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IU esgrime su músculo en Andalucía para supeditar la unión con Podemos

La coalición ostenta 69 alcaldías, cogobernó la Junta y cuenta con la confianza de los agentes sociales. Tiene sedes, asambleas y candidatos en 500 municipios, y en todos prevalece el PCE

24 abr 2016 / 16:48 h - Actualizado: 24 abr 2016 / 17:05 h.
  • El portavoz de IU-UP, Alberto Garzón (d) y el coordinador general de IU Andalucía, Antonio Maíllo, durante un acto público sobre la unidad popular, en el marco de la Fiesta del PCA. / EFE
    El portavoz de IU-UP, Alberto Garzón (d) y el coordinador general de IU Andalucía, Antonio Maíllo, durante un acto público sobre la unidad popular, en el marco de la Fiesta del PCA. / EFE

La coalición de izquierdas, fundada por Julio Anguita en 1986, ha resistido el abrazo del oso socialista durante 30 años y permanece en pie tras el ciclón Podemos. Esa resistencia radica en un arraigo consolidado, un suelo electoral y una implantación territorial que la formación de Iglesias aún debe constatar si también posee.

«La confluencia busca el sorpasso al PSOE. Y el sorpasso está en Andalucía». La posibilidad de una segunda vuelta de las elecciones generales, el próximo 26 de junio, ha reabierto una opción que se frustró en los comicios de diciembre: la reunificación de los partidos posicionados más a la izquierda para plantar cara a la derecha. O lo que se ha dado en llamar la confluencia entre Podemos, IU y otras marcas progresistas. Para poner condiciones a esta fórmula, el partido de Pablo Iglesias parte de una posición de fuerza: cinco millones de votantes –frente al millón que logró IU el 20D– y una omnipresencia mediática y en redes sociales. Pero la coalición fundada por Julio Anguita en 1986 ha resistido el abrazo del oso socialista durante 30 años y permanece en pie tras el ciclón Podemos. Esa resistencia radica en un arraigo consolidado, un suelo electoral y una implantación territorial que la formación de Iglesias aún debe constatar si también posee. Andalucía, donde se gestó IU hace 30 años, es la comunidad donde la coalición tiene más peso, más historia, más estructura y arraigo. La federación que dirige Antonio Maíllo es la más influyente y la que defiende con más ganas la tesis de Alberto Garzón, convencido de la fusión con Podemos, incluso por encima de las siglas de IU.

Andalucía es clave en el debate de la convergencia, tiene todo lo que Pablo Iglesias ansía, pero también todo lo que desprecia. Estas son las credenciales de IU en Andalucía: ostenta 69 alcaldías, aunque está presente en 78 gobiernos municipales (el resto en coalición o apoyando a un regidor socialista); cuenta con más de 300 asambleas locales y provinciales, en las elecciones municipales presentó candidaturas en más de 500 municipios y suma más de 7.000 afiliados, según sus cifras. Podemos ha crecido en las grandes ciudades, pero aún está lejos del entorno rural, justo donde IU es más fuerte. Además, la pasada legislatura IU fue fuerza de gobierno junto al PSOE, dirigió tres consejerías, condicionó un programa de gobierno con políticas emblemáticas, como la ley antidesahucios o la banca pública (que no llegó a materializarse), y por todo ello mantiene un estrecho vínculo de confianza con los agentes sociales andaluces, sindicatos y patronal. En las elecciones andaluzas recabó 368.988 votos (9 escaños) frente a los 590.011 de Podemos. En las municipales, a las que el partido morado no concurrió, IU logró 423.172 votos (54.000 más), demostrando mayor implantación a nivel local que regional. En las generales, volvió a ser soprepasada por Podemos: 256.080 votos frente a 749.081 del partido de Iglesias. En Andalucía, la suma de los dos escrutinios haría tambalear la Ley Electoral poniendo en riesgo la primacía de Susana Díaz y, por extensión, de todo el PSOE. «La confluencia busca el sorpasso y el sorpasso está en Andalucía», dice un dirigente nacional de Podemos.

Pero la IU andaluza también representa, más que ninguna, el peso omnipresente del PCE, el aparato que más recelos despierta en la dirección de Podemos. El Partido Comunista de Andalucía es el núcleo duro de la organización, presente en todas las asambleas. IU es el símbolo de las papeletas electorales, pero en las sedes y edificios que tiene en toda Andalucía ostenta la hoz y el martillo. Los cuadros medios y superiores pertenecen al PCE, y en todos los mítines y actos públicos ondean banderas soviéticas y estrellas rojas. Maíllo, que asumió la dirección de IU hace tres años, ha modulado mucho el discurso de partido. En el último congreso del PCE, hace unos días, los comunistas introdujeron tesis a favor de la «confluencia de izquierdas y procesos de unidad popular».

Los grupos de izquierda en España, desde la socialdemocracia clásica del PSOE hasta el leninismo del PCE, siempre han compartido líneas ideológicas y programáticas. Pero da igual. Siempre les ha separado las formas, el discurso, las prioridades, las férreas estructuras orgánicas de sus partidos y sus líderes, intercambiando denuncias políticas y morales –los unos son radicales, los otros son traidores y vendidos al poder económico–. Siempre, y más visceralmente desde la II República, les enfrenta la lucha por la hegemonía de la izquierda española.

El reagrupamiento de la izquierda se replantea ahora, por tanto, en términos tácticos y a partir de una premisa clave: el PSOE ha sido excluido del listado de partidos de izquierda, por tanto no está invitado a participar en esta fórmula. Podemos e IU buscan sumar fuerzas –6 millones de votos, de 75 a 78 escaños– para sortear el listón que la Ley Electoral impone a los partidos pequeños y para enterrar el bipartidismo. Lo que van a dirimir las direcciones de ambos partidos en los próximos días es si juntos suman más que separados. Garzón aboga por la fusión «de igual a igual», quiere un pacto estatal, no por territorios, pero defiende que prevalezca la identidad de IU. «Marchar separados, golpear juntos», dice. Reclama a Iglesias un «reconocimiento mutuo», una sola candidatura pero articulada en dos vías paralelas: incluido campañas electorales separadas. Y considera la elaboración de las listas y la elección de siglas algo «secundario». «El perfil de cada organización se mantendría intacto. Compartimos papeleta circunstancialmente, pero no vamos a liquidar dos proyectos políticos distintos con autonomía propia», dice un dirigente de IU-Andalucía.

El PSOE-A, preocupadísimo ante la hipótesis de ser desplazados como segunda fuerza de España, está alimentando el miedo de la «fagocitación, la absorción y la desaparición» entre las filas de IU. Los socialistas se reconocen débiles y temen el sorpasso en segunda vuelta.


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