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«No temo al libro digital, se avecina algo alucinante»

Francisco Hernanz, responsable de Editorial Dilema, explica su receta para subsistir en mitad de una crisis que ha arrasado –como otras muchas cosas– la cultura española. También explica cómo esquiva el pirateo digital, el auge del libro electrónico y hasta internet. Y la borrachera de títulos y novedades de los años 90 y la primera década del siglo, que han dejado una resaca atroz y las puertas de las editoriales cerradas a muchos autores

21 sep 2015 / 21:39 h - Actualizado: 21 sep 2015 / 21:40 h.
  • Francisco Hernanz lleva media vida en el negocio del libro, primero en un gran grupo empresarial, después en su pequeña empresa, enfocada hacia la medicina natural y las alternativas a la ciencia. / N. S.
    Francisco Hernanz lleva media vida en el negocio del libro, primero en un gran grupo empresarial, después en su pequeña empresa, enfocada hacia la medicina natural y las alternativas a la ciencia. / N. S.

Ser emprendedor no es tarea fácil en los últimos tiempos, y hacerlo en el sector editorial... lo complica aún más. Francisco Hernanz Martos es un empresario que lleva casi 40 años en la industria del libro. Filólogo de formación, con solo 21 años comenzó a trabajar como jefe de compras en la sección de libros en un importante grupo empresarial.

De ahí a dirigir su propia editorial pasaron otros 17 años que invirtió en el mundo de la distribución, donde adquirió experiencia y contactos dentro de la que sería su área definitiva de especialización: el esoterismo. Aunque más enfocada en la medicina natural y alternativa, desde el año 2002 dirige Editorial Dilema, donde cumple con orgullo su decimotercer aniversario al frente de un negocio pequeño, pero que ha sabido sobrellevar los vaivenes de la crisis y mantenerse en el mercado.

«Empecé en el mundo editorial en el año 1977, y ya desde la juventud tenía en mente montar mi propia editorial. Me especialicé en una distribuidora de libros esotéricos pero estaba mal... quería hacer algo más acorde a mí, que no tuviera que ver con esas temáticas. Por eso aposté por la literatura».

Publicar narrativa llevó a Hernanz al borde de la quiebra. Así fue cómo aprendió que debía diferenciar entre su afición y lo que realmente le permitiría vivir, la medicina natural. Aprendió la primera lección del éxito editorial: la clave está en la especialización. «Puede ser útil durante un tiempo pero peligrosa a la vez. Cuanto más te especialices es mejor porque la competencia en este sector es muy grande y hay editoriales con mucho más dinero que pueden competir por los mejores libros que se publican en EEUU e Inglaterra». Decidió definir su propio perfil editorial como respuesta: se serviría de autores españoles capaces de firmar libros de calidad pese a su corto recorrido comercial.

«La cultura en España es ocio». Así de tajante responde Hernanz a la pregunta de si hemos salido de la crisis. «Mientras no sea una necesidad, siempre será lo último en lo que la gente querrá gastar el dinero». Tratándose de un pequeño editor cabe esperar que los envites de la crisis golpeen más duro, pero aunque asegura que el lector de este material especializado se mantiene, el daño en la industria hace que al final todo se vea afectado: «Los canales de comercialización se han dañado y han cerrado casi mil librerías. Así que una novedad llega a menos sitios». Es decir, los lectores potenciales se mantienen pero los canales de distribución se reducen, y al final las ventas se resienten.

«La gente lee igual o más, pero la consecuencia es que han encontrado otras vías... la descarga gratuita, la relectura de las bibliotecas propias, y ha aumentado la lectura en bibliotecas públicas». Lo cierto es que es difícil encontrar un libro publicado por Editorial Dilema en las bibliotecas. Se trata de textos más técnicos, con colecciones enfocadas al público no especializado pero otras sí pensadas para el profesional. Por eso la exposición en librerías se hace tan importante. «El problema está en que la librería encuentra otros libros que exponer. Aunque mis libros sean buenos, la librería no está dispuesta a apostar por títulos menos comerciales. Esto le pasa a todos mis colegas, hablo con editoriales semejantes a la mía y están aterrorizados».

