jueves, 23 noviembre 2017
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Personajes por Andalucía

La esencia andaluza por alegrías

Antonio Romero Monge y Rafael Ruiz Perdigones son Los del Río. Llevan más de cincuenta años formando una pareja artística conocida en todo el mundo. Una de sus canciones acompañó a Bill Clinton en una de sus campañas presidenciales. Con muchas otras, han logrado que miles de personas puedan ver el mundo de un color especial

02 oct 2017 / 21:46 h - Actualizado: 03 oct 2017 / 07:54 h.
  • Los del Río aseguran que «no se ha perdido nada de la esencia andaluza, está todo ahí». / Reportaje gráfico: Jesús Barrera
    Los del Río aseguran que «no se ha perdido nada de la esencia andaluza, está todo ahí». / Reportaje gráfico: Jesús Barrera

Ya sé que las entrevistas suelen presentarse desde el comienzo para terminar con lo último que dice el entrevistado. Eso está muy bien. Pero van a permitir al que escribe que, esta vez, sea el final de su conversación con Los del Río lo primero que deje escrito.

Antonio Romero y Rafael Ruiz Perdigones se despiden arrancándose por alegrías. Tiritití, tran, tran... sonríen y logran que todos los que estamos cerca no podamos evitar mover los pies, sentir un aroma español inconfundible que va rebotando de pared en pared hasta construir una tela de araña que atrapa sin remedio. Ambos desprenden alegría, ganas de hacer feliz a los demás, un optimismo nada impostado que se agarra a todo el que preste un mínimo de atención a lo que suena a su alrededor.

Y, ahora, regresamos al comienzo para hacer las cosas como Dios manda.

Llegan repartiendo sonrisas. El trato de ambos es campechano, muy natural Eso no es algo que pueda fingirse de ninguna forma posible.

Los del Río representan a una parte de la Andalucía auténtica. Tal vez esa que algunos se han dedicado a maltratar sin sonrojarse convirtiéndola en un estereotipo que no puede soportar la realidad. Les invito a tratar el asunto de los estereotipos con los que ha cargado tan injustamente la sociedad andaluza. Habla Rafael.

«Hay cosas en la vida que están a flor de piel. La pandereta, sí, también la pandereta. Las castañuelas, también las castañuelas. La guitarra flamenca, también. Pero también está Murillo, tenemos a Falla, a Albéniz... Tenemos lo mejor de la música, lo mejor de la pintura. Tenemos lo mejor (Rafael enfatiza mucho sus palabras). Afortunadamente para nosotros. Y también hay que decir que un albañil que a las cuatro de la tarde en agosto, en junio, julio y septiembre, no puede estar en un andamio. ¿Por eso es vago? No, de eso nada. Ese hombre se ha levantado a las seis de la mañana y está allí hasta las dos o hasta las tres. Pero ya está bien. Porque no se puede estar más. Nosotros, los andaluces hemos levantado ciudades, muchas regiones con nuestro esfuerzo. Incluidas las de esta gente que ahora no quieren nada de nosotros. Lo hemos levantado los andaluces, dos millones de andaluces. Afortunadamente también nos dieron cobijo, pero allí también estábamos trabajando, lo levantamos y todo el mundo lo sabe. ¡Viva Andalucía!».

Para empezar no está mal, le digo. Ambos sonríen con franqueza. ¿Echamos un vistazo a los recuerdos? No dudan ni un instante en comenzar.

R.: «Empezamos en la Cadena Ser. Tuvimos que hacer una prueba porque éramos dos niños. Nos tuvieron que dejar un chaquetita en tejidos La Estrella. (Antonio asiente y a los dos les brillan los ojos según les llegan los recuerdos a la consciencia). Tenemos una fotografía en la Cadena Ser, los dos, con una chaquetita... muy monos. Nos tuvieron que hacer una prueba porque no se fiaban de nosotros. Un íntimo amigo nuestro que habló con Manuel Barajas le dijo, tengo unos niños que me tienen locos, cantando todo el día en los billares. A ver si les echas una manita. Fuimos, nos vio y nos dijo, el domingo estáis aquí. Ese fue nuestro primer disco, nuestro primer aplauso, nuestro primer cara al público. Fue una maravilla. Luego, el domingo que no íbamos, nos echaban de menos y desde entonces, fíjate tú, más de cincuenta años».

A.: «Tuvimos la gran experiencia, también, de que nos colocase Pulpón. Un representante madrileño que estaba en Sevilla y lo dominaba todo, el mundo del flamenco, de las orquestas...».

Antonio va recordando nombres de artistas y lugares donde actuaron. La lista tira de espaldas: El Gran Guajiro (allí ganaban trescientas pesetas), Farrruco, Rafael Negro, Barrilito, Luis Amador (que sería su guitarrista posteriormente), La Contrahecha, Lola Flores o Trini España, entre otros muchos. Recuerdan, riendo a carcajadas, cuando el padre a Trini España, si no se sabía la falseta con la guitarra hacía el ruido que debería salir del instrumento con la boca. Son muchos las artistas que han conocido y con los que han trabajado. Muchas las anécdotas. Rafael puntualiza: «Siempre éramos de los más jovencitos».

Siguen recordando tiempos pasados.

