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‘Futbolín’: El juego del millón de padres

Alessio Spataro es un dibujante mordaz, ideológicamente colocado en un lugar muy concreto, capaz de sacar punta a cualquier historia. ‘Futbolín’ nos arrastra por buena parte del mundo y distintas momentos históricos de gran importancia.

29 dic 2016 / 23:30 h - Actualizado: 29 dic 2016 / 16:52 h.
  • Viñeta del cómic de Alessio Spataro. / El Correo
    Viñeta del cómic de Alessio Spataro. / El Correo
  • Portada de ‘Futbolín’. / El Correo
    Portada de ‘Futbolín’. / El Correo
  • ‘Futbolín’: El juego del millón de padres

Parece ser que el futbolín moderno se inventó pensando en aquellos soldados que terminaban en los hospitales con algún miembro amputado por las bombas o un disparo. Alguien creyó que ellos tenían el mismo derecho a disputar un partido de fútbol aunque este fuese imaginario. Aunque no está muy claro que nada de esto sea cierto. Circulan muchas teorías sobre quién inventó el futbolín y sobre el primer uso que se le quiso dar. Alemanes, ingleses, italianos y españoles, alzan la mano cuando hay que determinar la procedencia más primitiva del juego. Padres no le faltan a la criatura.

Futbolín es un cómic de Alessio Spataro, un dibujante que nació en Catania, la segunda ciudad de Sicilia. Es mordaz, inteligente, incisivo. Y ataca los asuntos que quiere ventilar con decisión, sin miedo a las reacciones de los lectores. Además de este cómic ha firmado Zona del Silenzio (Minimum Fax, 2006), la biografías Papa Nazingher (Purple Press, 2008) y Berluscoiti (Castelvecchi, 2009) que, como sospecharán, son irreverentes, sarcásticas y no fueron pactadas con los protagonistas. Spataro dedicó a Georgia Meloni, una joven ministra del Gobierno de Berlusconi, La Ministronza y La Ministronza 2, cómics que causaron críticas incluso en los foros más arrimados a la izquierda italiana. Spataro pertenece a una escuela italiana en la que se compite en ese territorio marcado por la dureza del humor, de la ironía, del sarcasmo; pertenece a un nutrido grupo de dibujantes que no perdonan una y dicen cualquier cosa pese a quien pese.

El tebeo de Spataro cuenta la historia de Alejandro Campos, un gallego de Fisterra, que recorrió medio mundo escapando, casi siempre, de un buen número de perseguidores y, en alguna ocasión de sí mismo. Fue bailarín, luchó durante la Guerra Civil en las filas del ejército republicano y terminó dando vueltas por Centroamérica y Sudamérica hasta que regresó a España terminando así su exilio. Murió en 2007, aquí en España. Además de todo esto, Alejandro Finisterre (así se le conocía finalmente) afirmó ser el inventor del futbolín; al menos, el que diseñó el primero de ellos tal y como lo conocemos ahora. Según el propio autor, Finisterre representa “el fin de la tierra, el horizonte, la fuga hacia otros lugares”.

El tebeo de Spataro cuenta todo esto aunque lo importante es que da un repaso a la historia de la mano del personaje. Nos presenta al personaje principal acompañado por Pablo Neruda, por León Felipe, por Frida Kahlo... Las viñetas se inundan de hechos históricos, de nombres que representaron una parte importante de ese mundo tan revuelto que se vivió durante la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, el mayo francés del 68... En este sentido, da gusto leer el cómic porque el camino que recorre es tan fascinante como fue la propia realidad.

Por otra parte, algunas páginas las dedica el dibujante a presentar distintos tipos de futbolines que se utilizaron en épocas históricas diversas, a anotar los nombres con los que se conoce este juego tan popular en los diferentes puntos del planeta.

El dibujo de Spataro tiende a la caricatura. Claramente, puesto que el gran objetivo es contar la realidad desde una zona que escandalice, que provoque una reacción del lector, que nos haga tomar posiciones sobre lo que nos van contando. El color está muy cuidado y corresponde a diferentes estados de ánimo, a tensiones cambiantes en cada momento. Y el diseño de la página, aunque es muy clásico, resulta agradable y permite seguir la trama sin dificultad alguna.

Con Fútbolín el lector lo pasa bien. Algunas situaciones son hilarantes, otras patéticamente entrañables y, todas, contienen un punto de interés que agrada a cualquiera al que le guste la novela gráfica. Es cierto que resulta algo tendencioso desde un punto de vista ideológico. En alguna viñeta, Spataro deja perlas, por lo menos, discutibles. Pero no terminan siendo un problema sustancial del libro. Aunque si no estuvieran no pasaría nada,

Al cerrar el libro, podemos pensar en la historia, en la Historia y en el futbolín. Todo tiene importancia en este cómic.

El futbolín moderno se inventó pensando en aquellos soldados que terminaban en los hospitales con algún miembro amputado por las bombas o un disparo. Eso parece.

Alessio Spataro. / © ri-tratti


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