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Muros y guerras en un pasado que es presente

Desde el 16 de abril y hasta el 22 de mayo en el Teatro Español de Madrid puede verse la obra Numancia, de Miguel de Cervantes, en la versión de Luis Alberto De Cuenca y Alicia Mariño, y dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente. Más Cervantes sobre las tablas.

23 abr 2016 / 12:15 h - Actualizado: 18 abr 2016 / 09:26 h.
  • Un momento de la representación de Numancia. / El Correo
    Un momento de la representación de Numancia. / El Correo

Es una apuesta interesante la del Teatro Español por Numancia para homenajear a Cervantes. Será porque Numancia nos pone la realidad y la actualidad ante nosotros, espectadores, cuando vemos esta obra que de lo que habla es del abuso del poder, por un lado, y un pueblo que no se rinde y que luchará por la libertad conservando intacto hasta el último minuto el valor fundamental: la dignidad. «No hay libertad sin dignidad», dice el texto. Y sobre este principio actúan los numantinos frente a los romanos.

Los han encerrado, han levantado un muro que los aprisiona. Los numantinos están privados de libertad y pasan hambre. Intentan dialogar con los romanos y llegar a algún acuerdo pero el tirano es sordo. Los hombres se juntan en asamblea para decidir qué hacer, pero aparecen las mujeres que imploran menos sacrificios. Sin embargo, Numancia lo tiene claro: prefiere morir con dignidad que en manos del enemigo. Es un acto heroico y revolucionario que inscribe el valor de la dignidad ante todo y, en este sentido, derrota al enemigo.

La adaptación de De Cuenca y Mariño conserva el texto en versos. Es una decisión formal que alcanza su punto más bello y conmovedor en los parlamentos recitados a dúo. El vestuario, de Almudena Huertas, y la escenografía, de Alessio Meloni, son dos de los grandes aciertos de la puesta en escena. En unas telas translúcidas se proyectan imágenes que acentúan el horror y la tragedia: alambres de púa, entre otras proyecciones, que nos recuerdan que los muros son reales, no ficticios; que no es solo Numancia el pueblo encerrado ni los numantinos los únicos que mueren de hambre; que en el mundo actual los muros también matan (el documental Muros de Pablo Iraburu es un excelente trabajo cinematográfico al respecto); y que el enemigo es mucho más que un solo bando identificado por su lugar, como son los romanos. A los audiovisuales, a cargo de Miquel Ángel Raió, sumo la iluminación, de José Manuel Guerra, para terminar de señalar todo un trabajo de aciertos en la puesta en escena de esta obra que, como tantas otras, vuelve a ponernos la actualidad de frente venciendo todos esos años que nos separan del texto original, como si el pasado fuera siempre presente.


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