jueves, 23 noviembre 2017
20:23
, última actualización
Personajes por Andalucía

«He visto cosas que te hacen pensar en los milagros»

El doctor Rodríguez Portal es, como aseguran los pacientes, una eminencia. Sabe que la muerte es parte indivisible de la vida, pelea a diario contra el tabaco, hace deporte, no presume aunque podría hacerlo y sueña con un mundo más solidario

01 oct 2017 / 01:10 h - Actualizado: 01 oct 2017 / 08:19 h.
  • El doctor José Antonio Rodríguez Portal durante la entrevista, en la hemeroteca de El Correo de Andalucía. / Manuel Gómez
    El doctor José Antonio Rodríguez Portal durante la entrevista, en la hemeroteca de El Correo de Andalucía. / Manuel Gómez

{Adora Andalucía y se le nota. El doctor Rodríguez Portal es afable y atento, recuerda siempre que puede a sus maestros en la Neumología y no quiere olvidar que viene desde abajo. La vida le ha sonreído porque trabaja mucho y porque Dios le dio talento para alcanzar sus metas. Lógicamente lucha contra el tabaco y afronta la vida y la muerte como dos realidades de una misma moneda. Hoy se ha sentado para hablar de aire y de pulmones, de respiración y de aliento.

—Doctor, ¿si los pulmones son esenciales para respirar por qué dibujamos un corazón cuando decimos que estamos tan enamorados que nos falta el aire?

—Porque siempre hemos asociado ese órgano al amor, pero es verdad que los primeros en estar en contacto con el aire son la piel y los pulmones y nunca los dibujamos cuando hablamos de amor. La Neumología viene de una palabra -Neuma- que viene a significar aire, hálito.

—¿Cuando nos enamoramos respiramos distinto?

—Y pensamos distinto, oímos distinto, hablamos distinto porque realmente sentimos distinto. Hay quien ha escrito que el enamoramiento es como una especie de enfermedad. Es posible que hasta los órganos trabajen de forma diferente.

—¿Cuándo supo usted que sería médico?

—Desde muy pequeño, tendría doce o trece años. Me interesaba el funcionamiento de la vida, la biología, y de forma instintiva me fui acercando a la medicina incluso en contra de la opinión de mi padre, que tenía mucho interés en que yo hiciera alguna ingeniería. Lo intentó muchas veces, pero yo sentía la vocación de hacer medicina desde el principio y no sabría explicar por qué.

—O sea, que desde niño, por ejemplo, no temió nunca ver morir...

—La muerte es algo que va unido a la vida y la salud a la enfermedad. Son las dos caras de una misma moneda. Es verdad que la muerte no nos gusta, y mucho menos a los médicos, pero realmente la guerra la tenemos perdida por lo que se trata de ir ganado batallas. La muerte al final es algo innato a la vida, inseparable, y de hecho la vida no se explicaría sin ella. Nosotros lo que hacemos es luchar para que la muerte ocurra lo más tarde posible y en las mejores condiciones que podamos conseguir.

—¿Cómo es el mecanismo primero mediante el que un bebé empieza a respirar por sí mismo sin ayuda de su madre?

—Ese momento exacto llega cuando clampamos el cordón y se produce una inversión de los flujos sanguíneos. Eso hace que se abra la circulación en los pulmones y entonces el niño empieza a respirar solo con ese llanto maravilloso que no es de pena, sino un llanto de vida.

—¿Qué siente un neumólogo como usted por el tabaco?

—Siento el compromiso de reiterar cada vez que pueda las consecuencias dañinas de su consumo. Cuando uno integra en su cabeza las maldades del tabaco y sabe que estamos ante una de las causas de mayor mortalidad en nuestra sociedad, no tiene más remedio que contarlo. Hay que entender que el fumador es un adicto y no es nada fácil dejarlo, por eso lo más importante es no empezar con el hábito. Es un agente muy nocivo, dañino y causa muchísimo sufrimiento. Una vez inicia su daño, ya no va a parar. Lo importante es, siempre, no iniciarse en el consumo de tabaco.

—¿Es usted un hombre de fe?

