sábado, 24 agosto 2019
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Violencia en ARCO

Pocas sorpresas en lo que parece un buen momento para el mercado del Arte. La feria arrancó con la entrega de los Premios ‘A’ de coleccionismo en la Real Casa de Correos y continuará hasta el fin de semana con un panorama global

28 feb 2019 / 22:14 h - Actualizado: 28 feb 2019 / 23:56 h.
  • Varias personas observan el ninot del rey Felipe VI, una obra de Santiago Sierra y Enrique Merino, expuesta en ARCO 2019. / EFE-Emilio Naranjo
    Varias personas observan el ninot del rey Felipe VI, una obra de Santiago Sierra y Enrique Merino, expuesta en ARCO 2019. / EFE-Emilio Naranjo

Es curioso, pero a veces encontramos temas que, soterrados, se perciben como un sonido de fondo en las ferias o las muestras de Arte. Sucede también en los festivales de Cine. Este año hemos visto violencia, un tema eterno de la condición humana, que se presenta en esta edición de una manera sutil, introduce un debate, y pone el dedo en el pulso de la sociedad contemporánea. Curiosamente varias de las obras adquiridas para nuestra Colección Aladar de Arte Contemporáneo encierran ese mensaje. No es azaroso ni casual, sino un fluido continuo, algunas veces más visible.

El mejor ejemplo, y desde nuestro punto de vista una de las obras más destacadas de este año es Venganza, de Norbert Bisky. El pintor alemán juega con la violencia y la sensualidad, lo hace con bolas de fuego y torsos desnudos que van en la línea que sigue gran parte de su obra reciente. El azul, que lo impregna todos -los azules deberíamos decir- amortiguan la sensación de destrucción representada por la figura embozada del fondo. Nos ha parecido curioso que los muchachos sean de raza blanca, esto convierte la acción en una «primavera» teenager, que sigue a las contestaciones árabes, palestinas, turcas o venezolanas, todas diferentes en su fondo, pero cuya forma es siempre la de la juventud, la de la revolución. Es la segunda obra de este artista que coleccionamos.

Se habla -cuando se habla de Bisky- sobre un nuevo realismo heredero del socialista, de la postmodernidad.

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Violencia en ARCO
Norbert Bisky. VENGANZA, 2019. Óleo sobre lienzo 130 x 170 cm. KÖNING GALERIE, Berlín-Londres. 51.000 €

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El coleccionista es un flâneur, recorre ciudades, calles o pasillos y se detiene cuando recibe una onda en la misma frecuencia en la que medita, sueña o vive. De repente aparecen las piezas coloridas de Willi Seber, talladas en madera procesada, lacadas hasta adquirir una textura brillante, cóncava y luminosa, que se modifica al acecharlas, por causa del reflejo de la luz sobre sus superficies. Se abre la veda para el comprador, que va a encontrar más cosas interesantes en el pabellón 7, por casualidades del capricho o del deambular. Son esculturas que participan de la artesanía, del op-art, de la cinética; son también objetos-joya ideales para la composición de ambientes relajantes y refinados. Las teselas se pueden comprar separadas -son piezas únicas- para crear con ellas cualquier composición. La que propone el galerista nos convence.

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Violencia en ARCO
Willi Siber. WANDOBJEKTE, 2018. Multiplex, laca de interferencia. 6 piezas. GALERIE ANITA BECKERS, Frankfurt. 10.000 €

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Una frase escuchada al azar en uno de los corrillos de la feria: «Me interesa a mí Marina Abramovic para meterla en una exposición». Estamos de acuerdo. Nosotros también la meteríamos, porque nos encanta, pero no hemos vista nada suyo en ARCO, lo que no quiere decir que no estuviera, sino que es imposible verlo todo. Lo que sí que está por todas partes y por eso nos aburre, es la banalidad de toda esa pléyade de plensas y de genoveses, además de «todas esas cosas de las que usted me habla». Sin embargo Guillermo Pérez Villalta nos continúa cautivando. Elegimos tres cuadros aislados que se presentan como un tríptico, son unas torres misteriosas, un mar, soledad, un joven que hace pompas de jabón sobre un trampolín, bajo una forma clásica, lo moderno que hay en ellas es la mirada sobre el silencio. El vacío. Hay algo en ellos de Chirico pero con una pincelada muy exacta, que crea una textura sobre el fondo que categoriza la pintura.

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Violencia en ARCO
Guillermo Pérez Villalta. LA TORRE ESCALONADA. SOBRE EL VACÍO. LA TORRE VIGÍA, 2016. Temple sobre lienzo. FERNÁNDEZ BRASO, Madrid. 24.500 €

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Encontramos de nuevo violencia, la del mundo sobre los refugiados, que desaparecen para convertirse en fantasmas, formando extraños cortejos en la obra de Fernando Baena que presenta la Fundación Provincial de Artes Plásticas «Rafael Botí» de la Diputación de Córdoba, en un stand que gira en torno a ese eje de periplos, tristeza y desesperación. De superación y esperanza. Las imágenes repetidas en los media se modifican para afectarnos.

Encontramos una doble violencia en el Toro-Esfinge de Óscar Domínguez. Tauromaquia y surrealismo para un pintor no demasiado divulgado, que fue amante de Marie-Laure de Noailles y artista canario, morador del París de las vanguardias. Un clásico para nuestra colección. Una pieza deseada. Un artista admirado. Lo compramos porque somos clásicas y clásicos. Modernos y modernas. Somos antiguas.

