domingo, 16 diciembre 2018
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María Teresa León no es una sombra

María Teresa León y Goyri no sólo fue esposa de Rafael Alberti. Fue una mujer luchadora, comprometida y rebelde que no consiguió hacerse con un merecido hueco en nuestra sociedad. Siendo joven se empeñó en estudiar, en llorar, en leer libros que una señorita no debía tocar. Fue defensora activa de la II República intentando, además, que el arte se convirtiera en una forma de propagada republicana. Murió enferma de Alzheimer.

10 mar 2018 / 10:50 h - Actualizado: 05 mar 2018 / 22:18 h.
  • Retrato de María Teresa León. / El Correo
    Retrato de María Teresa León. / El Correo
  • María Teresa León luchó contra el Alzheimer y no pudo concluir su «Memoria de la Melancolía». / El Correo
    María Teresa León luchó contra el Alzheimer y no pudo concluir su «Memoria de la Melancolía». / El Correo

Hace un par de meses estuve dando una charla en un instituto de Badajoz (un abrazo a los alumnos del Bioclimático) en relación a varias mujeres pertenecientes a la generación del 27. Una de las alumnas me preguntó en varias ocasiones por María Teresa León. No la había incluido en la charla y me sentí mal. Vengo a enmendar mi error con este artículo que posiblemente desmerezca a la protagonista.

María Teresa nació en Logroño en 1903, su padre era militar y aunque su madre era ama de casa, tenía un temperamento que no le permitía aceptar la desigualdad hacía la mujer y las injusticias sociales. Su tía era María Goyri y Goyri una de las primera mujeres españolas que se doctoró en filosofía y letras. Tanto la familia materna como la paterna provenía de la alta burguesía y durante su infancia estuvieron viajando por buena parte de España a causa de los cambios de destino de su padre.

Desde pequeña demostró ser una ávida lectora de libros que parecían adecuados para su edad: Diderot, Víctor Hugo, Dumas, Galdós. Poco a poco María Teresa va mostrando una personalidad poco ajustada a lo que se esperaba de una señorita, hasta el punto de que fue «expulsada suavemente del colegio del Sagrado Corazón, de Leganitos, de Madrid, porque se empeñaba en hacer bachillerato, porque lloraba a destiempo, porque leía libros prohibidos». Sí, María Teresa quería estudiar más allá de los catorce años, ¿os dais cuenta?

Sin embargo, algo que se parecía al amor se cruzó en su camino y, con diecisiete años, se casó con Gonzalo de Sebastián, con quien tuvo dos hijos: Gonzalo y Enrique. El matrimonio no fue lo que María Teresa esperaba, su marido le obligaba a llevar una vida que no deseaba. Permaneció con él hasta la muerte de su padre y después decidió abandonarlo con el consiguiente escándalo familiar (estamos hablando de los años veinte). Gonzalo se quedó con el único hijo que tenían entonces, se lo llevó a Burgos prohibiendo a su mujer que lo visitara. Un secuestro parental en toda regla que entonces ni se percibía, ni se concebía como tal. Cuando el niño enfermó de meningitis y ella sufrió un profundo desgarro, no le permitían verlo más que unas horas. El chantaje estaba servido: si quieres ver a tus hijos tendrás que regresar con tu marido... Y así fue, María Teresa regresó con Gonzalo, sucumbió (temporalmente) a un matrimonio infeliz. Comenzó a escribir en el Diario de Burgos, bajo seudónimo, mostrando una incipiente búsqueda de justicia social, poniendo de manifiesto la enorme sinrazón de un sistema ideado para proteger sólo al hombre. Durante esta época nace su segundo hijo y el matrimonio permanece unido hasta 1928, fecha en la que se produce la ruptura total de la pareja, después de regresar de un viaje a Buenos Aires.

Una vez separada se instaló en casa de sus tíos María Goyri y Gregorio Menéndez Pidal y entró en contacto con los jóvenes intelectuales del momento, acude al Lyceum Club Femenino, su vida va abriéndose poco a poco... sin sus hijos. En 1930 conoce a Rafael Alberti y su existencia da un vuelco radical. Alberti que había mantenido una relación tormentosa con Maruja Mallo, sintió una atracción feroz por María Teresa (que por otro lado era guapísima). Una mujerseparadamadredelamorhermosoooooo, imaginaos el escándalo que se organizó (aún sin redes sociales). Vivían juntos y comenzaron a colaborar en sus respectivas obras. Rafael ilustraba cuentos de ella y Teresa lo ayudaba con una obra de teatro.

