaje claro que rezaba como telón de fondo de principio a fin del espectáculo y que ejerce de track en su último álbum, ‘To Pimp A Butterfly’. Lamar marcaba los tiempos y los silencios a golpe de brazo. Las claves de su rap bien trabajado subyacía bajo una bases demoledoras. Que nos mandara a callar para luego instarnos a lo contrario es la anécdota. Lamar se convirtió en el auténtico King de la jornada, más aún cuando suena ‘King Kunta’ y deja claro porque es uno de los artistas referentes en su género.

Massive Attack nos robó la alegría. Su trip-hop asfixiante es capaz de sumirnos con cada pista en su propio universo donde la desigualdad, la injusticia social y los auténticos problemas de nuestro mundo sobrevuelan Benicàssim y nos hace partícipes de una causa común. Pero “Estamos juntos”, rezaban las pantallas, justo antes de animarnos a guardar la calma. Lo de Massive Attack trasciende lo musical, por eso no es de extrañar que el concierto se convirtiera en una espacio multimedia donde la importancia de las proyecciones finales sólo cobran sentido en función de la reacción del público. La última hora política era proyectada en forma de titulares, desde el terrible ataque terrorista en Niza al cumpleaños de Froilán de Borbón junto a su nueva novia instagramer. Lo que importa y lo que no al fin despojado de frivolidad. El mundo tal cual es. Por eso Massive Attack se coló en nuestros oídos para susurrarnos una par de conceptos muy claros, pero bien asentados. Aunque se echó en falta ‘Tearsdrop’, no faltaron clásicos como ‘Risingson’. La presencia de los incansables ‘Young Fathers’ para el excelente ‘Vodoo In My Blood’ o Deborah Miller en la necesaria ‘Unfinished Sympathy’ como colofón final sólo sumó puntos para situar al de Massive Attack como uno de los mejores conciertos de la edición.

A las 04:00 a.m. solo tienes dos opciones, o continúas la fiesta con Daniel Avery y Aldo Linares, o te vas a dormir para despedir esta edición del Festival Internacional de Benicàssim con una sonrisa triste en los labios, esa que se te queda cuando has vivido algo tan bueno que te ves incapaz de repetirlo.

Cuando a la mañana siguiente haces las maletas y te marchas, posiblemente con 5 ó 6 horas de sueño en el cuerpo, no más, suenan todas las canciones que te han marcado durante las cuatro jornadas anteriores. Sin duda el FIB 2016 ha sido un festival que ha ido de menos a más. Que empezó tímido, incluso lejos de su esencia. Pero no sabes cómo, en tan solo 3 días ha sabido reconducirse y tú, como fiber, lo haces con él. En total 170.000 personas que han vivido la experiencia FIB a lo largo de cuatro largas jornadas. Parece que este FIB ha sido de los de antes, aunque en 22 años de historia no sabes a qué «antes» refererirte. Si ya en 2015 apuntaba maneras, en 2016 el cambio a mejor es una realidad.


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