domingo, 15 julio 2018
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Gómez de Celis y Díaz piden «lealtad» entre instituciones

El nuevo delegado del Gobierno llama a «trabajar en equipo» y la presidenta andaluza insiste en la necesidad de reformar la financiación autonómica

22 jun 2018 / 12:39 h - Actualizado: 22 jun 2018 / 13:06 h.
  • Alfonso Rodríguez Gómez de Celis se abraza con Susana Díaz en la toma de posesión. / Jesús Barrera
    Alfonso Rodríguez Gómez de Celis se abraza con Susana Díaz en la toma de posesión. / Jesús Barrera

Los nervios se palpaban en la Delegación del Gobierno. Para unos era el adiós a varios años de servicio público desde la Torre Norte de la Plaza de España. Otros se mostraban contentos, como estudiantes en sus primeros días de clases embargado por el olor a libro nuevo. Un cuarteto de cuerda daba la bienvenida. Mediterráneo, de Serrat. ¿Acaso era un mensaje subliminal del nuevo delegado del Gobierno, que tiene en dichas aguas un frente importante que afrontar?

Con los acordes de la mítica canción del cantautor catalán salían a escena el protagonista, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis –que tomaba posesión de su cargo como delegado del Gobierno en Andalucía–, y la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Juntos pero no revueltos. Con alguna que otra mirada cómplice, sonrisas impostadas y comentarios al oído. Tocaba aparentar normalidad, por lo que «lealtad» fue una de las palabras más repetidas por ambos, compañeros de partido pero conocidos por pretéritas desavenencias. La última de ellas, las que llevó a Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE en las primarias de 2017 después de ser destronado en el comité federal del 1 de octubre de 2016.

Una lealtad puesta en boga en los últimos días y que este viernes cobró un especial protagonismo. El Gobierno andaluz, que hizo de la financiación autonómica su caballo de batalla contra Rajoy, ahora es preso de sus palabras teniendo a un presidente socialista en el Gobierno de España, Pedro Sánchez, quien reconoció hace unos días que «no da tiempo material» a acometer dicha reforma, amén de los exiguos y volátiles apoyos parlamentarios de Sánchez.

«Andalucía será firme en la defensa de los intereses de esta tierra», aseguró Díaz antes de añadir que sabe que «en la defensa de esos intereses voy a contar con el delegado del Gobierno». De Gómez de Celis dijo que es un «trabajador incansable» y se mostró convencida de que su acción al frente de la Delegación del Gobierno será «pensando siempre en lo mejor para Andalucía».

Por su parte, Gómez de Celis apeló a la lealtad citando al grupo musical Vetusta Morla: «Lealtad a todos aquellos que me han visto hacer mi colección de medallas y de arañazos». Así, el nuevo delegado del Gobierno aseguró que, desde ese «principio de lealtad», comparte «los objetivos que hacen del Gobierno andaluz un gobierno sólido y estable». «No quiero que tengan la más mínima duda», aseveró Celis, quien puso como «referente para el resto del país» al Ejecutivo presidido por Susana Díaz.

En este sentido, Gómez de Celis, sabedor de su papel de mediador entre ambas instituciones, explicó que «toca alinear el mejor equipo, que es el tándem que hacen Pedro en La Moncloa y Susana en San Telmo», recordando una de las míticas frases que el líder de los socialistas le dedicó a la presidenta andaluza. Un tándem que «comparte objetivos y metas», apostilló. Tal fue el grado de complicidad –aunque fría– entre Celis y Díaz, que el delegado del Gobierno citó a la propia presidenta andaluza al decir que «cuando es el PSOE el que gobierna en España, a Andalucía le va bien», a lo que añadió: «A España le va bien también cuando a Andalucía se le deja aportar a este proyecto común».

Por otro lado, Gómez de Celis hizo hincapié durante su discurso en las políticas públicas emprendidas por el PSOE. «Me erijo en portavoz de esos niños nacidos en los barrios más humildes y que hoy son grandes profesionales y universitarios», aseveró Gómez de Celis queriendo poner en valor las políticas sociales, «que son las que aseguran la igualdad de oportunidades». Por esta razón, el nuevo delegado del Gobierno reclamó la política como «instrumento creíble para mejorar la vida de las personas» y abogó por «recuperar la ilusión en la política y la seguridad en lo público».

La mañana deparó alguna que otra sorpresa para los presentes en la sede de la Delegación del Gobierno: Gómez de Celis sirvió durante un año y medio en la Guardia Civil. Tal fue el asombro que, el exalcalde Monteseirín, principal impulsor de la carrera política de Celis, dio un pequeño bote sobre su asiento. Pocos lo sabían.

Mientras tanto, el delegado saliente, Antonio Sanz, observaba la escena. Con una mirada perdida y gacha, retraído y sintiendo cómo en política todo puede acabar en un golpe de timón. Su rostro serio y pensativo denotaba no estar prestando demasiada atención a la euforia de los socialistas, que parecen haber olvidado aquello de susanistas o sanchistas, aunque los cruces de miradas digan lo contrario. Presente pero ausente, Sanz parecía tener la cabeza en otra parte. Quizá la pugna entre Sáenz de Santamaría y Cospedal por liderar el PP tenga algo que ver.


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