PEZ GRANDE COME A PEZ CHICO

Hablamos de la desaparición de las librerías pero, ¿y de las editoriales? ¿Puede acceder el lector a los ejemplares comprando directamente al fabricante? ¿Tiene futuro un modelo sin intermediarios? Para Hernanz las librerías son «necesarias» para que exista la ya conocida magia de la literatura. «Si vas a una librería tocas los libros, es tu propio impulso y tu gusto personal el que dentro de tus intenciones hagan que elijas o no un determinado libro.

Aparte, entrando directamente en la web de un editor no puedes asimilar miles de títulos, en una librería se acota la búsqueda hasta encontrar lo que necesitas». La relación editor-librero se afianza en estas circunstancias. El respaldo a una novedad por parte de una librería fortalece la pervivencia de la editorial. ¿Qué camino le queda a un editor? «Al pequeño editor solo le queda exponer en librerías. Las grandes superficies son mucho más selectivas a la hora de elegir lo que quieren tener en exposición. Pero ocurre algo similar con el librero. Éste invierte en lo que le interesa y a veces no puede asumir toda la oferta que le gustaría».

Una vez más nos enfrentamos a la metáfora del pez grande, dominante, frente al pez pequeño, bajo eterna amenaza de desaparecer. En la pecera de las librerías, el pez grande tiene más posibilidades de salida en el mercado y al final todo es marketing: «Un gran editor tiene más posibilidades de gastar el dinero en publicidad y puede ocupar más sitio en las librerías. Además, se da que cuando un autor de una pequeña editorial empieza a destacar se lo queda una de las grandes». Pero no todo son desventajas, y para Hernanz el gran punto de apoyo para la supervivencia se encuentra en las estructuras: «Cuando la editorial grande tiene problemas económicos despide a muchísimos empleados, cientos. Mientras que gracias a la estructura de una pequeña editorial ésta soporta mejor los tirones fatales y mantiene a sus tres o cuatro empleados. Las grandes sufren más las caídas que las pequeñas porque tienen mucho más invertido».

NO NECESARIAMENTE MEJORES

En sus casi cuatro décadas en una u otra posición dentro de la industria literaria ha sido testigo de la evolución del sector. Desde la eclosión del texto político de finales de los años 70 y principio de los 80 al difícil momento actual. «Entré en un momento donde empezaba a surgir un interés enorme. Empezó a caer la censura y había mucho atraso y tiempo que recuperar. Se abrían librerías por todas partes y durante un tiempo sobrevivían». Pero el auge no duró demasiado y pronto se llegó a un reequilibrio. Y pese a que las ventas eran menores en comparación con las cifras que se barajan en la actualidad, sí que había un interés patente por el libro. «Todos los días aparecían libros importantes que había que leer y aunque el volumen de novedades era muy limitado, permitía a las librerías asumir todo lo que les llegaba de América». También el precio acompañaba, «ya que pese a la crisis tan fuerte que arrastrábamos y la enorme inflación de principios de los 80» no eran demasiado caros.

«Lo que ha cambiado fundamentalmente es la tecnología», nos cuenta. La reducción de los costes nos ha llevado a una cosificación de la literatura. Se pueden hacer más libros, pero no necesariamente mejores. «Durante los años 90 y principios del siglo empiezan a publicarse decenas de miles de novedades al año. Era inabarcable e ingobernable para los libreros». Entonces, ¿en qué momento nos encontramos?

Francisco Hernanz no teme al libro digital, pero aunque inminente, cree que queda un largo recorrido por hacer. «El digital está afectando a las ventas, y una pérdida de un 15% puede llevar a muchos libreros al cierre. Pero lo que más se vende se vende tanto en digital como en papel son los best-seller».

