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Neni Salvini: Los muros por derribar

Los 92 años que suma la poeta Neni Salvini no le han restado ni lucidez, ni una mirada clara y alegre, ni esa actitud casi detectivesca que un escritor no debe nunca abandonar. Concha García entrevista a una poeta importante que nació en Italia y emigró poco después para construir su vida en Río de Janeiro. Pensó que en el mundo había muchas palabras y no era necesario añadir más. Pero nos dejó su poesía.

13 may 2017 / 12:57 h - Actualizado: 11 may 2017 / 00:43 h.
  • Neni Salvini: Los muros por derribar
  • Neni Salvini: Los muros por derribar
  • Un momento de la entrevista. A la izquierda, Neni Salvini. / El Correo
    Un momento de la entrevista. A la izquierda, Neni Salvini. / El Correo

Neni Salvini nació en Carrara (Italia) en 1925; a los tres años se trasladó con su familia a Río de Janeiro donde estudió Filosofía y Letras. Fue profesora en la Universidad Santa Úrsula en Río de Janeiro y publicó los poemarios: Mar Longe (Mar lejano) y Sinos de Areina (Campanas de arena). Se trasladó con su marido, el arquitecto Fernando Tabora a Caracas en 1965 y durante 18 años impartió la Cátedra de Literatura Brasilera en la UCAB. Vive discretamente en Barcelona desde hace dos años, con su hija, la fotógrafa Carla Tabora y su familia. Emigrar no se elige, muchos son los condicionantes para que las personas tengan que irse de su país. En su casa del barrio de Vallcarca, en Barcelona, detrás del Parque Güell, la vegetación es más abundante que en las áridas aceras de otros barrios. Al llegar me encuentro en la casa con Juan Pablo Roa, poeta y editor colombiano instalado en Barcelona. Juan Pablo ha descubierto la poesía de Neni gracias a su librería Animal Sospechoso, ubicada en el barrio de Gracia. Están también Carla Tabora, Laurent Godel, arquitecto y esposo de Carla, y Cristina Guzmán, librera y editora venezolana. «Siempre que se sale, ya una no es del lugar que dejó», dice Neni. Sus 92 años no le han quitado lucidez, ni curiosidad, ni el brillo de los ojos.

Comienzo preguntándole si la poesía remite siempre a la infancia, sobre todo la que escribe ella.

«No es fácil hablar sobre ello. Cuando una es infante, la vida pertenece a otras personas que deciden si marchas o te quedas. La elección empieza a desarrollarse más tarde y es entonces cuando tomas decisiones. Mi familia se trasladó a vivir a Brasil, al otro lado de la Bahía de Río de Janeiro, donde mi papá tenía obligaciones pues era ingeniero. Me case con el arquitecto Fernando Tabora, decidimos ir a vivir a Venezuela y ahora estoy al lado de mi hija.

Mis libros publicados están en idioma portugués.Yo fui a Brasil a los 3 años y la evocación fue a través del idioma. En la universidad estudié el castellano, todo estaba muy determinado para el estudio del español, leíamos a Calderón y Quevedo, todo de acuerdo a un programa.

Mis lecturas fueron muchísimas. Una mezcla entre la narrativa y la poesía, el teatro, el ensayo... Todo está mezclado con el crecer de una».

Su poesía, no se puede reducir a unas explicaciones, la búsqueda de la palabra mediante la propia palabra se convierte en indagación, la misma que tuvieron otros grandes poetas, aunque ella es muy discreta. A un lector joven qué le dirías, le pregunto y responde pensando.

«Llegar a la poesía no desmenuzándola y analizándola. La poesía siempre ha sido difícil, pero justamente es el único chance que pretenciosamente queremos conocer, que es la búsqueda interior. Es un misterio. Cómo combina una palabra con la otra, cómo se encuentra la palabra que exprese el verso, eso es la poesía».

¿Cualquiera puede escribir poesía?

«Hay una vocación hacia el misterio de la palabra, esa vocación es la respuesta. Supongo que alguien que descubra a Dante no va a dudar nunca de que él realmente era un poeta, entonces, los demás somos pequeña cosa.

