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Miguel, I need a hero

La relación con la obra literaria más grande de todos los tiempos puede ser amable o una tortura. Todo depende de la edad del lector, del enfoque personal, de lo que se busque en cada página.

19 mar 2016 / 12:01 h - Actualizado: 15 mar 2016 / 12:51 h.
  • Miguel de Cervantes. / El Correo
    Miguel de Cervantes. / El Correo
  • En 1580, el pintor veneciano Andrea Vicentino pintó un cuadro sobre la Batalla de Lepanto, de gran realismo. / El Correo
    En 1580, el pintor veneciano Andrea Vicentino pintó un cuadro sobre la Batalla de Lepanto, de gran realismo. / El Correo

Escribir sobre Miguel de Cervantes me paraliza. Las manos no responden y los dedos se niegan a teclear. Es lo más parecido a tener un nudo en la garganta que puede sucederte mientras escribes. El mito de Cervantes es un muro que no puedo superar. Es demasiado grande.

No obstante, no siempre tuvimos una relación de vasallaje tan acusada. Lo nuestro comenzó de una manera más sencilla. Como todos los que nacimos en los años setenta, mi primera relación con Cervantes fue a través de aquella maravillosa serie de dibujos animados Don Quijote de la Mancha y del álbum de cromos que Danone creó. Puse a toda mi familia a comer los dichosos yogures para conseguir la colección y durante varios meses mi pobre abuela se vio obligada a cambiar de marca (ella era más de Yoplait y Clesa) para darme gusto. Los fines de semana, después del telediario de mediodía me moría de risa viendo a Alonso Quijano enfrentarse a los molinos, siendo manteado, o dando mandoblazos a diestro y siniestro. Me sentía tan cercana a los protagonistas del Quijote, como los niños de hoy pueden estarlo con los de Hora de Aventuras o Bob Esponja. Las magistrales voces de Fernando Fernán Gómez y Antonio Ferrandis pasaron a formar parte de mis recuerdos infantiles. Aquella fue una gran serie y logró que toda la familia se acercase a la primera novela moderna, la obra más publicada en el mundo después de la Biblia, sin complejos, con entusiasmo.

Mi amor por El Quijote continuó durante la primera etapa de mi educación, hasta llegar al instituto... Ahí se torció todo y Cervantes se convirtió en un gigante, un coloso, un molino de viento al que fue necesario enfrentarse durante dos años. Una labor ardua, no sé si por mi incompetencia o porque mis profesoras de literatura de aquellos años no consiguieron hacerme llegar el mensaje. La lectura obligatoria del Quijote durante segundo y tercero de bachillerato fue una de las experiencias más traumáticas que he tenido como lectora. Me convirtieron en un bichito que miraba los clásicos con recelo y, en ocasiones, con abierta hostilidad.

Sin embargo no quiero dejar a Cervantes en la cuneta, me miro en el espejo del mundo anglosajón. Admiro como retoman y reinventan sus clásicos. Recrean la obra de Shakespeare y su vida con un éxito, en ocasiones, inexplicable, porque diréis lo que queráis pero aquel Shakespeare enamorado era un rollo y lo vimos todos. Y no digo que la vida del inglés no sea interesante, pero si alguna da para filmar varias películas de acción intensas, es la de Miguel de Cervantes.

No sólo es que durante su infancia y juventud recorriese buena parte de España e Italia gracias, en parte, a las deudas de su padre. Sino que tuvo unas aventuras memorables como soldado. ¿Estuvo Shakespeare en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros? No. Allí, en Lepanto, estuvo Miguel dándolo todo. Afortunadamente no murió, pero resultó herido por dos arcabuzazos (en el pecho y en la mano izquierda). Pues bien, a pesar de esto, no desistió de ser soldado y tomó parte en más expediciones navales contra los turcos: Navarino, Corfú, Túnez. Sólo con esto ya se montaban los americanos un peliculón que nos tendría con los pelos como escarpias cinco años.

Sin embargo no quedó ahí la cosa, como en toda película épica que se precie, la suerte de nuestro héroe puede empeorar y por supuesto, lo hizo. Cuando regresaba a España en la galera Sol fue apresado por los turcos y llevado a Argel como cautivo. Lejos de someterse protagonizó cuatro intentos de fuga y llegó a renunciar en una ocasión a ser liberado, para que lo fuera su hermano Rodrigo, que permanecía cautivo con él. En el culmen de la heroicidad, se responsabilizó personalmente de todos los planes fallidos, arriesgando su integridad para favorecer a los demás presos. La historia nos dice que fue rescatado in extremis, por los padres trinitarios cuando se encontraba en una galera, a punto de ser enviado a Constantinopla, cargado de cadenas.

Sé que hay muchas formas, seguramente más adultas y profundas de reconciliarse con Cervantes y su obra, pero a mí esta visión épica me fascina y es que a todos nos gusta de vez en cuando darnos un baño en el cine de acción aunque lo tachemos de frívolo. Lo diré bien alto a ver si alguien se deja llevar y filma la película: Miguel, I need a hero. Necesito un héroe como tú.


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