jueves, 19 julio 2018
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Las grietas de Jara: Buen cine a pesar de todo

Suspense, pasión, maldad, mentira, miedo, aburrimiento, rutina, aventura... Todos estos son ingredientes de ‘Las grietas de Jara’, película argentina que llega a las pantallas este próximo mes de julio. Buen cine con sus claros y sus oscuros, pero buen cine al fin y al cabo. Forma parte del reparto Oscar Martínez y, sólo por eso, hay que ver la película

30 jun 2018 / 08:53 h - Actualizado: 29 jun 2018 / 14:08 h.
  • Joaquín Furriel no termina de encarnar con credibilidad a su personaje. / Fotografía cortesía de 39 Escalones
    Joaquín Furriel no termina de encarnar con credibilidad a su personaje. / Fotografía cortesía de 39 Escalones
  •  Sara Sálamo en una escena de la película. / Fotografía cortesía de 39 Escalones
    Sara Sálamo en una escena de la película. / Fotografía cortesía de 39 Escalones
  • Santiago Segura. / Fotografía cortesía de 39 Escalones
    Santiago Segura. / Fotografía cortesía de 39 Escalones
  • Cartel de la película. / El Correo
    Cartel de la película. / El Correo
  • Oscar Martínez soporta un enorme porcentaje del peso de la película. / Fotografía cortesía de 39 Escalones
    Oscar Martínez soporta un enorme porcentaje del peso de la película. / Fotografía cortesía de 39 Escalones

Si digo que en Argentina se hace buen cine no descubro nada que no se sepa desde hace años. Si digo que el espectador español suele disfrutar de ese cine tampoco descubro nada nuevo. Los códigos narrativos que se utilizan en Argentina son bastante similares a los que usan los realizadores españoles y se comparte algo fundamental como es el idioma. No es poca cosa.

Se estrena la película del realizador argentino Nicolás Gil Lavedra, un hombre que mueve bien la cámara y que es capaz de contar cosas con buen ritmo, con claridad expositiva, con sentido suficiente como para que el conjunto agrade. Las grietas de Jara es una película basada en la novela homónima de Claudia Piñeiro. Se encargaron de adaptar el texto el propio realizador y Emilio Torres. Habla de sueños por cumplir, de cómo responder a la pregunta ¿Por qué no yo?, de la rutina como máquina de destrucción de vidas humanas. La película habla de todo esto y de la mentira y la avaricia como vehículos que permiten llevar lo anterior a territorios diferentes.

Entretiene, gusta, posiblemente se olvida poco después, pero deja buen sabor de boca.

Oscar Martínez, Joaquín Furriel, Soledad Villamil, Sara Sálamo y Santiago Segura, forman parte del elenco. Oscar Martínez es un valor seguro. Hace que su personaje se convierta en el que vertebra el relato aunque debería ser otro diferente. Pero llena la pantalla en cuanto aparece. Sin este actor la película no hubiera funcionado con toda seguridad. Furriel no termina de rematar bien su trabajo. Cuesta trabajo creer lo que hace y nos cuenta. Villamil pasa casi desapercibida y Santiago Segura lo mismo. Sara Salamó, guapísima, cumple. Y, sin embargo, la película gusta. Y, por la misma razón, la película se olvida poco después.

Sin grandes alardes, Gil Lavedra busca encuadres curiosos y cierta elegancia al narrar. Lo consigue. La dirección actoral es mucha más deficiente. Y parece tener excesiva prisa al narrar. En concreto, el final le queda apresurado, atropellado; intenta dar un sentido al relato que ya se había ido intuyendo poco a poco. Las prisas no son buenas compañeras de viaje y en este caso no encontramos excepción. Lo mejor de todo es que el realizador deja que los personajes vayan por delante del espectador al conocer la trama. Cualquiera de esos personajes sabe más que nosotros desde el principio y nos arrastran hasta su territorio jugando con ventaja. El efecto, lógicamente, es de lo más atractivo puesto que el sentido está frente a nosotros sin que podamos agarrarlo salvo que hagamos un esfuerzo que enriquece la experiencia de ver una película de cine.

El montaje es interesante. Aunque no aporta nada nuevo, sí es verdad que trata el relato con gracia y nos invitan a ir y venir en el tiempo narrativo sin fallar con los tempos. Esto que parece muy fácil no es lo es. El resultado si se hace bien, como en este caso, es muy agradecido. Ahora bien, hay que decir que la trama es algo más previsible de lo que cabe esperar en una película de género. Si el espectador se para a pensar mínimamente lo que está viendo, puede intuir sin equivocarse qué es lo que va a pasar. Ahora bien, no plantea problema alguno puesto que la intuición no es lo mismo que la certeza y eso que descubrimos se termina convirtiendo en una especie de azucarillo que nos entregamos como premio por ser tan listos. Algo así.

Conviene echar un vistazo a Las grietas de Jara porque, a pesar de todo, la película gusta y, seguramente, funcione más que bien en salas de proyección. Sin ser la película del año y sin ser una muestra ejemplar del género, con todos sus defectos, termina siendo una buena película. Y eso es mucho decir dadas las circunstancias. Porque encontrar hoy una buena película (al margen de los clásicos) parece misión imposible. Al menos en el circuito más comercial.


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