—La ciencia no tiene porqué estar reñida con la fe. Soy consciente de que no todo lo puede explicar la ciencia. Es imposible. Los hombres somos capaces de hacer las cosas más maravillosas y también las más crueles y todo eso debe tener un objetivo, una finalidad. A veces pienso que la ciencia dice que todo se transforma, que nada se crea, pero cuando contemplo algo muy bello, un acto humano estremecedor y me dicen que no se ha creado... entonces tiene que venir de algún sitio de extrema bondad y belleza. La fe puede tener muchas formas y yo creo que tiene que haber algo.

—¿Y usted cree en los milagros?

—Uffff. Tal y como milagro, creo que no pero he visto cosas sorprendentes que me hicieron pensar en los milagros. No me atrevo a decir que he visto un milagro pero sí varias situaciones que te hacen pensar, sí.

-Quiero saber qué siente usted por Andalucía...

—Muchas cosas. Ella me lo ha dado todo en lo personal y en lo profesional. Me ha dado a mi mujer, mis hijos... yo soy andaluz como respiro, no lo puedo separar de mí. Es algo que va unido a mí.

—¿Cree que invertimos lo justo en investigación?

—Se apuesta muy poco. La investigación está llamada a hacernos mejores personas, a que vayamos avanzando en la sociedad. Aunque se investigue poco tenemos nivel en Andalucía y muchos andaluces lo demuestran dentro y fuera de la comunidad. Lo que se debe hacer es promover y conducir ese talento andaluz que tenemos en esta tierra. Y, por supuesto, hay que invertir en investigación. Es fundamental.

—Oiga, doctor, no sé si lo conoce pero ¿usted sabría decirme si el Cristo de la Expiración, El Cachorro, en ese preciso instante que representa está vivo todavía o ya se ha muerto?

—La pregunta es complicada. No definimos la muerte tanto por el aire que entra y sale como por la actividad cerebral. El proceso de la muerte no sucede en un instante sino que la persona va dejando la vida poco a poco hasta el momento definitivo. Es en la última exhalación de aire cuando notamos que algo se ha ido, algo ha salido de ese cuerpo, ha dejado de ser una persona viva con su envoltorio corporal y ha pasado a ser otra cosa. Lo que sí es cierto es que cuando llega la muerte la persona realmente cambia. Hay algo que desaparece –lógicamente desaparece la vida, claro– pero eso tiene una traducción en la imagen que estás viendo y eso es lo más llamativo. Tienes delante a la misma persona, la reconoces, pero notas perfectamente que hay algo que ya no está ahí. Y ese algo no es el cuerpo...

—¿A quién cree deberle su éxito como neumólogo?

—Soy muy consciente de que se lo debo a muchísimas personas, a mis maestros, a mi familia... he tenido la suerte de que me han ayudado mucho. Las personas más cercanas, mi mujer, mis padres y por supuesto mis maestros, insisto... que me reafirmaron en mi vocación. Recuerdo un azulejo en el patio de la facultad en el que podía leerse «No olvides que lo que sabemos lo sabemos entre todos». Y no se me ha olvidado. Yo estoy aquí gracias a la labor de muchas personas que me han enseñado, personas que abrieron camino.

Usted que entiende de aire, ¿qué aire le gustaría respirar?

—El de una tierra donde no hubiera guerras, necesidad, desesperanza, ése. En el Mediterráneo mueren miles de personas y nos quedamos impasibles. Esas personas vienen buscando mejorar y me gustaría respirar un aire de un lugar donde eso no ocurriera. Que no hubiera esa sensación de que el mundo se divide en partes. Ese aire me gustaría respirar.

—¿Lee habitualmente libros que no sean científicos?

—Leo menos de lo que me gustaría. Me gusta mucho la literatura española, especialmente el siglo de oro y también la novela rusa y francesa.

—Entiendo, doctor, que la donación de órganos le parecerá muy importante...

—Fundamental. Vivimos en el país número uno en esta materia pero por ejemplo en mi campo todavía hay gente que sigue esperando pulmones que no llegan. De cada 100 corazones sólo nos llegan 25 pulmones y eso que hablamos de un órgano doble. Tenemos enfermedades con altos porcentajes de pacientes que necesitan que llegue ese órgano, y muchas veces no llega. Hay que fomentar la donación, siempre, en todas las oportunidades, porque de verdad se salvan vidas con ellas.


Versión impresa y hemeroteca de El Correo
  • 1
Todos los vídeos de Semana Santa 2016