miércoles, 22 noviembre 2017
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Prado para todos

Este fin de semana es la última oportunidad, para acercarse al Paseo del Arte de Madrid y ver dos muestras singulares. Suman pintura, escultura, artes decorativas, colecciones bibliográficas y objetos anticuarios. Ambas son excepcionales y no pueden dejar de disfrutarse.

09 sep 2017 / 08:56 h - Actualizado: 08 sep 2017 / 17:40 h.
  • ‘Retrato de niña’ (ca. 1638-44), de Velázquez (detalle). / Museo Nacional del Prado
    ‘Retrato de niña’ (ca. 1638-44), de Velázquez (detalle). / Museo Nacional del Prado
  • ‘La duquesa de Alba’ (1796-1797), de Goya (detalle). / Museo Nacional del Prado
    ‘La duquesa de Alba’ (1796-1797), de Goya (detalle). / Museo Nacional del Prado
  • Lawrence Alma Tadema. ‘La siesta o Escena pompeyana’, 1868. / Museo Nacional del Prado
    Lawrence Alma Tadema. ‘La siesta o Escena pompeyana’, 1868. / Museo Nacional del Prado
  • Taller romano. Antinoo (detalle). / Museo Nacional del Prado
    Taller romano. Antinoo (detalle). / Museo Nacional del Prado

Convertido en espacio para una sociedad abierta, el Museo Nacional del Prado cierra el verano, y con él se termina una destacadísima exposición, la que retorna parte de nuestro arte, felizmente expatriado. También clausura un recorrido artístico inusual, con el que la institución ha querido recibir a los participantes del «Orgullo Mundial».

Los que no hayan estado no deben dejar pasar este último momento.

UNA NACIÓN

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TESOROS DE LA HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

Museo Nacional del Prado

Madrid, 4 de abril a 10 de septiembre de 2017

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La exposición de los monumentales murales que componen la «Visión de España», de Joaquín Sorolla, que arrastró a las salas del Prado a más de 450.000 personas hace ocho años, no fue más que una introducción –de notable peso y extensión, eso sí- para lo que se ha traído ahora. Solo la colaboración entre dos instituciones del máximo nivel, como las que participan, podía convocar el privilegio que representa tener en nuestro país, elementos artísticos que permanecen fuera desde hace décadas, y que no todos tienen la oportunidad de ver en un viaje a Nueva York, su sede habitual. Esta colección es nuestra mejor embajada en el mundo.

En el momento del colapso del imperio colonial, hacia 1890, enamorado de España y de lo español, Archer Milton Huntington, filántropo e hispanista norteamericano, comienza a invertir su ingente fortuna en este compendio. Viajó en numerosas ocasiones a la península, había estudiado previamente nuestra Historia del Arte con la profundidad que permitía la circulación de fotografías y libros especializados en esa época, se mantuvo en contacto con el rey Alfonso XIII y con los más destacados filósofos, intelectuales, y científicos patrios. Con una constancia y una dedicación dignas de elogio, trazó un plan coleccionista que abarcaba todas las disciplinas y todos los periodos, hasta constituir un fondo bibliográfico excepcional, así como una acumulación de obras del mayor significado histórico, y de la mejor calidad artística. Si hoy nos parece increíble que algunas de ellas pudieran cruzar nunca nuestras fronteras, más nos lo resulta saber que Huntigton renunció, en general, a adquirirlas en España, lanzándose sobre objetos puestos a la venta en el extranjero para evitar el expolio.

Solo la biblioteca del marqués de Jerez de los Caballeros, la más importante del mundo de libros en español, salió de Sevilla hacia los Estados Unidos, consiguiéndose, a pesar de la pérdida, salvaguardar su integridad.

Son 18.000 obras de arte, 250.000 manuscritos, 350 incunables, de los que se ha traído más de dos centenares coincidiendo con las obras de reforma de la sede en el Upper Manhattan. Ese mundo hispánico que refleja no deja al margen ni el impacto en una América Latina que nos retrata, ni la antigüedad remota que nos formó como nación.

