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Los superhéroes y el genocidio cultural

Las películas de superhéroes se han convertido en los últimos años en las estrellas de la taquilla, pero no son pocas las voces que se alzan contra su omnipresencia y lo que se percibe como un declive de la calidad del cine americano de gran presupuesto. Pero, todo hay que decirlo, no todas las voces se alzan para lo mismo. Las hay que defienden este tipo de cine y las críticas que han recibido las películas de superhéroes suelen ser buenas

10 feb 2018 / 08:57 h - Actualizado: 05 feb 2018 / 15:44 h.
  • Los expertos dicen que tanta película de superhéroes es excesiva y fatiga al espectador. / El Correo
    Los expertos dicen que tanta película de superhéroes es excesiva y fatiga al espectador. / El Correo
  • Los superhéroes y el genocidio cultural
  • El principio de la presencia del cine de superhéroes en las salas lo encontramos con el estreno de ‘Iron Man’ el año 2008. / El Correo
    El principio de la presencia del cine de superhéroes en las salas lo encontramos con el estreno de ‘Iron Man’ el año 2008. / El Correo

En una entrevista reciente con la revista británica Radio Times, Jodie Foster hizo unas declaraciones un tanto polémicas acerca del estado de la industria del cine en Hollywood. Comparando los blockbusters americanos con el fracking afirmó que los contenidos de mala calidad que los estudios producen arruinan los hábitos de consumo de los espectadores americanos y, en última instancia, de todo el mundo, haciendo referencia específicamente a las películas de superhéroes. Esta opinión se une a otras que se han escuchado en años recientes acerca del género de moda en el cine de las grandes productoras, como la de Alejandro González Iñárritu, que en una entrevista llamaba a la prevalencia del cine de superhéroes «genocidio cultural». Críticos y comentaristas hacen hincapié en la cantidad excesiva de estas producciones que acaparan los éxitos de taquilla y la fatiga que pueden producir en los espectadores. Pero ¿cuánto hay de cierto en todo esto?

Sobre este último punto podemos establecer cifras concretas. El año 2017, en Estados Unidos, se estrenaron un total de ocho películas de superhéroes, la misma cifra que en 2016. En 2014, cuando Iñárritu se quejaba de la sobreexposición a estas películas, hubo seis. Pueden parecer muchas, pero pongamos un poco de perspectiva. Si volvemos la vista a los años 50 y 60 el género imperante en el cine americano era, probablemente, el western. De hecho, existen fuertes puntos de contacto entre estos géneros y no hay que olvidar que una de las principales fuentes de inspiración de los primeros tebeos de superhéroes está en personajes pulp de ambientación western, como El Zorro o el Llanero Solitario. Las cifras, no obstante, marcan una gran diferencia. Solo en 1950, se estrenaron 120 películas del oeste, incluyendo seriales. De hecho, aún en 2016 se estrenaron doce westerns. Por otro lado, a pesar de que el western fue muy popular durante muchos años, no copaba la taquilla como lo hacen las películas de superhéroes. En los dos últimos años la mitad de las películas de superhéroes estrenadas han entrado en el top ten en Estados Unidos. Cabe destacar aquí las diferencias entre la taquilla americana y la del resto del mundo. En España, por ejemplo, ninguna de las diez películas más taquilleras del 2017 ha sido una película de superhéroes, salvo que incluyamos Gru 3 en el género. En 2016 hubo una, Suicide squad, curiosamente tres puestos por debajo de El renacido, de Iñárritu, que, por cierto, es un western, aunque el propio director se haya empeñado en negarlo. Así que quizá nuestros hábitos de consumo aún estén a salvo.

Lo que todo esto parece indicar es que la sensación de exceso de películas de superhéroes no está justificada por su abundancia numérica sino, quizás, por su tiempo de exposición en los medios. Cada una de estas películas se considera un acontecimiento. Nos bombardean en internet y en la televisión con anuncios constantes sobre la llegada del siguiente estreno. Los tráileres empiezan a aparecer con meses de antelación, de modo que, cuando por fin llega, da la sensación de que llevamos viviendo con la película desde hace años. Está claro que todo esto puede producir un agotamiento en el público, especialmente en aquellos que no estén interesados en el género ni lo sigan de cerca, que tendrán la sensación de que salen películas de tipos en mallas todas las semanas.

