miércoles, 18 julio 2018
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Final de curso mirando al espacio y al futuro

Un pequeño grupo de mujeres han logrado viajar al espacio. Como siempre ha ocurrido los problemas para conseguir que así fuese han sido enormes. Pero las mujeres han llegado al espacio, han paseado con sus trajes espaciales como hacen los hombres. Incluso, desgraciadamente, han muerto en pleno viaje espacial. Los escasos viajes que han protagonizado las mujeres han estado llenos de anécdotas. Anabel Rodríguez las repasa

30 jun 2018 / 08:42 h - Actualizado: 29 jun 2018 / 14:16 h.
  • Las mujeres, a pesar de todos los obstáculos, han logrado viajar al espacio del mismo modo que los hombres. / El Correo
    Las mujeres, a pesar de todos los obstáculos, han logrado viajar al espacio del mismo modo que los hombres. / El Correo
  • ValentinaTereshkova. / El Correo
    ValentinaTereshkova. / El Correo
  • Sharon Christa Corrigan McAuliffe,muerta en el accidente del Transbordador Espacial Challenger, el día 28 de enero de 1986. / El Correo
    Sharon Christa Corrigan McAuliffe,muerta en el accidente del Transbordador Espacial Challenger, el día 28 de enero de 1986. / El Correo
  • La comandante de la Estación Espacial Internacional Peggy Whitson. / NASA
    La comandante de la Estación Espacial Internacional Peggy Whitson. / NASA

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Se nos acaba el curso en Aladar; sí, llega julio. La revista publica este número y, luego, nos vamos de vacaciones (en mi caso nada forzadas). Miro el trabajo de este año y veo un gran número de referentes femeninos que hemos buscado en la historia (incluso uno masculino que por marginado me pareció necesario traer a la revista) y no sólo en la historia, también la mitología ha estado repleta de amazonas, vengadoras, mujeres que se visten por los pies. Creo que la misión de actualizar la mitología ha tenido unos frutos sorprendentes. Esta semana me he sentido muy feliz porque unas investigadoras se han puesto en contacto conmigo en relación con un artículo del año 2016: el de las mujeres pioneras del cine en España. Me he preguntado ¿tanto hace que estoy compartiendo historias con vosotros? Parece que sí. Miro el histórico de la revista y veo que el primer artículo es de diciembre de 2015 y, de una manera torpe, me sorprendo.

Antes de continuar escribiendo quiero dar las gracias a Gabriel Ramírez que me dio la oportunidad de colaborar con esta publicación y también a vosotros los lectores, que para mí continuáis siendo, en muchos casos, anónimos, pero sé que estáis ahí y sois la causa última de que me enfrasque buscando libros, documentos, fotografías un fin de semana sí y otro, también. Gracias por vuestra atención. Los escritores (los artistas en general) somos muy exigentes con el público, queremos algo tan caro y precioso como vuestra atención. La queremos de forma plena y activa, no nos conformamos con cualquier cosa. También queremos vuestro tiempo y cariño (ahí es nada). No sé, visto así me parece que somos un poco caprichosos, exigentes e inflexibles con nuestros lectores y no os merecéis eso. Cada uno de nuestros textos esconde (o directamente pide): ¡Léeme! ¡Regálame tu tiempo! ¡Dame un like! ¡Coméntame! Por este motivo quiero daros una vez más las gracias por leer, por estar ahí, por compartir. Especialmente quiero agradecer a los profesores que se llevan los artículos a clase para comentar con sus alumnos adolescentes y a los alumnos que no toman represalias contra mí después de leerlos. Gracias infinitas a todos.

