jueves, 20 junio 2019
23:53
, última actualización

«No sé qué pensaría Luigi Nono de la música que hago ahora»

Tras componer la ópera ‘El Público’, un encargo de Gerard Mortier que se estrenó en el Teatro Real en 2015, Mauricio Sotelo presenta este mes con la Orquesta Nacional de España un concierto para piano con Giordano Bruno al fondo

12 feb 2018 / 21:47 h - Actualizado: 17 feb 2018 / 17:08 h.
  • El compositor madrileño Mauricio Sotelo. / Foto: Begoña Rivas
    El compositor madrileño Mauricio Sotelo. / Foto: Begoña Rivas
  • «No sé qué pensaría Luigi Nono de la música que hago ahora»
  • «No sé qué pensaría Luigi Nono de la música que hago ahora»

Radicado en España después de muchos años en Austria y Alemania, Mauricio Sotelo (Madrid, 1961) estrena este mes –días 23, 24 y 25– su concierto para piano titulado Con segreto sussurro: De Vinculis. Nicolas Hodges, la Orquesta Nacional de España y David Afkham serán los encargados de alumbrar la partitura en un concierto en el Auditorio Nacional de Música de Madrid en el que también se oirá la Novena de Anton Bruckner.

¿Por qué ha tardado tanto en llegar su primer concierto para piano?

Yo diría que no tanto, porque ya en 1994, Massimiliano Damerini y la Orquesta Nacional de España estrenaron mi obra Rose in fiamme, que era una obra para piano y cuatro grupos orquestales. Una pieza de la que en 1998 hice una versión ampliada -Al fuego, el mar- y que se tocó en el Festival de Donaueschingen. Aquella fue mi primera aproximación a la idea concertante de unir el piano y la orquesta y casi me cuesta la vida. Porque el piano es un instrumento que considero muy difícil y al que siempre he tenido un gran respeto.

¿Cómo ha evolucionado su estética desde entonces?

Rose in fiamme era una obra bastante más compleja que esta que ahora presento, Con segreto sussurro: De Vinculis. Creo que, no solo en la música, también en la pintura y en la literatura, los creadores a medida que maduramos vamos depurando nuestro lenguaje. Cuando estaba componiendo esta obra pensé que para su intérprete, Nicolas Hodges, que es uno de los más grandes virtuosos pianistas de repertorio contemporáneo junto con Pierre-Laurent Aimard, iba a ser demasiado fácil. El lenguaje aquí diría que es mucho más depurado, auspiciado por la sombra de Bruckner, cuya Novena Sinfonía me ha servido de inspiración.

¿Guarda el Concierto alguna deuda con Beethoven, un compositor que tanto admira y ha estudiado?

Aquí me he ceñido más al recuerdo de la sonoridad bruckneriana. Mi último cuarteto, el cuarto, Quasals vB-131, está relacionado con el Opus 131 de Beethoven y mi próxima obra, que se estrenará en enero de 2019 en Bruselas estará relacionada con su Cuarta Sinfonía. Pero en esta composición que estrena la ONE me he circunscrito a las sonoridades sombrías y luminosas de la última gran obra bruckneriana.

¿Parafrasea la Novena de Bruckner?

Lo he evitado en todo momento, tampoco hay citas textuales, aunque sí que me he permitido una memoria de sonoridades. Son típicos de la Novena de Bruckner los pasajes en re menor en los que toda la orquesta toca al unísono creando sonoridades como de órgano, y eso también está en mi obra. También me he permitido parecidas repeticiones escaladas de ciertos motivos, aunque todo adaptado a mi lenguaje. En cuanto al pianismo este es tradicional, centrado en las teclas.

Usted ha dicho que su ópera El Público cierra un extenso periodo en el que el flamenco ha tenido una fuerte presencia en su creación. ¿Con segreto sussurro: De Vinculis sería en ese caso un nuevo punto de partida?

Sí, mi ópera clausura una etapa de tratamiento más directo con la materia del flamenco. Pero como todos los grandes amores estos dejan huellas, y aquí quedan restos, surcos, rastros. Por ejemplo el Scherzo de la Sinfonía de Bruckner lo convierto en mi Concierto en un canon a seis voces que se va comprimiendo y que tiene un remate por bulerías. Me permito este tipo de juegos de la memoria que no pretenden flamenquizar nada en absoluto.

