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Hasta arriba: Escalada desternillante

Un médico enfermo a perpetuidad, grandes dosis de champagne curativo o un animador desanimado, son algunos de los ingredientes que contiene la novela de W. E. Bowman. Diversión asegurada y un acercamiento al mundo del alpinismo que termina siendo inolvidable.

02 ene 2017 / 17:40 h - Actualizado: 02 ene 2017 / 18:21 h.
  • Hasta arriba: Escalada desternillante
    Portada de ‘Hasta arriba’ de W. E. Bowman. / El Correo
  • Hasta arriba: Escalada desternillante
    Imagen del Mont Blanc. / El Correo
  • Hasta arriba: Escalada desternillante
    Alpinista cerca del Everest. / El Correo

El alpinismo consiste en subir montañas. Así de sencillo. Aunque lo importante no es su definición o lo que es. Lo que resulta un completo misterio, lo que resulta atractivo para cualquiera que se lo plantee, es saber por qué razón alguien decide practicar este deporte. ¿Afán de superación? ¿Poder mirar el mundo desde un lugar único? Tal vez, todo se reduce a que la montaña está ahí y está para que alguien alcance la cima.

El alpinismo como deporte aparece cuando desaparece la obligación del ser humano de escalar. Subir una montaña por cumplir la orden de un general o por cualquier otra razón que lo convirtiera en algo que había que hacer sí o sí, convertía esa práctica en algo muy distinto a lo que es la práctica deportiva. Pues bien, hasta finales del siglo XVIII no ocurrió que alguien decidiera alcanzar una cima por placer, por necesidad personal, porque sí.

Las cosas han cambiado desde entonces. Un alpinista, hoy, es un deportista que esquía en la montaña, escala rocas, es capaz de salvar paredes de hielo, se orienta más o menos bien. Un alpinista es un deportista completo.

Y los alpinistas forman un grupo de personas con unas características que les convierte en eso, en un grupo. Por ejemplo, su amor por la naturaleza les convierte en un conjunto homogéneo.

Hasta arriba (The Ascent of Rum Doodle) es una novela de W. E. Bowman. Un libro que se ha convertido en todo un clásico de la literatura cómica y, por supuesto, una especie de obra de culto entre los hombres y mujeres que se dedican a subir montañas. Tal es así que el propio Bowman se quedó perplejo cuando, allá por los años cincuenta, un grupo de miembros de la Expedición Antártica Australiana, bautizaron algunos lugares con los topónimos que el autor utiliza en su novela. Era un pequeño homenaje a una novela que no se vendió bien una vez que se publicó en 1956, pero que iba calando entre los alpinistas de todo el mundo.

Alrededor de Hasta arriba han crecido muchos mitos. El contenido ha sido interpretado, casi siempre mal, de forma mítica, sorprendente e, incluso, con un punto de misterio inexistente. Si, por ejemplo, un número se repite constantemente en el texto, se han realizado lecturas que invitaban a pensar en mensajes ocultas tras el guarismo. Y en realidad ese número es el de la casa de los padres de Bowman.

Esto hace pensar en la trascendencia de esta pequeña novela. No son muchas las dedicadas al alpinismo y esa es una de las razones por las que Hasta arriba tiene un lugar privilegiado entre los lectores que son, además, alpinistas. Pero la razón fundamental por la que la novela de Bowman es tan importante es que es un texto que te hace reír sin parar desde las primeras páginas.

Nunca antes un grupo de escaladores fue tan ridículo, nunca antes se había relatado la subida a una montaña con tanta gracia.

El dibujo de los personajes es maravilloso. ¿Se imaginan ustedes una expedición en la que el experto en orientación es incapaz de reconocer una calle de Londres, no sabe cómo llegar a otra y en la montaña le sucede lo mismo una y otra vez? ¿Y un médico enfermo cada día? Ya los nombres de todos ellos son de una ridiculez y un surrealismo extraordinario. Las situaciones que se narran van de lo hilarante a lo patético. Pero todo, a decir verdad, es entrañable, divertido, cercano.

Como novela no resulta una obra de arte. La capacidad expresiva del autor está limitada y los recursos técnicos son escasos. No hay gran literatura en las casi doscientas páginas que mide la obra. Pero sí hay literatura divertida, literatura de la que sirve para evadirse. Y, todo hay que decirlo, para acercarse al alpinismo. Sin grandes explicaciones técnicas, sin grandes dosis de información, pero con gran sentido del humor.

Blackie Books acaba de editar la novela en castellano. Un libro muy bien cuidado que incluye el prólogo de unos de los mejores autores de literatura cómica de la actualidad, Bill Bryson. La traducción de Julia Osuna es exquisita y apunta algunos aspectos (a pie de página) que facilitan la comprensión de un humor que traducido podría resultar algo más distante de lo que es necesario.

Muy recomendable y una opción para que los Reyes Magos hagan un buen trabajo. Si tienen a un alpinista cerca y no saben qué regalarle, ya tienen una idea.


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