lunes, 10 diciembre 2018
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Los muertos vivientes al son del pop

La Navidad es un tiempo de recogimiento, de descanso, de reencuentro con seres queridos. Pero, también, de consumo, juerga y, por qué no, cine. Esta Navidad, que ya está llegando, nos regala una película divertida y loca, muy loca. Ya hay excusa para ir al cine

06 dic 2018 / 18:36 h - Actualizado: 06 dic 2018 / 19:57 h.
  • Ella Hunt encarna al personaje principal de la película. / El Correo
    Ella Hunt encarna al personaje principal de la película. / El Correo

En Navidad ocurren cosas extraordinarias. Puedes llevarte bien con los cuñados durante un par de días, comes gratis en casas ajenas, te besan y besas como si no hubiera un futuro, gastas cantidades improbables de dinero y, si la cosa se pone extraña, igual experimentas un apocalipsis zombi. Eso es al menos lo que nos cuentan en la película dirigida por John McPhail que han titulado Ana y el Apocalipsis (Anna and the Apocalypse, 2017). Solo lo de los zombis, el resto nos lo tenemos que imaginar. Y, además, lo hacen a ritmo de música pop muy juvenil, desenfadada y divertida (cada uno que interprete lo que le venga en gana).

Los muertos vivientes al son del pop
Ella Hunt y Malcolm Cumming son los protagonistas de la película. / El Correo

La hora y media de metraje es muy entretenida. Los conflictos que plantea son los propios de la adolescencia en cualquier lugar del universo conocido, las relaciones entre los personajes son previsibles y reconocibles, y el desarrollo narrativo es el esperado en una película de estas características que pretende tener, además, continuación.

Algunas escenas son verdaderamente graciosas. Son tan extravagantes que no puedes dejar de reír con ellas. La escena en la que los protagonistas se enfrentan a un muñeco de nieve zombi es mortalmente graciosa; o la del lavabo en la bolera. De verdad que se pasa un rato estupendo con la película.

Los muertos vivientes al son del pop
Los números musicales están bien compuestos y bien filmados. / El Correo

El director mueve la cámara con acierto y encuentra encuadres que van muy bien para que podamos disfrutar de los números musicales. La dirección actoral no es gran cosa porque, entre otras cosas, los actores y actrices no dan mucho más de sí. Ella Hunt y Malcolm Cumming defienden bien sus papeles; y Sarah Swire está divertidísima interpretando a un personaje malhumorado, en plena crisis existencial que encuentra en el aplastamiento de cráneos de muertos vivientes un antídoto a su estado de amargura incontrolable. El resto del reparto cumple con solvencia lo que se les pide.

Los maquilladores hacen un buen trabajo. Exageran mucho algunos rasgos para aportar el toque cómico adecuado. Y logran que los actores y actrices parezcan algo más jóvenes de lo que son y cuadren con sus personajes (es el eterno problema de la falta de experiencia de los súper jóvenes que son sustituidos por jóvenes a secas que dejaron de pisar el instituto ocho o nueve años antes). Vestuario y peluquería, bien.

Lo que nos cuentan en Ana y el Apocalipsis es cómo en un pequeño pueblo llamado Little Haven se vive la invasión inexplicable por parte de cientos de muertos vivientes. Los que no están infectados con un virus que convierte a las personas en zombis se dedican a dar matarile a los que ya andan con un hambre insólita y con malas intenciones por las calles del pueblo. Es decir, nos cuentan lo que viene siendo una historia de zombis. Eso sí, con bailes y canciones aquí y allá.

Las piezas musicales son agradables. Por ejemplo, Break Away, Turning My Life Around o Give Them A Show, gustarán. Las letras son relevantes. Hay que poner atención o leer los subtítulos.

Creo yo que es una buena opción para estas navidades. No será candidata a los premios Oscar, pero divertida es un rato.


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