jueves, 20 septiembre 2018
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Paisajes de la infancia

El territorio se hace evocador cuando el individuo lo retuerce en la consciencia, cuando lo atrapa para compararlo a los recuerdos que nos han permitido creer que nuestras infancias fueron mejores y más felices y nuestros amigos inseparables por siempre jamás. La poeta Concha García pasea por Puente Genil, lo toca y lo piensa. Poesía, viajes y recuerdos

30 jun 2018 / 08:24 h - Actualizado: 27 jun 2018 / 15:55 h.
  • Latas que sirvieron para guardar membrillo o el dinero ahorrado cuando la fruta era consumida. / Concha García
    Latas que sirvieron para guardar membrillo o el dinero ahorrado cuando la fruta era consumida. / Concha García
  • Marina Aguilar Chacón gestiona con vocación feminista su empresa. / Concha García
    Marina Aguilar Chacón gestiona con vocación feminista su empresa. / Concha García
  • Hotel El Carmen; una antigua harinera en un edificio de 1904. / Concha García
    Hotel El Carmen; una antigua harinera en un edificio de 1904. / Concha García
  • Membrillo a la espera de ser envasado definitivamente. / Concha García
    Membrillo a la espera de ser envasado definitivamente. / Concha García

La caja de ahorros de algunos de mis antepasados, no fue un banco, ni siquiera el reverso de un mullido colchón de lana. Fue una lata de membrillo grande, con un fondo generoso para que cupiesen bastantes billetes. Las bellas cajas de hojalata, artísticamente litografiadas, todavía se pueden conseguir en alguna de las fábricas que quedan en Puente Genil –en el pasado hubo más de veinte-. El membrillo es una fruta carnosa de color amarillo dorado. Me cuenta Marina Aguilar Chacón, que tomó las riendas de un negocio exclusivamente patriarcal, que los membrillos se cultivaban ya en el siglo XIX en la rivera del Genil y comenzó a exportarse a la villa vecina de Roda de Andalucía mediante arrieros a instancias del médico local para atajar una epidemia de colitis crónica que padecían los vecinos. Me enseña la fábrica, que está cerca de la ribera, en la parte baja del pueblo. Todo brilla de limpio. En octubre entrarán nuevas partidas de membrillos y entonces las mujeres comenzarán a seleccionarlos, porque ella lleva la empresa desde un punto de vista feminista. Ganó el premio el día de la mujer trabajadora en 2016.

Recorremos las instalaciones de la fábrica, la maquinaria empleada (caldera, artesas, volcadores...) y la actividad realizada. En un primer recinto las operarias lavan, seleccionan y cuecen el fruto, a continuación el membrillo es pelado y troceado por las membrilleras, para su posterior mezcla con azúcar y finalmente ser envasado en latas.

En el almacén se guardan cajas de membrillo recién hervido a la espera de ser envasado definitivamente. Leo que Manuel Córdoba, realizó un curioso estudio de investigación su tesis doctoral que ha dado como resultado dos libros: El mensaje publicitario en hojalata: las cajas de carne de membrillo en Puente Genil. Estudió 200 latas donde hay motivos tanto goyescos como religiosos. En el Hotel El Carmen, que es una antigua harinera en un edificio de 1904 rehabilitado -un año antes nacería el poeta Juan Rejano, que murió en México en 1976, poco antes de tener las maletas hechas para regresar a su ciudad natal después del largo exilio- hay una sala donde se exponen varias de esas históricas latas. El frescor que emana, el techo es abovedado, invita a mirarlas detenidamente. El actual gerente dice que es polivalente y los espacios se pueden utilizar para exposiciones, festivales flamencos o lecturas poéticas. No solo para salones de bodas y comuniones.

La pasada semana hablaba del tejido industrial de esta población que ha ido creciendo. Aprovecho la mañana para caminar. No me quiero ir sin ver, a unos kilómetros, ya en las afueras, el hermoso campo de olivos con los que el aceite es prensado desde hace décadas. La fábrica de aceite continúa con la tradición, aunque ya no lo filtran como hace años. La antigua almazara de origen árabe permanece como museo. Viene un vuelco de tiempo a mi memoria. Nací cerca de aquí y mi abuelo paterno cuidaba campos de olivos, era manijero. Durante la Guerra Civil perdieron sus tierras ubicadas en la sierra de Montilla, también en la campiña cordobesa. Eran republicanos y muchos tuvieron que irse. Atenta a las explicaciones de Francisco Gómez, arquitecto y aceitero, donde el amor se anuda con la generosidad de estas tierras andaluzas. Contemplo el atardecer de un día de junio, revolotean pájaros sobrevolando los campos.


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