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Preguntas y respuestas de un actor

29 abr 2017 / 12:57 h - Actualizado: 03 may 2017 / 09:54 h.
  • Preguntas y respuestas de un actor
    Juan Díaz. / El Correo
  • Preguntas y respuestas de un actor
    Juan Díaz en un momento de la representación de ‘La conquista de Jrusaén’. / Fotografía: Cristina Galvez (www.cristinagalvez.es)

Juan Díaz es actor desde hace mucho tiempo. Seguramente desde antes de nacer. Porque hay profesiones que no se pueden aprender o, por lo menos, no dejan que llegue desde la experiencia y el trabajo todo lo que se puede llegar a ser. Algo ha de venir ya puesto; eso que llamamos talento no se puede comprar o alquilar. Otra cosa es mejorar, otra cosa es el esfuerzo por buscar la excelencia.

Estamos sentados uno frente al otro. Juan aguanta bien la mirada mientras construye un discurso. Hablamos de Aladar y de lo que representa, del espacio que ocupa. Juan luce una barba descuidada, de antiguo guerrero, que le hace parecer tener la edad que tiene realmente. Normalmente, parece mucho más joven.

«Yo comencé como profesional con 17 años. Mi dedicación es, desde entonces, total. Pasé muchos años en los que podía vivir de forma cómoda de la interpretación. Y llegó la crisis económica y la crisis que te crea la edad. Digamos que desde los 17 a los 30 tenía un aspecto físico que me permitía hacer un personajes de 20. Al pasar de los 30 (ahora ya tengo 40) me cuesta que me vean haciendo el papel de padre. Y eso, no creas, es un pequeño problema».

Entonces, entiendo que tener 30 años y la experiencia acumulada hasta ese momento, es una ventaja enorme si quieres hacer un personaje mucho más joven. Tienes un actor experimentado sobre las tablas para hacer a un jovencito...

«Sí, sobre todo para el equipo técnico. Al actor eso le da igual. Es un personaje más y solo eso».

Le pido que siga con el repaso a su experiencia como actor.

«Hemos vivido una época de la profesión que era muy boyante. Tal vez hubo una burbuja inmobiliaria y otra en el mundo de la interpretación. Me explico; había muchos proyectos, mucho dinero, y no había tantos actores y actrices como hay ahora. Eso permitía que el trabajo no faltase. Pero, con la crisis, han aumentado el número de actores y actrices, han bajado el número de proyectos, y los sueldos han bajado. Ahora, estoy pensando en hacer cosas distintas a mi profesión. Quiero tener la posibilidad de poder ver las cosas desde otra perspectiva. Inquietudes y deseo de aprender otras cosas».

Me interesa saber si ese cambio quiere que sea dentro del mundo del teatro o en otros territorios.

«No, no, en otros ámbitos. Sí me gustaría dirigir, pero no es algo que me quite el sueño. Lo haré con amigos, gente cercana, produciendo el trabajo nosotros mismos. Y tengo una obra de teatro escrita, además de algunos cortos, aunque no son mi prioridad profesional. Seguramente, no me animo con todo esto porque después de ver el calvario que pasan los directores y los productores, el trabajo actor-director-productor me da algo de pereza. Prefiero seguir trabajando como actor y el resto del tiempo dedicarlo a mi hija, a mi chica, a mi perro, al campo, a la playa... Y buscar nuevos lugares que no tengan que ver con todo esto para ampliar intereses y conocimientos».

Relajamos el tono y olvidamos la entrevista durante unos minutos. Hablamos de la ausencia del padre, de la admiración por la figura que sostiene casi una vida entera. Y, pasados esos minutos, decidimos seguir con la charla.

«Comencé en el teatro. Estudié en la Escuela de Arte Dramático; cuatro años con Corazza; estudié en Londres; infinidad de cursos más y sigo estudiando. Siempre debes estar preparándote y reciclando lo que eres. De hecho, al empezar yo no era actor; era, más bien, un chaval que tenía cierta facilidad para expresar algunas cosas, para comunicar y moverse sobre el escenario, para decir cosas con sentido y verdad, pero me encontré con los problemas que solo resuelves con el oficio. A veces empujas y te quedas sin voz, das demasiado y no recuperas... Si llegas de la televisión (solo de ese medio) y no te preparas, la cosa no termina de funcionar. Los niveles de expresividad en cada formato son distintos. No puedes hacer una escena sin tener en cuenta si el de la butaca del fondo no te escuche. En fin, no puedes bajar la guardia y prepararte para lo que toque».

Le pido que hablemos sobre las nuevas tecnologías y el teatro.

