miércoles, 18 julio 2018
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Magallanes y Elcano se apuntan al teatro

En «El Deseado. Una guardia en cubierta» la compañía sevillana La Contenida recrea uno de los episodios más fascinantes de la historia, el viaje de Magallanes y Elcano, catalogado como «primer hito global de la humanidad» por el rey Felipe VI, y que en 2019 celebrará su V Centenario con la consideración de asunto de Estado

23 jun 2018 / 08:29 h - Actualizado: 22 jun 2018 / 07:16 h.
  • Juan Collantes de Terán interpreta a Pedro. / Foto Antonio Puente Mayor
    Juan Collantes de Terán interpreta a Pedro. / Foto Antonio Puente Mayor
  • Juan Collantes y Pedro García en un momento de la actuación. / Foto Antonio Puente Mayor
    Juan Collantes y Pedro García en un momento de la actuación. / Foto Antonio Puente Mayor
  • Los dos protagonistas de ‘El Deseado’. / Foto Antonio Puente Mayor
    Los dos protagonistas de ‘El Deseado’. / Foto Antonio Puente Mayor
  • Pedro García Mendoza interpreta a Tomás. / Foto Antonio Puente Mayor
    Pedro García Mendoza interpreta a Tomás. / Foto Antonio Puente Mayor
  • Un momento de la tragicomedia ‘El Deseado’. / Foto Antonio Puente Mayor
    Un momento de la tragicomedia ‘El Deseado’. / Foto Antonio Puente Mayor
  • Cartel de ‘El deseado’. / El Correo
    Cartel de ‘El deseado’. / El Correo

«Llegamos a un río que llamamos de las Sardinas, a causa de la inmensa cantidad de este pescado que allí vimos. En ese lugar fondeamos para esperar a las otras naves, y estuvimos cuatro días; aunque durante este tiempo se despachó una chalupa bien equipada para ir a reconocer el término de este canal, que debía desembocar en otro mar. Los tripulantes de esta embarcación regresaron al tercer día, anunciándonos que habían visto el cabo en que concluía el Estrecho, y un gran mar, esto es, el Océano. Todos lloramos de alegría. Este cabo se llamó el Deseado, porque, en efecto, desde largo tiempo ansiábamos por verlo». Este párrafo, recogido en la obra Primer viaje alrededor del Globo, del italiano Antonio Pigafetta, resume parte de las sensaciones que debieron experimentar los tripulantes de la flota de la especiería en noviembre de 1520. Esta había zarpado quince meses atrás desde el sevillano puerto de las Muelas rumbo a los confines del mundo. Al frente de la expedición se hallaba Fernando de Magallanes, un experimentado navegante nacido en la villa portuguesa de Sabrosa que tras ser rechazado por el monarca luso había logrado convencer a un joven Carlos I de España para llevar a cabo su arriesgada empresa. Esta consistía en hallar un paso por occidente hacia las islas Molucas (actual Indonesia), lugar del que procedían algunas de las especias más apreciadas de Europa: caso del clavo, la nuez moscada, la canela o la pimienta. La razón de esta incierta travesía era evitar la ruta controlada por Portugal desde el Tratado de Tordesillas, así como probar que dichas islas se encontraban en el hemisferio castellano. En suma, una auténtica «revolución cartográfica», según el escritor y periodista Gabriel Sánchez Sorondo. Sin embargo, desde los primeros días de navegación, Magallanes vio como su gran proyecto era víctima de todo tipo de problemas. Sin ir más lejos, la oposición de gran parte de los oficiales castellanos a que un portugués liderase una armada con enseña española. Algo que le provocó innumerables dolores de cabeza y que desembocó en graves episodios de rebeldía que a punto estuvieron de truncar el viaje. Y es que la aventura de la Primera Vuelta al Mundo —una gesta que el almirante ni siquiera se planteó y que fue concluida a su muerte gracias a Juan Sebastián Elcano— abarca tres años, recorre los tres grandes océanos del mundo y toca o contornea todos los grandes continentes. Es decir, a grandes rasgos es considerado «el primer hito global de la humanidad», según el monarca Felipe VI.