La Segunda República le permitió divorciase de su primer marido, lo hizo y se casó con Rafael. El Gobierno de la República les concedió una subvención para que pudieran estudiar el movimiento teatral europeo, viajando por Europa y visitando por primera vez la Unión Soviética, donde entran en contacto con la ideología comunista vigente. Adoptan una actitud más activa a la lucha en pro del comunismo y en contra del fascismo. En los años treinta la lucha que se cernía estaba escenificándose en las calles: radicales de uno y otro sector se enfrentaban a diario enrareciendo la convivencia entre los ciudadanos.

En 1933 el matrimonio se afilió al Partido Comunista crearon la revista Octubre: órgano de los escritores y artistas revolucionarios, que dirigieron durante un año. Ella comienza a incluir su ideología en lo que escribe, siguiendo la doctrina del soviet. También comienza una colaboración constante con el Heraldo de Madrid.

En 1934 viajan nuevamente a la Unión Soviética para asistir al Primer Congreso de Escritores Soviéticos. Es entonces cuando se produce la Revolución de Asturias y se les recomienda no regresar a España por la dura represión con la que estaba actuando el gobierno del CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Permanecieron temporalmente en París. Mientras, el gobierno ordenó el registro de su vivienda en Madrid, en el que acabó siendo detenida la madre de María León, Olivia Goyri. Durante este exilio el matrimonio se propuso recaudar fondos para los mineros asturianos y visitaron Estados Unidos, Cuba Nicaragua, México... dando a conocer la situación de represión de los mineros.

Regresan a España algún tiempo después y aquí permanecen hasta que estalla la guerra en 1936. El alzamiento golpista los sorprende en Ibiza, tienen que salir huyendo y esconderse más de veinte días en el monte, posteriormente regresarían a Madrid. María Teresa se centró a la defensa de la República con todos los medios a su alcance. Junto a su marido y a Timoteo Pérez Rubio (gran pintor extremeño esposo de Rosa Chacel) se encargaron de gestionar y salvaguardar las obras del Museo del Prado, Illescas y El Escorial, que podían ser destruidas por los bombardeos.

Teresa fue nombrada secretaria de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y fundan la revista El Mono Azul que era una manera más de lucha contra lo que se venía encima. Dirigía obras de teatro en las que no dudaba ocupar cualquier papel que fuera necesario. Todo para lograr conseguir que el arte tuviera una misión propagandística a favor de la República.

Tras la derrota llegó el exilio que vivieron en Oran, Argentina o Italia, y que los silenció durante mucho tiempo, especialmente a ella que pasó a ocupar el fastidioso cargo de «mujer de». Méritos no le faltaban a Teresa León para brillar por sí misma. Sin embargo su voz deja de llegar al público, que sólo escucha los poemas de su esposo. Y eso, aunque no dejó de trabajar como traductora, ni de publicar o escribir. En 1941 nació en Argentina su hija Aitana, una de las grandes defensoras de la obra de su madre.

El olvido en el caso de María Teresa es más duro de lo habitual, pues no sólo nosotros la olvidamos, sino que ella se olvidó a sí misma. Afectada por el Alzheimer (posiblemente ya lo estaba a su regreso a España en 1977) fue ingresada en una clínica donde pasó los últimos años de su vida, dicen que sin recibir la visita del que fue el amor de su vida. Habría dado igual porque seguramente no lo habría reconocido. El olvido es la peor de las enfermedades que nos acechan, nos hace perder todo lo que fuimos, somos y nos priva de lo que podríamos ser. En 1988 fallecía Teresa León, su cuerpo, por fin, descansó.

A pesar de la tristeza que me provoca constatar el olvido una y otra vez, aún tengo esperanzas. Tengo esperanza de que haya más adolescentes como esta de Badajoz, que pida saber de Teresa León, de Rosa, Maruja o Concha. Adolescentes que nos salven de nuestro olvido y nuestra ignorancia.


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