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Los patines sobre ruedas se han convertido en un entretenimiento muy popular. Pero no es un invento nuevo. Sirvieron como excusa al realizador Tay Garnett para hablarnos del sueño americano, de lo que representa y de cómo se puede alcanzar. Estereotipos, moralina e inocencia, son los ingredientes de la película y del todo el cine de la época.

10 ene 2017 / 12:30 h - Actualizado: 09 ene 2017 / 09:44 h.

‘Ruedas de fuego’: El éxito y el fracaso sobre ruedas

‘Ruedas de fuego’: El éxito y el fracaso sobre ruedas

Los patines sobre ruedas son mucho más antiguos de lo que la gente cree. Se utilizaron, por primera vez, durante la representación de una obra teatral en Londres durante año 1743. No se conoce el nombre del invento o si fue un hombre o una mujer el que pensó en algo así. Lo cierto es que en esa época se quería mecanizar todo lo que conformaba la realidad y era muy normal inventar utensilios que hicieran de la vida algo más cómodo y divertido.

Más tarde, John Joseph Merlin, en 1760, patentó un modelo creado por él mismo. Estrenó sus patines en una fiesta en la que apareció tocando un violín (era constructor de instrumentos) y terminó destrozando un espejo de la sala de fiestas. No parece que dominase mucho la técnica el buen hombre.

En 1790, aparecen los patines con ruedas de madera, en 1818 los de ruedas en línea (que no serían populares hasta los años 80 del siglo pasado) y ya, a finales del siglo XIX, los patines se habían convertido en un entretenimiento muy asentado entre personas de todo tipo.

La década de los 50, en Estados Unidos, sirvió para que un enorme número de restaurantes y cines para automóviles, fueran atendidos por personas que iban y venían sobre sus patines para servir refrescos y comida rápida.

Es en ese momento de la historia en la que se ubica una película protagonizada por Mickey Rooney, Pat O'Brien, Beverly Tyler y James Brown, entre otros. La dirigió Tay Garnett que, además, escribió el guion junto a Horace McCoy.

Ruedas de fuego (The fireball, 1950) cuenta una historia estereotipada, cargada de moralina, previsible y, sobre todo, muy inocente. La película forma parte de un tipo de cine muy característico de la época en la que se utilizaba a un conocido actor o actriz, trataba de entretener al público sin grandes pretensiones que no fueran más allá de eso, mezclaba una historia de amor con otra de superación personal y dejaba un final con el que entendiésemos que la bondad, la lealtad, la camaradería o la amistad, están por encima de todo.

Ruedas de fuego ha envejecido mal. Las películas que no tienen un guion poderoso suelen estar condenadas a que les ocurra eso. Algunas escenas resultan ridículas, los efectos especiales son muy arcaicos y las actuaciones no pasan de ser mediocres. Ahora bien, el espectador se entretiene viendo cómo un muchacho prospera gracias a un destino terco, cómo el sueño americano se puede realizar y cómo los errores de una persona pueden expiarse a base de esfuerzo. Nada nuevo, por supuesto.

Mickey Rooney es el actor principal. Patina y hace su papel como solo él era capaz de hacerlo. Con cuatro cosas se apañaba para salir del paso y lograba resultados sorprendentes. Le acompañó Beverly Tyler, una actriz muy guapa y correcta en su interpretación.

La historia de un muchacho abandonado que tiene una oportunidad, que la aprovecha a base de tesón aunque se ve perdido cuando la soberbia se apodera de él, es, en esencia, lo que cuenta Ruedas de fuego. Se incluye en el guion una enfermedad que en los años 50 ya se había cobrado millones de víctimas en todo el mundo: la poliomielitis. Era una cosa muy habitual, en el cine de la época, el utilizar asuntos que preocupaban a la población para mostrar esperanza y tranquilizar al que iba al cine.

El patinaje aparece en la cinta como una competición dura, casi violenta. Los deportistas debían conseguir echar de la pista a sus contrincantes fuera como fuera. Un deporte rápido, peligroso, solo apto para personas capaces de jugarse el tipo para conseguir un éxito. Y el concepto de equipo se presenta como fundamental para que un deportista pueda convertirse en una estrella. Pero que nadie piense que va a aprender algo nuevo con Ruedas de fuego. Todo lo que vemos en la cinta está superado en la actualidad. Eso sí, hora y media de entretenimiento está garantizado.

No hace falta decir que la película se puede ver con los más pequeños de la casa. Su inocencia es abrumadora si la comparamos con cualquier trabajo actual.


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