Retorno a la nao Victoria

Dentro del extenso programa de actividades que se prepara para conmemorar el V Centenario de la Circunnavegación de la Tierra (1519-1522), y que abarca congresos, exposiciones y hasta una gran producción cinematográfica, no podía faltar el teatro. De ahí que esta primera aproximación por parte de La Contenida, compañía sevillana responsable del éxito El hombre que esculpió a Dios, sea recibida como agua de mayo por varias razones. En primer lugar por adelantarse a la pléyade de propuestas que surgirán a partir del próximo mes de enero, y además por haber elegido un marco inédito a la par que sugerente para presentar su montaje. Nos estamos refiriendo a la Torre Mirador del Pabellón de la Navegación —también conocida como Torre Schindler—, donde únicamente 35 asistentes podrán disfrutar de cada uno de los pases de El Deseado. Una guardia en cubierta. Es esta una obra escrita en clave de tragicomedia por Juan Collantes de Terán, en la que se nos narran las peripecias de Pedro y Tomás, dos marineros de la nao Victoria, que montan guardia a las puertas de lo que podría ser el estrecho que tanto tiempo llevan buscando. Un pasaje que les permita llegar al Mar del Sur descubierto por Vasco Núñez de Balboa en 1513 y continuar su camino hacia las Islas Molucas en busca de la especiería.

Las claves del espectáculo

Sobre la gesta de Magallanes y Elcano se han escrito infinidad de artículos, tesis y libros —desde la Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles, de Martín de Navarrete (1853), hasta la hermosa Magallanes. El hombre y su gesta, de Stefan Zweig (1937)—, aunque han sido pocas sus adaptaciones al teatro, seguramente por las dificultades argumentales que conlleva. De ahí que debamos valorar aún más este ejercicio de La Contenida. Un espectáculo en el que dos únicos actores, Pedro García Mendoza y el propio autor de la obra, Juan Collantes de Terán, se enfrentan al juicio de los espectadores frente al mismo río que descendiera la flota en 1519. Y es a través de ellos, los jóvenes marineros de la nave Victoria, como conocemos algunas de las peripecias más jugosas de la expedición: desde los cambios de derrotero a las tempestades, de los anhelos a las decepciones, de los sueños de gloria a la completa desesperación. Así, el hermoso texto de Collantes no escatima en detalles extraídos de los diarios de Pigafetta, Albo y Ginés de Mafra, pero a su vez posee la capacidad de ir más allá, logrando que los sobresalientes de esta particular armada —esto es los propios espectadores— sientan en sus carnes las alegrías y frustraciones de estos pobres diablos. Para ello, ambos actores nos brindan una breve pero intensa recreación que nos permite conectar con la épica magallánica de un modo cercano y poético, y que remite por momentos al teatro de Buero Vallejo, Max Aub y Alonso de Santos. O lo que es lo mismo, haciendo uso de aquella «artesanía del intérprete», que definiera Amelia de la Torre, para lograr que el público sienta, ría y se emocione ante la expectativa de explorar lo inexplorable. Amén del libreto y las excelentes interpretaciones de García y Collantes, El Deseado posee otras virtudes, como el hecho de representarse en el mismo espacio donde se ubicó la réplica de la nao Victoria durante la Expo 92, o que el público entre en contacto directo con la historia a una altura de 65 metros. Y es que sólo por disfrutar de esas vistas de Sevilla merece la pena enrolarse en la aventura. En el apartado técnico hemos de mencionar a Julián Valladares y Antonio Villar —este último también encargado de la dirección artística—, quienes logran hacer magia con muy poco, así como a Mariano Mejías, por su colaboración en la voz en off. Tras su estreno del pasado jueves, el espectáculo de La Contenida podrá verse nuevamente el 28 de junio en dos pases de treinta minutos (a las 21:15 y a las 22:15), y las pocas entradas que quedan pueden adquirirse en Entradium.com. No obstante es deseo de la compañía ampliar las funciones a lo largo del verano.


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