martes, 27 junio 2017
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La comedia como resultado trágico del tiempo

Hasta el 18 de junio, la obra de teatro ‘Sueño’ permanece en cartel como reto escénico vanguardista y de investigación sobre los recursos expresivos en este medio. El escenario no podía ser otro que la Sala San Juan de la Cruz del madrileño Teatro de la Abadía. La propuesta que lleva realizando esta entidad, desde hace años, es impagable.

13 may 2017 / 12:03 h - Actualizado: 18 may 2017 / 23:40 h.
  • La comedia como resultado trágico del tiempo
    El personaje principal viaja hasta los infiernos y el actor lo convierte en algo creíble y formidable. / Luis Castilla.
  • La comedia como resultado trágico del tiempo
    Todo en esta obra funciona correctamente. / Luis Castilla.

Y así es. Andrés Lima se sirve de esta vieja fórmula enunciada por vez primera por Groucho Marx, para armar «Sueño», una versión también de Shakespeare basada libre y personalmente en «El sueño de una noche de verano». Y digo personalmente porque ha incorporado un nuevo personaje a la que aquí es trama secundaria, de este modo Faustino, un padre moribundo con demencia senil al que una graciosa niña tartamuda le lee repetidamente «La historia de un asno», se hace testigo de toda una marabunta de relaciones anheladas y no conseguidas así como de otras que pretenden realizarse al alimón con el propósito de obtener beneficio. Existe mucha investigación detrás no sólo a través de elementos y materiales literarios de primera calidad, sino esta vez sobre todo vivenciales. Ese tiempo al que nos referimos en el titular no es otra cosa que distancia frente o para con la muerte, algo que no se puede contar mientras está ocurriendo, pero sí después.

Es el esfuerzo monumental de tres actrices el que les hace posible cambiar hasta tres veces de personaje, un esfuerzo psíquico por tanto mayor y que, aunque más concentrada que otras veces, permite ver una versión de la obra que podría estar dirigida, si fuese cine, por Paolo Sorrentino, realizador de «La gran belleza», película que desde su carácter mediterráneo podría ser también leída o vista desde claves shakesperianas, a pesar de la afición del bardo inglés por dar más vueltas y requiebros en un lenguaje propio (que se identifica también con la flema inglesa).

En los talleres de preparación de la representación de los textos de Lima y Sanzol han colaborado personajes de la talla de Eduardo Mendoza, Albert Boadella, el gran Wyoming o miembros de Muchachada Nui, buscando el reverso de lo que hace un año estos dos dramaturgos junto con Miguel del Arco llevaron a cabo en torno a la idea más seria y sesuda de la tragedia como espejo de la propia conciencia.

Asistimos al ensayo general de «Sueño». Todo empieza cuando la niña tartamuda enciende un tocadiscos, para irnos adentrando tras mirar unos paneles que parecen dibujados al grafito, en una residencia de ancianos. A la izquierda la niña lee historias; en el centro Faustino, sentado en una silla, fuma y le pide leer otras páginas; a la derecha unas enfermeras sestean y mandan callar si es que se sube la voz o hay algún comentario jocoso que hacer; y por último por megafonía se anuncia (no será sólo una vez) la proyección de la película «Los puentes de Madison» y se enciende la televisión en lo que parece un programa parecido a «Saber vivir». Esto es sólo el comienzo; aparecerán Pilar (la novia que Faustino siempre quiso tener), Elena (una hija de otra mujer distinta a la legítima), el hijo legítimo al que a un cansancio y aturdimiento lógicos se suma la amenaza ante el ataque de un perro rabioso que merodea el edificio, y Demetrio, el amor secreto de Pilar.

La ambientación técnica (decorados, iluminación, sonido, música) está ejecutada hábil y elegantemente, tal y como nos tienen acostumbrados en el Teatro La Abadía.

Por otro lado, de los cinco actores, por una u otra razón, se logra la excelencia. Bien desde el virtuosismo, bien desde la sencillez y humildad. Lola Galán, de quién se conocen trabajos para el programa de José Mota, resulta ser un grato descubrimiento en su papel (la llaman loca, pero probablemente sea la más cuerda e integrada). También son reseñables los papeles interpretados por Nathalie Poza, actriz madrileña de fuste que logra ser visceral; tremendamente racional en lo masculino e intrépida en lo femenino. La bella Ainhoa Santamaría se muestra camaleónica y seductora. María Vázquez es capaz de metamorfosearse en el mejor amigo del hijo de Faustino cuando éste se larga a Asturias con una prostituta yonqui. Y por último, Chema Adeva (o Faustino) que interpreta, desde una irregular subida y bajada a los infiernos, a un sujeto que se resiste a desaparecer.

Por último, queda advertirles de que si pasan por el Teatro situado en el barrio madrileño de Argüelles, antes de entrar a cualquiera de las dos obras, se encontrarán una performance afín a ambas que cuenta con la idea y producción del reputado director Dan Jemmett y la simpatía como actor de Jesús Barranco, que prepara para la concurrencia un menú aperitivo excelso, en el que caben sonetos, canciones, sueños,... y todo lo que puedan imaginar relacionado siempre con Shakespeare.


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