La duda siempre te persigue, cuando el poeta se encuentra con su duda y encuentra la definitiva, encuentra como un muro que hay que deshacer, es difícil expresar la poesía, una puede estar sentada en una oficina y a la vez estar trabajando la palabra».

Huellas místicas que recuerdan las de otras poetas de su generación como Ida Vitale. Parecen compartir el mismo cielo estrellado. La constatación de una trascendencia, una búsqueda no limitada, que no es religiosa. Es el misterio a través de la palabra. No es trascendencia hacia Dios, sino hacia la propia palabra.

«El idioma es una piedra para la poesía. Por ser tan importante, la expresión es importante», me dice.

«Es a través de ese más allá que existe la expresividad interior, la posibilidad de comunicación. La búsqueda mística a través de San Juan y Santa Teresa».

El segundo libro Campanas de arena, lo escribió dos años después, en él evoca toda la vida que empieza a sonar desde el primer momento, como es una campana que suena, pero no alcanza a todos porque la campana es de arena. El ritmo hace sonar los poemas. El poema es también ritmo.

No se ha traducido todavía su poesía tan excelente al castellano.

«Dejé la escritura y la duda fue mayor. Yo me sentí humildemente que estaba invadiendo un campo que yo no alcanzaba. Era mayor de lo que yo podía hacer y entonces dejé de escribir. Yo me sentía muy unida a Rilke que pasó tantos años sin escribir, ¿pretenciosa, no?»

No, pretenciosos somos quienes seguimos escribiendo.

«No permití que se desarrollara el narcisismo de ser escuchada. Durante mi vida escribí muchos poemas, pero no los publiqué, los guardé».

«A mi madre - dice Carla- lo que le pasó le pasaba a muchas mujeres entonces, el gran amor era su esposo. Se llenaban mucho recíprocamente, y vivieron esa gran aventura del amor. La vida de la pareja y de los hijos fueron una vocación muy grande». Neni añade: «Me parecía que había tantas palabras en el mundo que no hacía falta añadir más palabras».

Neni se entusiasma y recuerda. Le pregunto si conoció a Elizabeth Bishop. Su marido estuvo trabajando con Maria Carlota de Macedo, «Lota», la compañera de la poeta norteamericana, en la creación del Parque do Flamengo. Sí la conoció, aunque confiesa que no la había leído.

«Ella vivió muchos años en Ouro Preto, una ciudad colonial barroca. Daba clases de poesía contemporánea brasileña. Conocí a Clarice Lispector. Cuando entramos en contacto estaba muy enferma, yo la he leído muy bien, una de las personas que conoce mejor su obra», dice la editora. «Ella era su aventura interior, era extraordinaria, su descubrimiento del mundo que devolvía en literatura era de verdad insólito en Brasil, aunque la literatura brasileña tenía mucha importancia; ella era nueva y única, estaba fascinada. Tenía mucha obra. Escribía de una forma interesante, sentada y sobre las rodillas escribía con una máquina de escribir, todo en ella era interesante, tuvo un hijo muy enfermo...»

La conversación se alargó hasta bien entrada la noche. Carla sacó una carpeta llena de originales, algunos versos estaban tachados y re escritos, sentí que estaba ante verdaderos documentos. Las traducciones las hace Carla, mano a mano con ella; es una manera de reescribir, la palabra que se adecúa más al portugués tiene una gramática muy diferente y hay formas muy sencillas que al traducirlas al castellano se complican. Un proyecto de edición de Juan Pablo Roa está en marcha. Vamos a conocer a una de las grandes poetas que se descubren porque la poesía es un camino alejado del ruido comercial. Neni Salvini me dice que se necesita silencio, que la poesía está en todas partes, que no cree que vaya a desaparecer la escritura poética. Y el silencio es este poema:

el silencio es de un río sin mar / de pájaro sin ramas / de floresta sin viento / de sol sin aurora / de nube sin crepúsculo / el silencio es de arena sin pasos / de alma sin gestos / de huesos sin sombra / de piedras sin caminos / de palabras sin cantos / el silencio es de cañaveral sin lluvia / de vestimentas sin púrpura / de espejos guardados / de recuerdos sin cristales / de peregrinar sin sueños / el silencio es de maizal sin tarde.

Neni Salvini. / Concha García

Neni Salvini. / Concha García


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