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Las mejores novelas de la Historia (II)

‘El gran Gatsby’ es una novela fascinante aunque difícil de leer. La exigencia para el lector es alta. Pero no por su tono elevado sino por la necesidad de hacer una lectura sosegada y profunda. En la superficie de este texto no hay nada. Todo está oculto entre líneas

16 nov 2018 / 22:48 h - Actualizado: 17 nov 2018 / 11:22 h.
  • F. Scott Fitzgerald. / El Correo
    F. Scott Fitzgerald. / El Correo

Hay novelas que, siendo obras maestras, no terminan de gustar entre el gran público. Unas veces porque los tonos y los alientos son excesivos para el lector medio; otras porque la exigencia a ese mismo lector es extraordinaria y se le pide que realice un esfuerzo reflexivo que no todo el mundo está dispuesto a realizar; en muchas ocasiones y, curiosamente, en los lectores creen que les han dado gato por liebre y que eso que les han vendido como gran novela es un texto simplón y vacío. El caso es que para algunas grandes novelas, los espacios que pueden ocupar son especialmente reducidos.

Las mejores novelas de la Historia (II)

Uno de esos relatos excepcionales que no termina de gustar a muchos es El gran Gatsby, un texto que firmó F. Scott Fitzgerald.

Este es un relato que se suele leer mal, que se mira como la fotografía de una época llena de frivolidades y terrenos superficiales. Poco más que no fuera eso. Eso o pobreza y miseria de muchos contrapuesta a una vida extravagante, en todos los sentidos, de unos pocos. No hace falta decir que una lectura correcta del texto proporciona una de las experiencias literarias más atractivas que puede imaginar un lector cualquiera.

Como siempre sucede en la literatura del siglo XX, la clave, lo que no podemos pasar por alto, es el punto de vista o, lo que es lo mismo, el narrador utilizado. Este artefacto literario es fundamental. Porque todo narrador tiene una intención y en el caso de El gran Gatsby es esa intención lo que articula y condiciona toda la novela. Scott Fitzgerald hace un despliegue técnico deslumbrante alrededor de su narrador. Es impresionante.

Las mejores novelas de la Historia (II)
Mia Farrow y Robert Redford en una escena de la película que Jack Clayton rodó en 1974. / El Correo

Nick Carraway es el narrador personaje que nos contará la historia pasada y presente de Jay Gatsby. Pero lo hará (no seré muy explícito para no desvelar aspectos fundamentales de la trama) ocultando todo un campo semántico con el fin de no desvelar todo aquello que tenga que ver con su propia sexualidad y con la del resto de personajes. No le interesa y hace regates sin esconderse. Esto es algo vital puesto que, sin mentir, Nick ocultará aspectos para que la lectura se modifique radicalmente. El texto se inunda de detalles a tener en cuenta. Por ejemplo, el nombre de pila de Gatsby, Jay, ¿no se parece en exceso a gay? ¿Es casualidad? ¿Tiene algo que ver con el perfil del personaje? De estos hay muchísimos y obligan al lector a estar atento, a no dejar de mirar con atención.

Por otra parte, cualquier recurso posible es utilizado por el narrador para decir sin ser explícito, para sugerir. En este sentido, Scott Fitzgerald es honesto y respetuoso con el lector, entrega todo el espacio posible, sin apreturas, sin empujones.

Es cierto que la novela se salpica con personajes extravagantes, con fiestas disparatadas, con historias de amor imposibles o con materiales narrativos que buscan el suspense y una tensión más que apetitosa; pero eso no deja de ser anecdótico. Lo importante, lo fundamental, llega desde la voz narrativa.

Las mejores novelas de la Historia (II)
Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan en una escena de la versión del año 2013 dirigida por Baz Luhrmann. / El Correo

El relato se desarrolla bien y se resuelvo mejor. E incluye una de las elipsis mejor construidas de la historia de la literatura (Nick sale de una fiesta en compañía de un fotógrafo al que acaba de conocer y...).

Imprescindible, monumental, maravillosa.

Las adaptaciones al cine son bastante flojas. Las lecturas del texto original son superficiales, muy literales. En 1974, Jack Clayton filmó una versión a la que aportó su partitura el grandísimo Nelson Riddle. Tal vez, por escuchar esa música merece la pena echar un vistazo a la película. En 2013, Baz Luhrmann rodó una chapuza monumental y la partitura de Craig Armstrong hizo que el desastre fuese definitivo.


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