EL PAPEL, PARA OTRAS COSAS

Hernanz, como director de una editorial especializada se beneficia de ello, ya que según asegura el libro técnico no se ve afectado porque no se piratea. «¿Quién va a piratear una libro que nadie conoce? Mi problema no es el pirateo, es internet». Y es que el acceso libre a la información que nos permite las redes ha llevado al lector a recopilar información de estas temáticas por su cuenta, pese al riesgo de adquirir información no contrastada o errónea. «Cuando se creen los soportes que permitan un uso ultra veloz y de alto almacenamiento, el cambio será absoluto. Lo que se avecina es algo alucinante. Ahí es donde nos beneficiaremos los editores de libros técnicos. Poder estudiar una operación de apendicitis o aprender a pintar un cuadro... libros electrónicos donde puedas ampliar y tocar lo que estás estudiando. Eso está cerca y no será caro. El libro en papel será para otras cosas».

Quizá el problema sea el enfoque del negocio. Tal como comenta Hernanz, la industria del libro digital se ha centrado en el soporte y no en el contenido. La tablet, el e-reader o incluso nuestro teléfono móvil nos permiten consultar información, pero ¿cómo percibimos ese texto?

Consumimos texto impreso en una pantalla del mismo modo que lo hacíamos en papel. «La clave es la palabra negocio. ¿Cuál es el negocio de lo digital? El objeto. Les da igual lo que haya dentro. Te dan 3.000 libros libres de derechos que quizá nunca vayas a leer. Cuando regalen una tablet por cada kilo de magdalenas... entonces estaremos hablando de otra cosa».

UN MAL AÑO, PERO NO TANTO

Al llegar septiembre, los editores comienzan una nueva etapa en todos los sentidos. No solo es el mes del boom editorial de los libros de texto, también permite sacudirse el hastío de los meses de verano y las bajas cifras de venta. También comienza un nuevo curso para Editorial Dilema y su editor Francisco Hernanz augura malos datos, aunque no tanto. «Antes hacía unas 30 ó 40 novedades al año, ahora no quiero superar las 15 y a ver qué pasa. Al mundo le queda al menos cinco años como mínimo para recuperarse. Por lo que se espera un año regular tirando a malo, pero dentro de los cauces de la supervivencia».

Hernanz asegura que no son buenos tiempos para arriesgar y en los últimos años no sólo se han mantenido los tradicionales criterios de publicación, sino que además se han endurecido, ya que la situación económica no permite movimientos atrevidos. «Todos los editores tenemos un catálogo, y determina a la hora de elegir qué editar: tiene que encajar dentro de tu línea de publicación. Otro factor es la oportunidad, por ejemplo cuando un tema se ha puesto de moda. Y otro es la sorpresa, pero eso ocurre muy poco, porque aunque te manden un texto buenísimo te ves obligado a rechazarlo porque implica inversiones muy grandes. Al final eliges los libros que crees que están más dentro de lo que conoces del mercado del libro. En ese sentido la mayor parte de los editores somos demasiado conservadores, porque los que se arriesgan mucho o son muy grandes o han desaparecido hace mucho tiempo».

Pero al final, la clave vuelve a ser la especialización y a menor riesgo, más resultado. Así, una empresa como Editorial Dilema sigue creciendo, pero expandiéndose dentro de su propio mercado y llegando a más lectores pero de un perfil definido, con un interés atemporal.

«Cuando estás en crisis es cuando menos puedes arriesgar. Todo lo contrario, mi apuesta es volverme todavía más especializado, ultraespecializarme hasta que lleguen tiempos mejores. Cuando esos días lleguen podré plantearme otras cosas. Los míos son libros de goteo, que se venden poco a poco, pero se venden siempre. Hay libros de otras temáticas que tienen vida de 15 días, y luego se acabó, pero en esos días vendes 20.000 ejemplares. Yo tengo libros que edité en el año 2002 y que aún hoy reimprimo en pequeñas cantidades. No es mucho, pero siguen vivos».


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