domingo, 16 diciembre 2018
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Jazz para todos

La música jazz, acompañada de una voz femenina y armada sobre un son reconocible, permite que el público que asiste a los conciertos se lo pase en grande. Todo lo agradable gusta. Que sea lo mejor, lo peor o un apaño, es otro cantar

19 nov 2018 / 19:19 h - Actualizado: 19 nov 2018 / 20:56 h.
  • Stacey Kent. / Fotografía cortesía de la organización de JAZZMADRID 2018
    Stacey Kent. / Fotografía cortesía de la organización de JAZZMADRID 2018

Ejerciendo de profesor aprendí que si, por ejemplo, había que hablar de poesía, lo mejor era comenzar por César Vallejo, Vicente Huidobro o Juan Carlos Suñén; por lo ‘duros’ y difíciles. De ese modo, lo críptico de esos poemas iban dando paso a otros más accesibles a medida que avanzaba el curso, otros que los alumnos creían ‘entender’ y disfrutar mejor. Casi siempre, era falso, pero el aula se llenaba de esa especie de entusiasmo incontrolado que rebosa desde dentro del que cree aprender. Lorca o Machado parecen más fáciles que esos más ‘duros’ para nuevos lectores. Parecen aunque son igual de difíciles o de fáciles o de entrañables o de extraordinarios. Eso sí, creer entender lo que dicen sus poemas te permite charlar con los amigos como si supieras mucho de sonetos, de encabalgamientos o de endecasílabos. En realidad, solo el tiempo y cientos de lecturas te enseñan lo necesario, pero eso ya es harina de otro costal.

El arte, es muchas veces, difícil de conocer, valorar o amar. Es necesario cierto aprendizaje para poder decir ‘esta boca es mía’ sin que el peligro de hacer el ridículo sea elevado al hablar sobre una obra de arte, pero se puede aprender como de cualquier otra cosa. Y existen puertas de entrada que permiten, sin llegar a profundidades innecesarias, expresar preferencias o valorar aspectos sencillos de la obra. Esto resulta maravilloso porque, entre otras cosas, los guetos en los que se instalan cientos de snobs deben desaparecer.

Stacey Kent es una cantante que sabe lo que quiere hacer, se rodea de músicos que saben lo que ella quiere decir, y ofrece música en sus conciertos para aquellos que quieren que el jazz sea algo parecido a eso que hace la señora Kent sobre el escenario. Todo va de maravilla. Unos dicen que quieren que el jazz sea accesible, agradable, que se pueda bailar en una boda o escuchar en una reunión de amigos. Kent se lo da.

Stacey Kent es una cantante que arrastra unas limitaciones técnicas muy acusadas. Se maneja muy bien en los tonos medios de su registro (sin grandes alardes, claro). El resultado es muy agradable al oído aunque deudor en exceso del buen acompañamiento musical. Los tonos más graves y más agudos los esconde. Sencillamente, Stacey Kent ni los pisa. Bien sabe ella que tiende a engolar la voz por abajo y a descontrolar por arriba. Lo sabe, lo oculta y usa la voz de modo que la cosa quede aseada. El carácter más intimista de su música, ese que tanto se le atribuye como si fuera una cualidad única y extraordinaria, es, en buena parte, obligado. Si le añadimos a esa voz una banda que entiende el problema, todo va bien.

El saxofonista y flautista y clarinetista, Jim Tomlinson, arropa de maravilla a la cantante. Lo hace mientras canta y cuando deja de hacerlo puesto que es él el que organiza al resto de músicos. Estos sí dan un toque auténtico y no impostado de intimidad. Graham Harvey, al piano, hace su trabajo con mucha solvencia; el contrabajista Jeremy Brown demuestra tener muchas cosas que contar y el baterista Josh Morrison sostiene la base rítmica con discreción aunque, cuando le llega el turno a sus solos, es capaz de arrancar a su batería sonidos excelentes.

Stacey Kent ofreció un concierto en el Festival Internacional de Jazz de Madrid que arrancaba con sonidos brasileños que abundaron durante la hora y media de duración (The girl from Ipanema, Les eaux de Mars o Corcovado, por ejemplo). Sonaron bonito L’étana de Paul Misraki y La rua madureira de Nino Ferrer.

El teatro Fernán Gómez de Madrid lleno. Otra vez.

En Madrid se está instalando el frío definitivamente. La buena noticia es que sigue sonando el jazz. Ya son muchas partituras interpretadas, muchas líneas escritas contando lo que sucede. Mucha vida y mucho jazz en Madrid.


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