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La obra más lírica y descarnada de Luchino Visconti

La quintaesencia del cine de Luchino Visconti radicaba en la búsqueda obsesiva de conjugar la perfección de forma y fondo, ambientando sus narraciones en contextos históricos complejos, situándolas en escenografías espectaculares y alentándolas con música de gran fuerza evocadora. El cine como arte que aúna otras artes. En ‘Rocco y sus hermanos’ nos relató la progresiva descomposición de una familia del sur rural de Italia que ha emigrado a Milán. El realizador colaboró con el gran Nino Rota, que compuso una conmovedora banda sonora que nos hablaba de desarraigo, añoranza, violencia y dolor

04 ene 2019 / 06:25 h - Actualizado: 04 ene 2019 / 07:02 h.
  • Un momento del rodaje de ‘Rocco y sus hermanos’. / El Correo
    Un momento del rodaje de ‘Rocco y sus hermanos’. / El Correo

Entre los arcos y pináculos de Il Duomo de Milán, un joven enamorado abandona a su pareja invocando su deber de lealtad fraterno, mientras ella le intenta hacer entrar en razón, le implora y finalmente se marcha derrotada corriendo por la terraza panorámica de la catedral gótica, mientras las notas estremecedoras de la pieza de amor compuesta por Nino Rota siguen sus pasos. La secuencia descrita es una de las más dolorosamente bellas de Rocco y sus hermanos (1960), que sin ser la película más reconocida del maestro Luchino Visconti –ese puesto le corresponde a El Gatopardo (1963)- es la más desgarradora y lírica.

Este largometraje conservó algunos de los elementos que hicieron de Visconti un exponente del neorrealismo. Así, rodó en blanco y negro y en escenarios auténticos los avatares de seres desfavorecidos de la postguerra italiana, en este caso, una familia que ha emigrado a Milán procedente del Sur rural. Pero el realizador era un esteta y como tal era inevitable que fuera dejando atrás el movimiento neorrealista, para el que la belleza formal era algo secundario. Desde Senso, (1954), el cine de Visconti empezó a buscar sin complejos aturdir los sentidos de los espectadores melodramatizando relatos trágicos en los que realzaba la espectacularidad de las imágenes con piezas musicales sublimes. Pero su genialidad radicó en lograr una fusión armoniosa en la que daba tanta importancia a la profundidad narrativa y humana de sus historias sobre familias en crisis como al efecto sensorial. Fue un creador incansable, un perfeccionista obsesivo, un ser apasionado y temperamental y un refinado aristócrata cuyas inquietudes sociales e ideario marxista no le llevaron a renunciar a ninguno de sus privilegios de clase. Y su obra barroca e intimista a un tiempo fue fiel reflejo de su complejidad y sus contradicciones.

La obra más lírica y descarnada de Luchino Visconti
Visconti obtuvo el mejor trabajo de Alain Delon como el protagonista. / El Correo

Además de excepcional cineasta, nuestro milanés fue uno de los más aclamados directores de ópera del siglo pasado. Su experiencia en cada ámbito le llevó a potenciar el otro, aprendiendo la mejor manera de resaltar los elementos comunes a los dos mundos, poniendo el foco tanto en la interpretación como en el espectáculo, atendiendo a cada detalle del decorado, el vestuario, la iluminación y por supuesto la música. Estructuró «Rocco» como una ópera, dividiéndola en cinco actos en cada uno de los cuales otorgó especial protagonismo a uno de los hermanos de la familia Parondi, por orden de edad: Vincenzo, que ni siente ni padece ni cuestiona, pero al menos no hace daño a nadie; Simone, sin inteligencia ni virtud y cautivo de sus emociones primarias; Rocco, silencioso y rebosante de buenas intenciones pero inesperadamente tozudo y carente de sentido común; Ciro, práctico y dotado del seso que les falta a los otros y Luca, que quiere devotamente a sus mayores y tal vez aprenda de los errores de aquellos.

