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Pioneras del cine español

En nuestro país también las mujeres decidieron probar suerte en el mundo del cine, no sólo como actrices, sino como guionistas, directoras y productoras. Las que se vienen considerando como primeras directoras del cine español (mudo) aunque no se conserven sus obras, son Elena Jordi y Helena Cortesina. Comparten nombre y profesión pues no sólo se dedicaron a dirigir, sino que procedían del mundo del vodevil donde trabajaron como bailarinas, actrices, guionistas, empresarias...

03 sep 2016 / 12:00 h - Actualizado: 31 ago 2016 / 08:09 h.
  • Equipo de rodaje de Molinos de viento de Rosario Pi. / El Correo
    Equipo de rodaje de Molinos de viento de Rosario Pi. / El Correo
  • Helena Cortesina. / El Correo
    Helena Cortesina. / El Correo
  • Cartel de la película El gato montes. / El Correo
    Cartel de la película El gato montes. / El Correo
  • Elena Jordi. / El Correo
    Elena Jordi. / El Correo

Elena Jordi (Cercs 1882-Barcelona 1945), es el seudónimo artístico de Montserrat Casals y Baqué. Llegó a Barcelona en 1909 separada de su marido, con sus dos hijas, su hermana y su madre y con la intención de montar un estanco en la calle de la Boquería. De ahí, no sé sabe muy bien cómo, dio el salto al mundo del vodevil para el que demostró unas aptitudes que la hicieron progresar rápidamente. Actuó en la compañía de Margarita Xirgú, de Santpere y tuvo tanto éxito, que en poco tiempo formo la suya. Revolucionó el mundo de la revista aportando glamour y ampliando la ratio del público al que se dirigía. No dudó a la hora de desnudarse ante sus espectadores (aunque se mantiene que la otra Helena fue la primera en hacerlo), que no dudaban en regresar a sus espectáculos sorprendidos y encantados. Estos desnudos le valieron varios encontronazos con la censura, que llegó a suspender las representaciones en más de una ocasión para indignación de la actriz y empresaria, que no dudaba en remover Roma con Santiago para poner su compañía en marcha otra vez.

En 1916 comienzan sus contactos con el mundo del cine como actriz, a través de uno de los actores de su compañía del Teatro Español. En 1918 dio el paso a la dirección y adaptó en un corto la ópera Thais de Missenet. Fue también protagonista de la cinta de la que lamentablemente no quedan copias, de hecho no hay constancia de la existencia de la misma más que por los artículos de prensa de la época, pues ni está en la base de datos del Ministerio de Cultura. En los años treinta (con más de cincuenta años) abandonó la escena y continuó viviendo en Barcelona hasta su fallecimiento en 1945.

Helena Cortesina (Valencia 1904-Buenos Aires 1984) fue otro de esos talentos de los que nos privó el tiempo, la guerra y el silencio. Inició su carrera como bailarina gozando de éxito desde el primer momento, pues con sólo 12 años ya se hablaba de ella.

En las tablas tenía imagen de mujer moderna (y así debía serlo) y tuvo la osadía de ser la primera en protagonizar un estriptis y pasearse entre los espectadores completamente desnuda (se adelantó a Elena Jordi), ante el regocijo del público y la admiración de la prensa. Protagonizó en el teatro la obra Triángulo de María de la O Lejárraga, en la compañía Martínez Sierra. Esta obra narraba la relación triangular existente entre María de la O Lejárraga, su marido (Gregorio Martínez Sierra) y la actriz Catalina Bárcena. Helena interpretaba el papel de la esposa engañada, o sea de la autora de la obra, mientas que la amante de su marido, ejecutaba ese papel (el de amante) en el escenario. No me negaréis que el asunto tiene un punto morboso innegable.

