miércoles, 20 septiembre 2017
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Josefina de la Torre o el arte de ser polifacética

Josefina de la Torre fue una artista polifacética, una de esas personas que todo lo que hace lo hace bien. Poeta, soprano, actriz de doblaje, de teatro, de cine, de televisión, novelista, ocasionalmente ayudante de dirección... Su pasión creadora se liberaba en tantas facetas que parece inabarcable.

29 abr 2017 / 12:22 h - Actualizado: 27 abr 2017 / 13:24 h.
  • Josefina de la Torre fue una de las dos mujeres nombradas por Gerardo Diego en su Antología de la poesía contemporánea española. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares
    Josefina de la Torre fue una de las dos mujeres nombradas por Gerardo Diego en su Antología de la poesía contemporánea española. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares
  • Josefina de la Torre hizo muchas cosas en el ámbito de las artes y todas las hizo bien. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares
    Josefina de la Torre hizo muchas cosas en el ámbito de las artes y todas las hizo bien. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares
  • Josefina de la Torre llegó a tener realción con los artistas más importantes de la Generación del 27. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares
    Josefina de la Torre llegó a tener realción con los artistas más importantes de la Generación del 27. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares
  •  Paisaje campestre con Josefina de la Torre a la izquierda de la imagen. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares
    Paisaje campestre con Josefina de la Torre a la izquierda de la imagen. / Fotografía:Bernardo de la Torre Millares

Fue Josefina de la Torre, junto a Ernestina de Champourcin, una de las dos mujeres nombradas por Gerardo Diego en la segunda edición de la Antología de la poesía española contemporánea y no es que no hubiera más mujeres dedicadas a la poesía, es que el autor entendió que mujeres como Concha Méndez o Carmen Conde, no eran tributarias de semejante honor. Sin embargo hasta esa inclusión ha sido oscurecida por la desmemoria.

Nació en Las Palmas de Gran Canaria en el año en 1907 y era la menor de seis hermanos de la familia adinerada y burguesa formada por Bernardo de la Torre y Comminges y Francisca Millares Cubas. Sus padres estimularon creativa e intelectualmente a todos los hermanos, así que no fue ella la única en destacar artísticamente. Su hermano Néstor (que cambiaría su nombre artístico por el de Claudio para no ser confundido con un tío suyo que era un barítono muy famoso) también fue un reconocido y reputado literato y cineasta. Los hermanos de la Torre se reunían para crear obras teatrales en su casa, creaban el escenario, guión, interpretaban distintos papeles y así se divertían. Con posterioridad Josefina y su hermano Claudio (o Néstor) reiteraron este tipo de representaciones de una manera mucho más profesional en lo que ellos llamaban «Teatro Mínimo».

En 1924 Josefina viaja por primera vez a Madrid junto a su hermano Claudio que había ganado el Premio Nacional de Literatura. Es entonces cuando entra en contacto con distintos artistas como Salinas, Buñuel, Dalí, Lorca o Alberti.

En 1927 publica su primer poemario titulado Versos y estampas, prologado por Pedro Salinas. Este libro está lleno de referencias a recuerdos de su infancia en la isla de Gran Canaria y goza inmediatamente de éxito a nivel de crítica. Sin embargo, Josefina era extraordinariamente inquieta y decide ahondar en su talento musical (inculcado por su tío el barítono Néstor de la Torre). Ingresa en la escuela de canto que dirigía Carlota Dahmen Chao y adquiere un gran nivel como soprano, lo que le permitirá dar conciertos en el Lyceum Femenino y después de forma profesional en el Teatro María Guerrero, con éxito entre la crítica que alaba su voz y su porte.

También, durante esta época, traba amistad con Concha Méndez (asiste a su boda con Manuel Altoaguirre), Ernestina de Champourcin y Carmen Conde. Las poetas se buscan y se apoyan entre sí, se tienen en buen concepto.

También, en 1927, crea el «Teatro Mínimo» junto a su hermano Claudio. Es un teatro de cámara que llevan a cabo en su propia casa de Las Canteras (Gran Canaria), representan diversas obras junto con su hermana Paquita, al tiempo que recitan obras de teatro. Hoy en día que parece estar en boga de nuevo los microteatros, parece que encontrarían un referente claro en este tipo de teatro de cámara (que no sólo ella llevó a cabo).