Los otros caracteres principales son la madre, con algunos rasgos del prototipo de la amante y temperamental mamma italiana, pero cuyo afán por mejorar de status le lleva a una excesiva indulgencia con las faltas de su prole. Y Nadia, la prostituta que enmascara su vulnerabilidad en desafiante seducción y que tiene la desgracia de ser el vértice de un triángulo obtuso con Simone y Rocco. El realizador sumó además otra protagonista a la historia, Milán. La capital lombarda fue representada por Visconti como un áspero y anónimo conglomerado de piedra, cemento y andamios que engulle despectivamente a los inmigrantes agudizando su instinto de supervivencia, desposeyéndoles de toda inocencia, endureciéndoles y alienándoles. La ciudad en la que había nacido el director salía tan golpeada en el relato, que las autoridades locales denegaron los permisos para filmar las escenas más duras de la historia y debió buscar escenarios alternativos. Tampoco salió favorecido el mundo del boxeo, metáfora de la urbe despiadada e insolidaria, que si bien proporcionaba una salida profesional a varios hermanos, contribuía al descenso a los infiernos de Simone y al cautiverio vital de Rocco.

La obra más lírica y descarnada de Luchino Visconti
El realizador puso el foco en la interpretación y en el espectáculo al mismo tiempo. / El Correo

El cineasta consiguió una interpretación soberbia de los actores. Para propiciar que se mantuvieran en el estado emocional necesario que requería cada secuencia, decidió utilizar simultáneamente tres cámaras para lograr una mayor continuidad de la grabación. Esto dificultó notablemente la labor del director de fotografía, Giuseppe Rotunno, que no sabía dónde colocar los focos. Pero el mismo estaba lleno de recursos y pudo complacer al cineasta y proporcionarle una iluminación que fusionó crudo realismo y exaltado melodrama. En ese contexto, Visconti obtuvo el mejor trabajo de Alain Delon como el protagonista, logrando que su mirada transparente y su sonrisa tímida transmitieran ternura, inocencia y bondad. La hazaña fue meritoria porque hay que tener en cuenta que el francés se pasaría luego la mayor parte de su filmografía mostrando un rostro inexpresivo y canallesco, de gélida mirada azul, en las antípodas del angelical Rocco. Annie Girardot estuvo aún mejor como Nadia, el personaje más complejo de la historia, pues nos permitió que no nos dejáramos engañar por su descarada desenvoltura y atisbáramos de acto en acto su inseguridad, su dolor y su resentimiento. Renato Salvatori hizo un buen papel como Simone, aunque tuvo que enfrentarse a un obstáculo narrativo. No quedó bien resuelta en el guion la evolución del personaje porque faltaron elementos que nos ayudaran a entender su radical transformación de joven perezoso, simpático y despreocupado en monstruo degradado por el egoísmo, los celos y la violencia.

No hay otros peros a esta obra maestra. Fotograma a fotograma, no deja de sorprendernos la armonía que se desprende de la combinación de composición y encuadre de las imágenes con la evocadora banda sonora de Nino Rota. La llegada de los Parondi a la estación de Milán, su despertar en la ciudad nevada, la irrupción de Nadia en sus vidas, los planos de la joven y Rocco en el café en el que él le anima a tomar las riendas de su existencia, la secuencia de Il Duomo... A partir del tercer acto la trama se va endureciendo y nos van noqueando las brutales escenas de violencia, que nos provocan la incómoda sensación de no querer mirar y sin embargo.... En su momento, esa crudeza sin concesiones causó un gran escándalo, por lo que sufrió el tijeretazo de la censura y el creador estuvo a punto de ser procesado.

La película plantea interrogantes respecto a la opinión del autor sobre Rocco, que, obsesionado con restaurar la unidad familiar, se empeña irracionalmente en salvar a su hermano a costa de sacrificar a Nadia y a sí mismo. ¿Condenaba sus actos porque consideraba reprobable el mensaje cristiano de ofrecer la otra mejilla, como muchos interpretaron? ¿O más bien lo que pretend explicarnos fue que la bondad, cuando no se dirige desde la razón sino desde un voluntarismo testarudo, puede ser terriblemente dañina? Cada espectador puede alcanzar sus propias conclusiones, pero lo que parece incontestable es que Visconti desdeñaba los errores de Rocco, pero no al personaje. Comprueben si no su aprecio por el mismo en la forma en la que fotograf el momento en que el joven le explicaba a Nadia su añoranza por su tierra o en cómo la cámara sigu al pequeño Luca cuando acariciaba con devoción y repetidamente la imagen de su hermano. Y rebobinen muchas veces.

La obra más lírica y descarnada de Luchino Visconti
Cartel de ‘Rocco y sus hermanos’. / El correo

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