Me gustaría despedir este curso mirando al espacio y a las pocas mujeres que han logrado subir allí. Hace pocos días se ha cumplido un aniversario muy especial: cincuenta y cinco años desde que por primera vez una mujer subió al espacio. En este campo fueron los soviéticos los que ganaron la partida a los norteamericanos y Valentina Vladímirovna Tereshkova la que nos llena de orgullo. Esta ingeniera rusa, fue la primera civil que voló al espacio. Fue seleccionada entre más de cuatrocientos aspirantes para ser piloto del Vostok 6, lanzado al espacio el 16 de junio de 1963. Completó en solitario, cuarenta y ocho órbitas alrededor de la Tierra en sus tres días en el espacio. Tenía veintiséis años cuando subió al espacio, padecía vértigo y en el periodo en que se mantuvo allí registró más tiempo de vuelo que la suma de todos los tiempos de los astronautas estadounidenses que habían volado antes de esa fecha. Como en 1963 la relación entre la Unión Soviética y Estados Unidos era muy mala (recordad la Guerra Fría) el programa espacial fue llevado en secreto, hasta el punto de que los padres de la cosmonauta sabían muy poco de lo que estaba pasando, por no decir nada (pensaban que estaba dando un curso de paracaidismo especial). Tras su regreso del espacio, algunos militares de la fuerza aérea rusa la acusaron de haber estado borracha a lo largo de su viaje al espacio (a ver de dónde sacaba la bebida allí) y de insubordinación al jefe al mando. Los que la acusaron fueron despedidos y es que Tereshkova se había convertido en una heroína nacional. Además, el delirio que se producía durante o al regreso del espacio, era algo casi normal entre las personas que pudieron subir al espacio.

Sin embargo, no podemos olvidar que nuestra heroína era soviética y vivía sometida a los dictámenes (por no decir caprichos) de sus mandos. En el año 1997, el doctor Vitali Volóvich, médico de Yuri Gagarin, se destapó diciendo que la hija que Tereskhova tuvo con su primer marido Andrián Nikoláyev no fue procreada voluntariamente, sino que les ordenaron tenerla a fin de conocer los efectos que permanecer en el espacio podría tener para la procreación humana. Los primeros experimentos de hijos espaciales se hicieron con perros que habían sido enviados al espacio y aunque sus resultados eran desastrosos, se ordenó a la pareja que tuvieran un bebé. El embarazo fue, según este doctor, complicado, tuvo que permanecer mucho tiempo hospitalizada y el parto tampoco fue sencillo. La niña, Elena, era muy pequeña cuando nació y hasta los cinco años vivió bajo el control de los médicos. Sobrevivió y se formó para ser doctora, carrera que, al parecer, ejerce en la actualidad.

Tereskhova es un personaje muy conocido y querido en Rusia. Lo fue durante la época soviética y también en la actualidad. Durante los últimos juegos olímpicos que se celebraron en su país, fue portadora de la antorcha olímpica y no ha dudado en ofrecerse para participar en un posible viaje a Marte, aunque sólo le facilitasen un viaje de ida.

Los estadounidenses también habían creado una unidad femenina para subir al espacio en aquellos años, la Mercury 13; sin embargo, el machismo imperante en la época, alentado incluso por los propios cosmonautas varones, impidió que la misión femenina pudiera llegar a convertirse en algo tangible. No tuvieron un grupo de mujeres y hombres que les apoyasen para cumplir con la misión que previamente les habían propuesto. Hasta 1983 no se produjo el primer despegue de una misión norteamericana con una mujer como integrante. Sally Ride fue la primera en subir al espacio (hace treinta y cinco años). Os recomiendo que veáis el documental que Netflix ha creado sobre el Mercury 13, puede que terminéis desanimados, pero creo que merece la pena ver a esas mujeres que se esforzaron tanto.

Después han subido al espacio mujeres como Svetlana Savitskaya, Judith Resnik (que falleció en el transbordador espacial Challenger), Katheryn D. Sullivan (primera mujer que protagonizó un paseo por el espacio), Helen Sharman, Shannon Lucid (primera mujer tripulante de una Estación espacial), Mae Jemison, Ellen Ochoa, Chiaki Mukai, Eileen Collins y Peggy Whitson.

Miramos al espacio y vemos que nosotras también podemos estar ahí... No me refiero a mí, que no tengo condiciones físicas, ni la fortaleza mental suficiente; pienso en el resto, en las que tienen ese sueño, ese interés y facilitarles el apoyo que les permita alcanzar su objetivo. Porque seamos honestas aún necesitamos sostén de la sociedad para demostrar lo que ya valemos, lo que ya somos y aún más, para abrir camino.

Después de mirar al espacio, miro al futuro y me gustaría implicarte a ti que estás leyendo este artículo, saber en qué caminos quieres que nos adentremos el próximo mes de septiembre, si tienes curiosidad por saber más de algunas mujeres, o te fascina la mitología, si estás cansado de ella o quieres que tratemos alguna otra cosa. ¿Cómo quieres que despegue el curso que viene? No te hagas el sorprendido que te acabo de explicar que los que escribimos somos unos bichitos exigentes. ¡Feliz verano!


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