En 1920, comenzó a hacer cine como actriz y en poco tiempo estaba dirigiendo su única película La Flor de España o la leyenda de un torero, en la que narraba la historia de una bailarina y un torero enamorados y exitosos que deciden casarse, tener un hijo y abandonar sus carreras (ambos) para poder dedicarse a criar al niño. Mientras que algún historiador dice que la película no tuvo éxito, para justificar por qué Helena abandonó, lo cierto es que siete años después de su estreno todavía seguía proyectándose en cines. También contradice esta versión el hecho de que los medios de comunicación dieran cobertura en numerosas ocasiones al film, hablando del éxito que estaba cosechando. Según una entrevista realizada a una de las hermanas de Helena en el año 1929, la decisión de abandonar la dirección vino dada por el agotamiento que le provocó dirigir y al hecho de verse muy abandonada por ser mujer. Angélica (ese era su nombre) manifestó «además, estábamos mujeres solas...» «quedamos muy cansadas, muy hartas. Tanto que cuando se terminó de hacer vendimos todo: máquinas, focos». Para colmo de males, la película consta en el catálogo del Ministerio de Cultura como si fuera obra de José María Granada, que lo que había realizado era (que no es poco) el argumento de la obra. Sin embargo la prensa del momento habla únicamente de Helena Cortesina como directora, sin mencionar al susodicho sacerdote José María Granada.

Después de realizar esta película Helena continuo su carrera como actriz en España y Argentina, donde terminó por exiliarse durante la guerra civil, exilió que continuó hasta los años cincuenta, pero, como no conseguía adaptarse a la vida en España, regresó a Argentina donde falleció.

Fue Rosario Pi (Barcelona, 1899 – Madrid, 1967) la primera española que dirigió una película sonora. Siendo niña contrajo poliomielitis lo que le provocó cojera y que tuviera que llevar un calzado especial y bastón de por vida. Lo que para otros podía haber sido un lastre no parece que provocase una especial carga para Rosario. Comenzó su vida profesional alejada del mundo del cine, de hecho su primer trabajo fue una tienda de lencería fina que puso en Barcelona y fracasó. No sé sabe si fue a instancias de un tío suyo distribuidor de películas francesas y alemanas, lo cierto es que se fue acercando al cine y en el año 1931 fundó junto con Emilio Gutiérrez Bringas y Pedro Ladrón de Guevara, la productora Star Films, que se encargaría de producir las primeras películas de Benito Perojo o Herman Neville.

En 1935 dirigió su primera película El gato montés, basada en una zarzuela de Manuel Penella. Rosario dio un aire nuevo a la misma al reforzar la posición de sus personajes femeninos, que en las obras del autor tenían un aire pasivo (como se esperaba de ellas). Tanto la Soleá (protagonista) como un personaje secundario llamado la Peliculera son personajes independientes, que no dudan en expresar sus emociones y deseos, que actúan frente a la violencia de los hombres y se defienden a sí mismas. Las denuncias de la violencia machista (y del machismo en general) que Rosario Pi hace en sus películas tardarán años en volver a verse en el cine.

Sin embargo Rosario fue incomprendida tanto por republicanos, que la consideraban cercana al régimen de Franco, como por franquistas que la veían como alguien con unas ideas demasiado alejadas de lo que debía ser una mujer. Ni siquiera la tan traída memoria histórica ha dado a Rosario el lugar que debería corresponderle.

En 1938 y en plena guerra civil, en Barcelona, dirigió su segunda película Molinos de Viento, adaptación de una zarzuela de Ricardo Frutos. Esta fue protagonizada por María Mercader (prima de Ramón Mercader, el asesino de Trotski), su amiga y representada con la que se exiliaría a París después de terminar la guerra. Allí se llevó el negativo de la película para sonorizarla, sin embargo la película no llegó a estrenarse. Mientras se dedicaba a traducir guiones, consiguió diversos contratos para María que terminaría por conocer y casarse con Vittorio de Sicca.

La postguerra permitiría a Rosario regresar a España pero la alejó definitivamente del mundo del cine, acercándola al de la hostelería. Se dedicó a organizar cenas, espectáculos, regentar locales nocturnos y restaurantes de lujo. Sus valores de independencia y profesionalidad no terminaron de encajar en la sociedad franquista.

Esta es la breve referencia de las tres pioneras del cine español, tres de esas personas que podrían contribuir a formar historia y cultura común en nuestro país, pero eso sería mucho pedir. Quiero dar las gracias a Bárbara Zachi y Olvido Andújar Molina, por sus trabajos académicos sobre estas pioneras, que han sido la base del artículo. Gracias por luchar contra el olvido.


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