martes, 13 noviembre 2018
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La cara oculta del Mundial: La periferia del fútbol

El deporte es luz, es brillo, es riqueza, es lujo. Y es pobreza, es miseria, es injusticia. Al menos es lo que se puede deducir después de ver este documental que trata de explicar qué sucede alrededor de un evento de la importancia del Campeonato del Mundo de Fútbol

03 jul 2018 / 09:39 h - Actualizado: 01 jul 2018 / 12:56 h.
  • El fútbol puede eclipsar cualquier sufrimiento. / El Correo
    El fútbol puede eclipsar cualquier sufrimiento. / El Correo
  • Las condiciones de los miles de jóvenes asiáticos y africanos que trabajan en Qatar levantando estructuras para el campeonato mundial de fútbol de 2022, son lamentables. / El Correo
    Las condiciones de los miles de jóvenes asiáticos y africanos que trabajan en Qatar levantando estructuras para el campeonato mundial de fútbol de 2022, son lamentables. / El Correo
  • La apuesta de Sobel es discreta y decide montar la película de forma lineal. / El Correo
    La apuesta de Sobel es discreta y decide montar la película de forma lineal. / El Correo
  • Cartel de la película. / El Correo
    Cartel de la película. / El Correo

El fútbol forma parte de un sistema capitalista brutal que se implantó hace ya mucho tiempo en todo el mundo y que no hay forma de derribar para dar paso a cualquier otro sistema económico viable y eficaz. Todo lo que pasa alrededor del fútbol tiene que ver con el dinero, con la imagen como motivo de idolatrías incomprensibles, con lo material como último fin del ser humano, con una forma de vida sostenida por el esfuerzo a cambio de grandes cantidades de dinero.

El deporte en general se ha convertido en una máquina de hacer dinero que parece no tener fin. Y esto podría llegar a ser comprensible si no fuera porque esa maquinaria se engrasa gracias al trabajo de millones de personas (muchos de ellos niños) que realizan su labor en condiciones penosas que podrían considerarse esclavistas. Porque, efectivamente, en la actualidad existen formas de esclavitudes tan vergonzantes como lo fueron las de siglos pasados.

La cara oculta del Mundial (The Workers Cup, 2017) es una película documental del realizador Adam Sobel que repasa cómo es la vida de los trabajadores extranjeros que colaboran para levantar estadios de fútbol e instalaciones de cara a la celebración de la Copa del Mundo de Fútbol en Qatar el año 2022, trabajadores que se hacinan en campos de trabajos y que disponen de unas condiciones lamentables. No pueden salir del campo, no pueden hacer casi nada. No son trabajadores o al menos en España no podríamos considerarles como tal. Se parecen más a los esclavos que siempre hubo.

El documental cuenta cómo viven estos jóvenes, llegados de África y Asia en su gran mayoría, en un país con grandes recursos económicos, pero que no tiene casi nada para ellos. Y cómo disputan, un puñado de ellos, un campeonato de fútbol entre equipos patrocinados por las empresas para las que trabajan. Imposible triunfar en el trabajo, imposible triunfar en un campeonato reservado a unos deportistas mediocres a más no poder.

El director evita opinar, evita lanzarse contra el país organizador del mundial de 2022, evita colocarse en un lugar desde el que se pueda lanzar un mensaje u otro. Deja que sea el espectador el que decida qué hacer, qué decir. Pero, tal vez, lleva esta actitud hasta el extremo y pierde la oportunidad de hacer una denuncia rotunda ya que la situación lo necesita. Si Sobel quiere denunciar lo que sucede gracias al sistema capitalista (de fútbol no quiere hablar, eso es cierto) debería apostar sin complejos, sin miedos.

El cine que hace Sobel es especialmente sencillo. La apuesta es discreta y decide montar la película de forma lineal, sin un solo regate al tiempo o al tempo que pudiera distraer al espectador. No es nada del otro mundo aunque no se puede decir que sea un desastre ni nada por el estilo. El realizador quería una película testimonio y eso es lo que entregó. Nada de riesgos narrativos, nada de miradas críticas. Objetividad absoluta (Sobel lo que no entiende es que esa objetividad es imposible y que su jugada deja un sabor de boca agridulce ya que la sensación de obra incompleta es potente).

Los aficionados al fútbol, después de ver trabajos como este, deberían plantearse qué está pasando, en qué se está convirtiendo un deporte tan fascinante; si, en realidad, no forman parte de un negocio que arrasa con todo lo que encuentra en el camino. Si son niños en condiciones de esclavitud los que fabrican ropa deportiva que usan los futbolistas promocionando una marca en concreto ¿se deben consumir esos productos? Si un campeonato del mundo es un negocio que no respeta los derechos fundamentales de las personas ¿debemos mirar a otro lado como si no supiéramos nada? Si esas condiciones tan vergonzantes son mejores que las que disfrutan millones de personas en sus países de origen ¿debemos mantener un sistema económico tan brutal como el capitalista?


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