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Un pañuelo de seda al cuello

En el Teatro Real de Madrid siguen empeñados en explorar territorios alternativos, nuevos formatos que sean más atractivos a todo tipo de público. Y van consiguiendo resultados que van de lo agradable a lo excelente. Esta vez, en el Salón de Baile del teatro, Patricia Racette se acercaba, en sentido literal y metafórico, a un grupo reducido de personas que quedaron encantados

09 jun 2018 / 09:04 h - Actualizado: 08 jun 2018 / 10:34 h.
  • Patricia Racette. / @ Javier del Real / Teatro Real
    Patricia Racette. / @ Javier del Real / Teatro Real
  • Patricia Racette estuvo simpática, cercana y demostrando unas enormes ganas de agradar . / @ Javier del Real / Teatro Real
    Patricia Racette estuvo simpática, cercana y demostrando unas enormes ganas de agradar . / @ Javier del Real / Teatro Real
  • Patricia Racette y Craig Terry. / @ Javier del Real / Teatro Real
    Patricia Racette y Craig Terry. / @ Javier del Real / Teatro Real

La cercanía (la física, la que se puede medir) en cualquier tipo de espectáculo genera una sensación única en el espectador. Parece que todo lo que hace el artista está dedicado a una sola persona, a uno mismo. Y eso hace que el clima sea el más apropiado para que el artista invite a un viaje intimista que resulta único casi siempre.

Patricia Racette es cantante. Soprano. Y está actuando como solista principal de Street Scene, de Kurt Weill, una ópera estupenda que se representa en el Teatro Real durante estos días y que ya estuvo en cartel hace unos meses en este mismo teatro. Con ella, con su voz, se estrenaba un formato en el Salón de Baile del teatro que recordaba a esos conciertos que son propios del cabaret, esos conciertos en los que la voz del artista te envuelve invitando a participar de sensaciones que solo pueden recibirse cuando una voz te interpela desde una zona de intimidad imposible de conseguir en espacios abiertos o mucho más extensos.

El concierto, Diva on detour, arrancó con pequeñísimas dudas de Racette que superó muy poco después. Y, a partir de ahí, todo se tiñó de magia. Porque la cantante se entregó. Simpática, cercana, dispuesta a hacer cualquier guiño con el idioma (el concierto se desarrolló en inglés, pero Patricia Racette dijo alguna frase, alguna palabra, en español e, incluso, uno de los temas lo interpretó en castellano, concretamente, La Vie en rose). Patricia Racette deseaba agradar, gustar, emocionar. Y lo consiguió.

Acompañaba a la cantante Craig Terry, un pianista que arropa a Racette, que la mima y que no hace sonar su instrumento sin tener la certeza de que las notas serán las exactas. Pocas veces se puede percibir una capacidad de compenetración tan acusada entre cantante y músico. Los aplausos del público se dividían entre ambos de forma sincera y agradecida.

Desde que comenzó a sonar el tema de George Gershwin I Got Rhythm la intensidad fue creciendo, el público (entregado desde el primer momento) fue disfrutando de temas muy conocidos que Patricia Racette mezclaba con otros que no lo eran tanto aunque resultaban igual de agradables. Además de la música de Gershwin, se pudieron escuchar temas de Stephen Sondheim, Cole Porter y Edith Piaf.

Si hubiera que señalar alguno de los temas como especialmente atractivos por la interpretación de cantante y pianista, sin duda, habría que señalar la versión de You've Changed, un tema que Billie Holiday era capaz de convertir en un pañuelo de seda para anudar al cuello de cualquiera que escuchase. Patricia Racette consigue un nivel verdaderamente importante con ese tema.

Patricia Racette es activista del colectivo LGTBI y está casada con Beth Clayton. Nunca actúa en países en los que se persigue a gais, lesbianas, transexuales, bisexuales o a cualquier persona por su condición sexual. Le parece peligroso y una ofensa. Esto no deja de ser una anécdota en un país de gran tolerancia como es España, pero conviene saberlo porque la grandeza de los artistas no solo llega desde la técnica vocal o sus capacidades interpretativas. Al fin y al cabo, los artistas son personas y lo que hacen como tal es lo que, definitivamente, marca su trayectoria. Muchas veces nos olvidamos de las grandezas fijándonos en un vibrato con problemas o un pequeño problema de afinación. Y eso es muy injusto.

Será un acierto si la dirección artística del Teatro Real decide seguir adelante con este nuevo formato. Lograrán llamar la atención de un público que, tal vez, ahora no se ve aludido. Seguro que será un acierto.


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