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Violencia en ARCO
ÓSCAR DOMÍNGUEZ. TAUREAU-SFINX, 1942-43. Óleo sobre lienzo. LEANDRO NAVARRO, Madrid. 350.000 €

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Más laca, la de una escultura-icono bastante pop, con muchas posibilidades para su instalación, puesto que es penetrable.

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Violencia en ARCO
Gerold Miller. INSTANT VISION 135, 2012. Aluminio lacado. 179,5 x 148 x 12 cm. GALERÍA CASADO SANTAPAU, Madrid. 70.000 €

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Otra de las piezas que nos gustó es también híbrida e hipnótica, Bernd Oppi compone pequeñas cajas de luz con imágenes en movimiento. Unas abstracciones que participan de la videoinstalación, el arte povera y la miniatura. Entre cuatro elegimos esta, que nos pareció la más adecuada, con una secuencia en la que se compone una amalgama de esferas metálicas por medio de un misterioso magnetismo. Una obra sorprendente, abierta a múltiples reflexiones desde una inducción relajante y performática, porque crea por sí misma el estado mental para contemplarla.

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Violencia en ARCO
Bernd Oppi. POMPEI, 2019. Cemento, acero, mecanismo informático y pantalla. GALERIE KRINZINGER, Viena. 3.900 €

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Otra de los grandes descubrimientos de los pabellones de IFEMA, encuentro de oriente con sí mismo, presentada bajo el título de una de las novelas claves de la novela china, «Sueño en el pabellón rojo». La fotografía busca sorprender por lo incongruente, al mismo tiempo que nos cautiva por su exótica plasticidad y su tamaño. El kitch supera las barreras mentales para introducirnos en una conversación inexplicable. La trae una de las galerías más interesantes de cuantas vienen a ARCO. Casi cada año les hemos comprado algo.

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Violencia en ARCO
Isaac Julien. RED CHAMBER DREAM (TEN THOUSEND WAVES), 2010. Fotografía Endura Ultra. 180 x 230 x 7,50 cm. GALERIE FORSBLOM, Estocolmo. 67.000 €

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No nos hemos llevado nada de la selección del país invitado de este año, Perú, pero sí que hemos visto interesantes homenajes, obras de artistas peruanos en galerías norteamericanas o europeas. Las fotografías de viaje de César Paternostro nos introducen en la abstracción de la arquitectura incaica. Ha publicado varios libros. Parte de la base de que el sentido profundo de la abstracción es más antiguo que la tradición occidental.

Con la violencia juega RENFE desde un curioso punto de vista, con las mismas armas que quienes vandalizan sus convoyes. El grafiti es el pretexto y el concepto para estudiar la barrera entre arte e impertinencia, ritualidad o gamberrismo, valor o deterioro. Una imagen impactante: la puerta de un vagón de ferrocarril que nos ha costado –se supone que a todos- 15 millones de euros. Al menos ha servido para algo. Momento de mira sobre los «escritores» en un momento especialmente duro en su choque con el capitalismo.

Otro de los must de ARCO es Carlos Aires. Nos ha costado decidirnos entre la pléyade de collages que nos ofrece y nos llevamos seis, para no escatimar en críticas, ni en imágenes entrecruzadas, ni en ideas conectadas. Aire, presentado por un galerista húngaro, recicla los billetes de banco, customizándolos con imágenes que contradicen algo de lo que esos mismos billetes representan. Muy interesante juego de miradas. Impactante el de 20 euros con una patera, o el de 10 con unas alambradas. Sorprendente ese billete de un dólar con el inserto del Air Force One. Fascinante la selfie del marine ante las puertas triunfales de Afganistán. Un trabajo de profundidad intelectual, pero también de belleza plástica, que se conjugan con uno de los grandes fetiches del coleccionismo, la numismática. De nuevo hay imágenes que nos violentan.

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Violencia en ARCO
Violencia en ARCO
Violencia en ARCO
Violencia en ARCO
Violencia en ARCO
Violencia en ARCO
Carlos Aires. SERIE DISASTER, 2013-14. Collage. 25 x 33 x 2,5 cm. ANI MOLNÁR, Budapest. 1.000 € x 6 = 6.000 €

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Algunos artistas se convierten en franquicia de sí mismos, como parece haberle sucedido a Opie con sus retratos naif, fosilizados ahora en un mosaico, cuyo dejá-vu ya no nos convence. Sin embargo -muestra de que es un buen artista- del muro cuelgan, por detrás, tres paisajes estupendos, coloridos, minimalistas, al borde de la abstracción, de la deconstrucción.

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Violencia en ARCO
Julian Opie. HILLS 5, 2017. Impresión por inyección de tinta, montada sobre panel acrílico. 82 x 54,6 x 3 cm. KROBATH, Viena. 36.000 GBP

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No nos podíamos quedar sin una fotografía, ni nos podíamos quedar sin visitar La Habana. Otra imagen contradictoria y poderosa.

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Violencia en ARCO
Juan Carlos Alom. TEATRO LORCA, 2015. Impresión digital sobre papel. 29 x 29 cm. Ed. 5 + 2 P/A. EL APARTAMENTO, La Habana. 1.200 €

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