R.: «Salíamos del corral de la Morería y cuando íbamos por la Gran Vía, de madrugada, veíamos a los hombres regar y otros salir de las discotecas. Un contraste. Pero había unas ganas de vivir, de pasarlo bien... Lo que todo el mundo quería era vivir y pasarlo bien. Además de ir olvidando. Tengo una imagen tan bonita... Recuerdo un viaje a Bilbao, no se me olvida: aquellas chimeneas venga a echar humo y la gente con los bocadillos en el bolsillo del pantalón; y yo decía mira ¡qué bonito! Eso eran ganas de vivir, ganas de trabajar. Nosotros, en esa época, llegábamos a las cuatro o a las cinco de la mañana y la pareja de la Guardia Civil nos paraba. Pensábamos: de momento estamos salvados. Nos preguntaban: ¿De dónde venís? Y nosotros contestábamos: Venimos de tal sitio. Ellos replicaban: Bueno, pues tener cuidadito, que son ustedes muy jóvenes todavía. Tenemos una imagen muy bonita, muy preciosa y muy de verdad. Con una categoría humana impresionante.

A.: «La gente de Andalucía arregló este país por todos los rincones. Hemos emigrado todos, unos cantando y otros echando yeso. Mi pueblo, Dos Hermanas, creo que ha dado los mejores yeseros de España. Igual que en Arcos de la Frontera, tiene los mejores tejados de toda Andalucía. Andalucía estaba representada en toda España por los artistas y por gente que trabajaba muy bien en todo. En aquella época había mucha necesidad, después de la guerra no había de nada. Hoy en día cualquiera tiene seis pantalones vaqueros, treinta y tres camisas, zapatos hay de todas las clases y antes no había de nada. Pero sí había una humildad y una sencillez y una gente que se conformaba con todo. No pasaba nada, ni ocurría nada, y esos valores tienen que volver».

No quiero pensar que la esencia de la que habláis se ha perdido por el camino, les digo.

A.: «No se ha perdido nada de la esencia andaluza, está todo ahí».

R.: «La técnica ha acabado con los almacenes, con esa cosa de los almacenes, con la de las mujeres pasando, por la calle de Antonio, rellenando las aceitunas de anchoa... Venían los trenes de Utrera a Dos Hermanas cargados de mujeres. Un solo almacén tenía mil doscientas o mil trescientas personas y había tantos... ¿Qué es lo que pasa? Que llegan las máquinas y todo eso se pierde. Eso sí que es una esencia preciosa».

Rafael quiere matizar algo antes de acabar: «En esa época se pasaba necesidades, pero ya hambre no. Los que me dicen con mi edad que han pasado hambre, yo les digo que es mentira porque había pan».

Hablemos de música. ¿Qué no habéis podido cantar? ¿Se os ha resistido algo?

A.: «Mira Gabriel, yo te voy a decir una cosa. Si yo hubiese estudiado cantando, seguro que era presidente de una universidad porque yo me sé todas las canciones del mundo gracias a la música y me hubiese aprendido la historia del mundo con la música. Y nosotros podemos cantar todo, lo que no podemos llevarle a la gente es, con nuestra música y nuestras canciones, el odio y el desencanto y la ruina. A las personas hay que llevarles el amor, la sinceridad, el cariño. Hay que llevarles la verdad, la responsabilidad... Lo que realmente intentamos es llevar la alegría al mundo, la despreocupación que necesita. Llega un momento en el día, después de trabajar, que hace falta divertirse y pasarlo bien. ¡Ahí nos apuntamos nosotros! No nos apuntamos a algo que sea desagradable. Hablar mal de cosas con la música. (Niega con la cabeza). Hay tantas cosas importantes en la música que te pueden engrandecer que ahí nos quedamos».

Para explicar lo que dice, Antonio hace referencia a su canción más universal: Macarena. ¿Sois conscientes de la que habéis liado con ese tema, de que Andalucía se conoce más y mejor gracias a ese canción?

A.: «Somos conscientes de que la Virgen de la Macarena, que es del barrio de San Gil, nos ayudó a poner la canción en lo mas alto del mundo. Todas las compañías discográficas quieren tener una Macarena, pero quizás no tienen fe en esa que está en San Gil que se llama la Esperanza Macarena. Nosotros venimos de un pueblo sevillano de esta Andalucía trabajadora y luchadora, humilde y sencilla. Yo creo que no hay gente más sencilla que la gente de Andalucía y por ella vivimos, en ella vivimos y de ella salimos a todos los rincones del mundo para decir al mundo que tenemos una Andalucía que está todavía por descubrir. Tiene Andalucía tantísimas cosas y tanta riqueza que todavía no se ha dado cuenta la gente que en Andalucía la música es la mejor, la gastronomía es la mejor y sus gentes son las mejores».

Ya. ¿Y la Macarena?

A.: «La Macarena es la que sigue mandando».

Vamos hablando sobre lo que es una canción famosa y lo que supone, sobre si esas canciones que elige el público son las mejores de un artista, sobre cómo llegan al resto de países.

A.: «Hemos visto tantas cosas plagiadas de la música andaluza. Un rock & roll es una rumba descaradamente. (Para ilustrar lo que dice, Antonio canta el Rock de la Cárcel de Elvis. Le acompaña Rafael). Será todo lo rocanrolera que tú quieras, pero es una rumba. Cuando llegó Colón a América, dijo Rodrigo de Triana, seguro, tierra a la vista, olé, que nos vamos pa caí por tanguillo de Cádiz. La soleá ha impregnado de música al mundo entero... Este país necesita llevar al mundo lo que tenemos y contarlo, decirlo con toda la confianza».

Y acabamos. Ya saben, por alegrías que es la mejor forma de hacerlo. Uno de los mejores ratos que servidor ha pasado en los últimos tiempos. Prometo que algún día les contaré lo que Los del Río saben de flamenco. No es poco y es una pena que nadie les pregunte sobre ese asunto con más frecuencia. Tiritití, tran, tran..


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