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La calle contraprograma

Masiva y variopinta manifestación. Docentes, sanitarios, pensionistas, ecologistas, inmigrantes, sindicatos y diputados de IU y Podemos celebran su propio 28F reivindicativo

28 feb 2017 / 19:31 h - Actualizado: 01 mar 2017 / 08:28 h.
  • Trabajadores de empresas en crisis y pancartas contra los recortes se combinaron con las banderas andaluzas y republicanas. / Pepo Herrera (Efe)
    Trabajadores de empresas en crisis y pancartas contra los recortes se combinaron con las banderas andaluzas y republicanas. / Pepo Herrera (Efe)
  • La marcha se disolvió en los alrededores del Teatro de la Maestranza, donde los manifestantes ‘plantaron’ algunos de los carteles. / El Correo
    La marcha se disolvió en los alrededores del Teatro de la Maestranza, donde los manifestantes ‘plantaron’ algunos de los carteles. / El Correo
  • Alberto Garzón y Antonio Maíllo, reivindican el 5% de inversión en educación. / El Correo
    Alberto Garzón y Antonio Maíllo, reivindican el 5% de inversión en educación. / El Correo
  • La líder de Podemos, Teresa Rodríguez, en la marcha. / Pepo Herrera (Efe)
    La líder de Podemos, Teresa Rodríguez, en la marcha. / Pepo Herrera (Efe)

En el Teatro de la Maestranza, la directora del instituto Vicente Espinel de Málaga, Julia del Pino, recogía la Medalla de Andalucía a un centro público con 171 años de historia entre alabanzas de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, a la apuesta de su gobierno por la educación pública. En la calle, miles de profesores ataviados con camisetas verdes Por la escuela pública reclamaban que un 5 por ciento del PIB andaluz se invierta en educación y dejaban claro en sus pancartas que «los docentes luchando también estamos enseñando». En el coliseo, el Gobierno andaluz premiaba el «récord» de trasplantes de órganos y tejidos que ostenta la comunidad andaluza gracias a la «solidaridad» de sus habitantes y a los profesionales de la «joya de la corona», representados por el responsable de la Coordinación Autonómica de Trasplantes, Manuel Alonso. Por la ciudad marchaban profesionales sanitarios y usuarios de la sanidad pública con carteles contra los recortes y en los que se leían lemas como «Susana no sana» o «sin hospital no se mejora la sanidad» portada por vecinos de Morón. El empresario turístico Manuel Molina viajó ayer para recibir su Medalla de Andalucía desde Alemania, donde ha desarrollado toda su vida personal y profesional debido a que sus padres tuvieron que emigrar para buscarse a vida, un talento fugado que la presidenta andaluza instó a atraer para que contribuya al desarrollo de la comunidad. Fuera, Lucas González se manifestaba junto a otros emigrantes retornados de Huelva porque tras 45 años en Suiza – «me fui con 20 años y he vuelto hace poco»– ha tenido que pagar a Hacienda 20.000 euros por la aplicación de repente y con efectos retroactivos de la obligación de tributar las rentas obtenidas en el extranjero.

Son las dos caras de una comunidad que ayer celebró el Día de Andalucía por un lado, reconociendo a figuras destacadas de la cultura, el deporte o la ciencia con las Medallas de Andalucía y los títulos de Hijos Predilectos. Y por otro, con profesores, sanitarios, trabajadores de empresas con conflictos laborales, pensionistas, plataformas antidesahucios, colectivos de inmigrantes, delegados sindicales y diputados y concejales de IU y Podemos que se echaron a la calle como representantes de «la Andalucía que no se resigna» para reclamar «pan, trabajo, techo», lema principal de una manifestación más masiva que otros años –90.000 personas según los organizadores que la Policía Nacional rebajó a 2.000– y muy variopinta en cuanto a las reivindicaciones de los manifestantes.

La manifestación desembocó a las puertas del teatro mientras, a la salida del acto institucional, invitados, premiados y miembros del Gobierno andaluz se felicitaban y se hacían incluso fotos con sus gritos de fondo. La Policía blindó con vallas un área más amplia que en anteriores ediciones.

Si en el Maestranza los servicios de protocolo de la Junta organizaban minutos antes de que empezara el acto institucional a los invitados y galardonados, en los alrededores de la estación de Santa Justa, los servicios técnicos de la manifestación trataban de ordenar las múltiples pancartas –dados los numerosos colectivos convocantes este año– para iniciar un recorrido demasiado largo que restó fuerza a la marcha a la llegada al Paseo Colón.

La Marea Verde de los docentes fue especialmente numerosa mientras que entre los sindicatos destacó la presencia de Ustea, CNT y de los jornaleros del SAT, que abrían la marcha con pancartas en las que pedían la libertad de Andrés Bódalo (no faltó su exdirigente y actual diputado de Podemos en el Congreso, Diego Cañamero). Detrás se situaron colectivos de trabajadores en empresas en crisis como los estibadores con sus camisetas negras y el lema «Ni un paso atrás» que lucía incluso un perro que acaparó los objetivos de los fotógrafos. Pero también empleados de compañías en pleno ERE como Deoleo o Carbonell y de empresas municipales como Lipasam o el IMD criticando que «el alcalde Espadas no cumple».

Entre los colectivos ciudadanos, estuvieron presentes la Plataforma de Afectados por las Hipotecas y Stop Desahucios pero también organizaciones como Somos migrantes, reclamando el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros; grupos ecologistas en defensa de Doñana y denunciando los efectos sobre la salud de la contaminación (con activistas de Verdemar ataviados con máscaras antigas), colectivos por la Renta Básica (que sustituyeron las clásicas pancartas por globos blancos con su lema); y pensionistas aglutinados en plataformas o que acudían a título particular, como Manolo y Encarna, que lamentaban que «no puede uno sacar la cara por nadie, aquí no es ni PP ni PSOE, tiene que venir alguien nuevo honrado». Una opinión crítica contra los dos principales partidos, que gobiernan en España y Andalucía respectivamente, muy generalizada en la marcha en la que podían verse tantos carteles críticos con los populares como contra el gobierno socialista de Susana Díaz, salpicados de tijeras –símbolo de los recortes– y se corearon consignas contra ambas fuerzas (en el caso del PSOE, personalizadas en la presidenta andaluza al grito de «Un bote, dos botes, susanista el que no bote»).

Dos de las cinco fuerzas políticas con representación parlamentaria, IU y Podemos, participaron en la protesta (con una presencia mucho más numerosa de IU). El coordinador regional de IU, Antonio Maíllo, estuvo acompañado por el líder nacional de su formación, Alberto Garzón (ambos luciendo la pegatina con el lema I love 5% por la educación pública). Maíllo calificó la manifestación de «desbordante» y alabó el «espacio unitario» en el que habían logrado confluir multitud de colectivos convocantes para reivindicar derechos sociales «como hace 37 años» y programar una «Andalucía en igualdad que no quiere ser más que nadie pero tampoco menos». Garzón defendió el 28F como un «día para reivindicar» una «Andalucía libre de caciquismos y de caciques» frente a los «gobiernos de Susana Díaz y de Mariano Rajoy plegados a las grandes empresas».

La secretaria regional de Podemos, Teresa Rodríguez, encabezaba la pancarta de la formación morada, que casi cerraba la marcha, y justificaba su decisión de estar en la calle en vez de los actos institucionales ante la necesidad de «recuperar aquel impulso» que Andalucía protagonizó para conquistar la autonomía ahora «para recuperar los derechos robados».


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