«Cada vez se usan más. Ahora estoy haciendo una obra de la que me siento muy satisfecho, ‘Peer Gynt’ de Henrik Ibsen, que hemos hecho entre 12 personas (es la compañía de Jorge Eines, un profesor argentino que está en Madrid). Por cierto, hemos estado en el Teatro Távora de Sevilla. Pues esta obra integra música en directo. Lo hacemos sin micros. Solo el narrador lo utiliza que, además es el pianista. Pero en salas grandes, la obra pide el uso del micro. Lo pide con ganas. Evitaríamos gritar para que la música no nos tapase. Otras obras, en teatros enormes ya son casi inconcebibles sin utilizar medios técnicos. Se trabaja bien con los micros. Si tienes que cambiar mucho de ropa se puede complicar el trabajo, pero con las petacas es todo mucho más fácil. Se pueden unir teatro y la tecnología sin ningún problema».

La charla continúa hasta el análisis actoral.

«El nivel que hay en España es brutal. Tenemos una tradición actoral impresionante. Mucho de los actores y actrices de hace años no estudiaron interpretación. Se valían de su talento y punto. Por supuesto, con el tiempo el oficio les hacía mejorar. Ahora las cosas son de otra forma. Yo, por ejemplo, no hubiera sido actor o, al menos, no es el mismo actor sin una preparación técnica muy intensa. Cuando trabajas sin problemas se tiende a ver el éxito. Pero un profesional sabe que cuanto mayor sea el conocimiento y más se prepare técnicamente la persona, los resultados son especialmente buenos y, desde luego, muy distintos. El público se gasta mucho dinero en ir al teatro y tiene un criterio muy formado. Lo sabemos y hemos tenido que trabajar para saber interpretar, cantar, bailar... Eso sí, aquí en España se tiende mucho a dar libertad al actor y que aparezca la magia. Pero para conseguir que cada escena repetida tenga la misma intensidad y la misma verdad hay que estar muy bien dirigido y estar muy bien preparado».

No sé qué queda del romanticismo del artista en el terreno de la interpretación. Así que le pido que me cuente su opinión.

«Suelo meterme en líos artísticos; más por amor a la pieza o por trabajar con gente con la que me apetece compartir experiencias, pero no por el dinero. Si se trabaja bien y se disfruta, al final, el teatro se llenará y el dinero vendrá. Si pensara en el dinero no podría trabajar hoy en día. Las cosas están difíciles. Poco trabajo, muchos actores deseando trabajar... Y hay que vivir. Terminamos, todos, sucumbiendo a la realidad. Recompensa espiritualmente. No en la cuenta bancaria».

Quiero saber si ha vivido la vida de actor con normalidad, si el actor es un ser extraño como mucha gente puede creer.

«Tengo una vida normal. Familia, deportes, disfrutar del campo... Los actores somos seres con una creatividad excesiva, con una sensibilidad un poco particular y unas habilidades sociales que a veces funcionan y a veces no. Solemos desestabilizarnos en ese sentido. Unos te conocen, unos te aceptan, otros todo lo contrario, las cosas dependen de la fama. Los fracasos desestabilizan mucho. La exposición es muy compleja y los registros sociales en los que te mueves son algo distintos a los normales. No somos raros, pero funcionamos de forma diferente».

El tiempo se nos escapa y quiero saber cómo un actor vive la televisión o el cine y el teatro.

«En el teatro comienzas y acabas un texto completo. En los ensayos todo es sumar. Y llegas a disfrutar cuando has representado 20 veces la obra. En la televisión es otra historia. Todo depende de otros matices. No sabes cómo va a ser el espacio hasta que llegas al plató, la disposición de las cámaras es la que es, no sabes si tu compañero te a mirar o no... Tienes que preparar todo muy bien e intuir eso que crees que podrás aportar. Es una experiencia distinta a la del teatro aunque al final, es actuar. El personaje lo tienes interiorizado entero aunque la obra la interpretes de principio a fin o por secuencias. Eso sí, a mí me parece más difícil hacer un personaje para el cine que para el teatro».

Así que te estás haciendo mayor aunque no lo parezcas. El mundo ha cambiado, querido.

«Cuando comencé no tenía herramientas. Me lanzaba por pura intuición. Y eso es peligroso porque unos días salen bien las cosas y otras no. Seguramente, he perdido algo de chispa, de frescura, pero el oficio te permite tener mucha seguridad y te hace sentir mucho mejor sobre el escenario. Y he aprendido que la esencia del oficio es la pregunta. Hay que preguntarse sobre todo lo que un personaje puede hacer o pensar. Todo. Y cuando lo sabes todo de él y cuando logras dejar de pensar tú en cómo hacer ese personaje, cuando sobre el escenario eres ese personaje, las cosas son mucho más sencillas. Pregunta, respuesta, pregunta, respuesta..., así lo veo yo. Es el gran descubrimiento y el gran cambio».

Nos despedimos y nos emplazamos para vernos. En un teatro, tomando unas cervezas o sea como sea. Y, por supuesto, nos deseamos suerte. Mucha.


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