Porque lo más interesante es que la colección es un panorama de la cultura hispánica y de su proyección en los siglos y en el mundo, una fotografía intensa y selecta por la calidad de algunos objetos, por la trascendencia histórica de otros, y por la presencia en fin de obras contundentes como los tres espléndidos Velázquez que se cuelgan.

Hablamos del Mapamundi de Giovanni Vespucci, del retrato de la duquesa de Alba, de Goya; del libro de horas negro del siglo XV, de la Seda nazarí llamada «de la Alhambra», que se conserva como cuando se terminó de tejer, hacia 1400; del manuscrito de instrucciones hológrafas de Carlos V a su hijo Felipe; la escultura sepulcral de la duquesa de Alburquerque, del taller de Gil de Siloé; o el Mapa de Tequaltiche, trazado por los indios a requerimiento de López de Velasco, cosmógrafo y cronista real.

Cerámicas campaniformes, piezas litúrgicas, objetos arqueológicos extraídos en Itálica y en Carmona, torques celtibéricos de plata y electro, además de una selección importante de pintores contemporáneos del patrocinador, Zuloaga, Sorolla, Rusiñol, Anglada Camarasa, algunos inquietantes Viladrich, más la galería de personajes ilustres tal que Machado, Pardo Bazán, Echegaray, Pérez Galdós, o Blasco Ibáñez, pintados por Sorolla.

UNA MIRADA

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LA MIRADA DEL OTRO

Museo Nacional del Prado

Madrid, 14 de junio a 10 de septiembre de 2017

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La dirección del Prado organiza un recorrido a través del museo, que se detiene en algunas obras a las que los temas de la homosexualidad y la identidad diferente, son intrínsecos. Arroja de esta manera otra mirada sobre esos cuadros y esculturas, sobre sus autores y sus motivos. Organiza un paseo en torno a la colección permanente que se revela de esta manera infinita. Porque lo más interesante es que la mayor parte de las piezas están siempre ahí, se ha cambiado de ubicación alguna –el fabuloso «La siesta», de Alma Tadema-, y añadido para coronar el transcurso aciertos como «El Cid» de Rosa Bonheur, y «El Maricón de la tía Gila», de Goya.

La visita se articula en torno a cuatro caminos que se cruzan: la cultura homosexual, sus zonas oscuras a lo largo de la Historia; la condena y la maldición de los que sintieron diferente; los equívocos del género, de la identidad y el travestismo; y por último lo alegórico en el amor entre diferentes. Amistades Inmortales. Perseguir los deseos. Engañosas apariencias. Amar como los dioses.

Se vuelven a releer obras emblemáticas –el «Hermafrodito» de Bonuccelli. Se revelan algunas no demasiado conocidas por los visitantes –«Antínoo», «Adriano», el «Grupo de San Ildefonso». Se transforma la visión de celebridades como la Mona Lisa leonardesca, o el icónico «San Sebastián» de Guido Reni, que adoró Mishima. Se evita la confrontación del erotismo, pero se prima la verdad por muy cruda que sea.

La muestra abre el camino, esperamos, a mil recorridos temáticos que reordenen y descoloquen esa colección infinita. En hora buena ha sido el gran acierto de programar este recorrido, muchos ciudadanos lo agradecemos, como gesto por la normalización del hecho diferencial en una colectividad abierta y plural.

Que el museo se convierta en el espacio que defienda las ideas, lo integra en la sociedad a la que pertenece, culminando su función iluminadora. Se ha hecho coincidir con un evento de repercusión mundial como ha sido el Orgullo Gay de este año y habrá admirado a miles de turistas y visitantes gracias a lo mejor que tenemos: el Arte.

Se publica también un reducido e interesante catálogo, con destacadas reflexiones y colaboraciones, como la de la crítica Estrella de Diego.


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