Un tema muy distinto es el de la calidad de las películas de superhéroes. Es difícil obviar que, en su mayoría, los personajes de estas películas son más previsibles, menos complejos, en definitiva, menos reales, que los de otras películas más apreciadas por la crítica, lo que genera inevitablemente un déficit de empatía. Pero, ¿es esto diferente de otras superproducciones? ¿Es acaso mucho más complejo Luke Skywalker que Peter Parker? ¿Indiana Jones que Tony Stark? ¿James Bond que Clark Kent? Si nos situamos en un esnobismo muy europeo podemos denunciar como perjudicial para las mentes de los espectadores a todos estos productos hechos para el consumo masivo y decidir que solo las películas de arte y ensayo merecen realmente la pena, pero la realidad es que muchas de sus tramas y personajes son arquetipos que han estado con nosotros desde la antigüedad y, en última instancia, su aportación a la cultura depende no ya de que se usen, sino de cómo se usen. Antes de la actual oleada de películas de superhéroes, cuyo comienzo podemos poner a primeros del presente siglo (con un acelerón desde el estreno en 2008 de Iron Man, y con ella del universo Marvel), entre los grandes éxitos de taquilla teníamos películas como Independence day (1996) o Armageddon (1998). Estas películas eran igual de grandes y banales que muchos de los espectáculos cinematográficos actuales, pero quedan muy lejos de los mejores ejemplos del género superheroico como El caballero oscuro (2008) o la reciente Logan (2017), película que bebe de nuevo de las fuentes del western y que ha conseguido colarse ni más ni menos que entre las nominadas a mejor guion adaptado en los Óscar de este año. Si los hábitos de los espectadores de cine han empeorado en algún momento es difícil echarle la culpa a Kevin Feige, presidente de Marvel Studios, más que a Roland Emmerich o a Michael Bay. Si nos empeñamos en apuntar a alguien como culpable del auge de las franquicias industriales y la relativa decadencia de un cine más personal, podemos volver la vista a los años 70 y señalar a dos personas: Steven Spielberg y George Lucas. Tras unos años en que el Nuevo Hollywood encontró el favor del público con propuestas artísticamente más arriesgadas, Tiburón (1975) y La guerra de las galaxias (1977) recordaron a los espectadores lo que era simplemente dejarse llevar de nuevo por una aventura épica en la pantalla y los grandes estudios siguieron por ese camino. Que Michael Cimino arruinara a United Artists con La puerta del cielo (1980) tampoco ayudó, claro.

En cualquier caso, las voces críticas no son las únicas que se oyen. En 2015, en una entrevista con la revista Rolling Stone, Paul Thomas Anderson, director de El hilo invisible, y no vinculado hasta la fecha a ninguna producción del género, ante una pregunta acerca de las quejas constantes de que en Estados Unidos solo se hacen películas de superhéroes, respondía: «No recuerdo ningún año en los últimos tiempos en que hubiera menos quejas acerca de la calidad de las películas. ¿Y qué tienen de malo las películas de superhéroes? No lo sé. Estás hablando con alguien a quien le gusta ver esas películas». De hecho, la acogida de la crítica americana ha sido principalmente buena. Según las cifras de la web recopilatoria Rotten tomatoes todas las películas del universo Marvel (diecisiete hasta la fecha) han recibido una mayoría de críticas positivas.

Si, a pesar de todo, les agobia la abundancia del género, recuerden que este año solo nos esperan diez películas, que sepamos, incluida nuestro propio estreno, Superlópez. Pueden disfrutar de las otra ciento noventa.

¿Es acaso, como personaje, mucho más complejo Luke Skywalker que Peter Parker?. / El Correo


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