El título de su obra hace referencia a uno de los tratados del matemático y filósofo Giordano Bruno. ¿De qué modo está presente?

Es una referencia puramente ideológica. Es más una ensoñación lo que me conecta con él y de la que emanan elementos puramente sonoros, esa relación de vínculos mágicos de la que hablaba, a través de la imaginación, no a través del texto de la partitura...

¿Qué otros conciertos para piano contemporáneos tiene o ha tenido en el pensamiento?

Le confesaré que desde que llegué a Berlín en 2011, coincidiendo con el pianista Alfred Brendel en el Instituto de Estudios Avanzados, mis audiciones han estado muy ligadas a la tradición.

Usted, que tiene una sólida formación germana, ¿se siente tentado de abrazar la sinfonía?

Sí. Es una extensión de las grandes formas, una imponente arquitectura en la que no descarto ahondar en el futuro. Pienso que mi obra Cena de las cenizas (1999-2000) ya era una sinfonía, no por su título, pero sí por su voluntad formal, confrontando las ideas de columna y arco.

¿Dónde queda en su quehacer actual la figura de su maestro, Luigi Nono?

Siempre está presente de una manera u otra como un sabio consejero. Yo le consulto muchas cosas, pero mi lenguaje cada vez está más alejado del suyo. No sé que pensaría sinceramente si hubiera vivido para escuchar mi ópera El Público. Quizás le habría gustado por ser tan distinta a su música.

Porque usted, de alguna forma, se ha apeado del tren de la vanguardia. Su lenguaje se ha vuelto más conservador.

Soy completamente ajeno a esas reflexiones. Para mí la vanguardia es algo muy cercano, soy miembro fundador del Klangforum de Viena; no es algo anecdótico en mí. Pero creo que tanta novedad hay en hacer una obra muy compleja estéticamente como en hacer una obra para violín y bailaor y llenar de público una sala durante tres días. En Estados Unidos no hay los prejuicios que perviven en Europa, donde la vanguardia sigue siendo muy fuerte. Cuando mi música, en el pasado, estuvo más cerca del lenguaje de Helmut Lachenmann -que yo importé a España- y de Salvatore Sciarrino era rechazada por músicos y por orquestas. Y ahora que mi camino se ha ido alejando algunos jóvenes compositores sienten indiferencia hacia mi creación. Pero no vivo de estas disquisiciones, no me preocupan. Lo que sí sucede es que a veces te encuentras a un programador que te dice que lo que haces no es música contemporánea, como si solo fuera contemporáneo lo que componen hoy los alumnos de Lachenmann. Por cierto este, que es buen amigo mío, me comenta con humor que, al igual que pasó con Mallorca, que fue colonizada por alemanes, él vivía en una isla desierta a la que lo exilió Nono con sus demandas y ahora esa isla la tiene llena de compositores del Sur de Europa que quien hacer la misma música que él.

Puede tener más información del estreno y del compositor en el perfil del mismo en la web de El Compositor Habla (ECH).

AUDICIONES

Peter Ablinger / Verkündigung / Huddersfield Contemporary Records

Peter Ablinger se nos reveló más tarde

Peter Ablinger (1958) es un extraviado; un compositor que proviene de la academia y cuya creación ha seguido una deriva cada vez más acuciada hacia el ámbito exploratorio, marcadamente experimental, donde Voices & piano se alza como un hallazgo formidable. Esta Anunciación, de 1990, para flauta, saxofón tenor y piano, se nos presenta aquí en tres grabaciones distintas para dar idea de su extremo virtuosismo y posibilidades. Música nerviosa y enérgica de un Ablinger temprano.

Volts / Romitelli, Arroyo, Canedo... / Quatuor Tana / Paraty Records

Música híbrida en atriles del futuro

El Cuarteto Tana se está consagrando como el referente interpretativo de la música de creación actual, con permiso de los Ardittis. Hace unos meses estrenaron en el Festival Música de Estrasburgo una imponente y extensa creación de Raphaël Cendo. Volts combina instrumentos híbridos creados por los músicos del Tana. Sobresale Smaqra, de Juan Arroyo, una crepitante creación de impronta xenakiana. Deejay, de Gilbert Nouno, es otra feroz muestra de la escritura cuartetística actual.


Todos los vídeos de Semana Santa 2016