En 1930, publica Poemas en la isla en el que mantiene el mismo tono de poesía ligera que en su obra anterior y aunque es su poemario más emblemático no tiene gran repercusión ya que su distribución se centró sobre todo en las Islas Canarias.

En 1934, comienza a trabajar como actriz de doblaje para la Paramount en Francia, a las órdenes de su hermano Claudio. Era la dobladora de Marlene Dietrich, nada más y nada menos. Coincide con Luis Buñuel que también trabaja como doblador en esos momentos y mantienen un romance que rompería el aragonés, que por entonces ya estaba casado. A finales de ese año, Josefina regresa a Madrid donde se establece de forma casi definitiva (sólo interrumpida durante la Guerra Civil). Es entonces cuando debuta oficialmente como soprano en el Teatro María Guerrero y da pleno desarrollo a su vocación musical y teatral cosechando varios éxitos. Josefina tenía voz versátil y una formación sólida le permitió ingresar en la Orquesta Sinfónica de Madrid, donde actuó como solista; y también en la compañía de zarzuela del maestro Sorozábal. Además de interpretar también compuso sus propias partituras siendo la más conocida Puerto de mar.

En 1936 estalla la Guerra Civil y tanto ella como su hermano deciden regresar a Gran Canaria. Su familia ya no es rica, y ambos deciden fundar una editorial en la que ella escribía novelas románticas bajo el seudónimo de Laura de Comminges, pues entendía que esos textos (aunque alimenticios) socavaban su prestigio como poeta. En 1940, los hermanos De la Torre regresan a Madrid y se integran en el franquismo como pueden (supongo que tras una guerra todos nos subimos al carro como podemos o nos dejan). Josefina lo hace en el mundo del teatro donde consigue ser primera actriz de la Compañía Nacional María Guerrero y también en el cine. Sin embargo sus éxitos en este ámbito son mínimos. No pasa de hacer papeles secundarios con escenas casi sin importancia, a pesar de estar a las órdenes de directores conocidos. En 1945 da por finalizada su participación en el mundo del cine.

Fue en los años cuarenta cuando conoce a su marido Ramón Corroto, con el que funda en 1946 la Compañía Comedias, con la que estrena quince obras teatrales. Con el tiempo actuaría también en compañías como la de Nuria Espert y Amparo Soler Leal. En el año 1954 publicó dos novelas Memorias de una estrella y En el umbral. En la primera la protagonista es una estrella de cine que abandona ese mundo que considera mezquino y cruel... Lo mismo no dejaba de ser lo que ella había percibido en ese ámbito.

Josefina también trabajó en la radio, prestando su voz al programa Teatro Invisible, y no sólo eso, sino que protagonizó el capítulo piloto de la mítica serie televisiva Historias para no Dormir de Chicho Ibáñez Serrador. Sin embargo no publica ni un sólo poema hasta 1968, con Marzo Incompleto. Esta obra contiene los poemas que había escrito entre 1930 y 1936, tiene un tono más dramático que su obra previa y pasa desapercibido.

En 1983 hizo su última aparición televisiva en la serie Anillos de oro, aquella en la que por primera vez se hablaba de forma abierta y continua del divorcio (introducido en España sólo dos años antes), de la mano de Ana Diosdado (actriz, escritora, directora...) y un jovencísimo Imanol Arias.

En 1988 se publica una antología de su obra que incluye el poemario Medida del tiempo, hasta entonces inédito, en el que incluía obras dedicadas a sus compañeros de la generación del 27. Sin embargo su último poemario, que no verá la luz hasta el año 2007, coincidiendo con la conmemoración de su nacimiento, está dedicado a su marido, que falleció en 1980 sumiéndola en una profunda tristeza y soledad.

Josefina de la Torre falleció en Madrid con noventa y tres años en 2002. Nuestros hijos no leen nada sobre ella, ni sobre Ernestina, ni sobre Concha. Nuestros hijos no las conocen, porque nosotros mismos no las conocemos, porque en nuestros libros (esos de EGB que tanto ensalzamos al mirar atrás) tampoco se hablaba de ninguna de estas mujeres, porque se ha omitido cualquier mención al talento que de una forma u otra no enlazase con la carga que el franquismo nos ha legado y de la que por mucho que cambiemos la ley de educación de turno, no logramos desprendernos.


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