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La Sierra Norte: la joya ambiental sevillana

El reconocimiento por la Unesco de la Sierra Norte de Sevilla como Geoparque Mundial pone el acento en un espacio de paisajes sorprendentes y gran riqueza geológica

04 feb 2018 / 09:22 h - Actualizado: 04 feb 2018 / 09:23 h.
  • Dos de las islas artificiales construidas para que nidifiquen aves acuáticas en el área del embalse de Los Melonares. / Efe
    Dos de las islas artificiales construidas para que nidifiquen aves acuáticas en el área del embalse de Los Melonares. / Efe

{El reconocimiento como Geoparque Mundial de la Unesco a la Sierra Norte de Sevilla, que acaba de comunicarse oficialmente al Gobierno andaluz por parte de este organismo internacional, pone en valor una de las mayores joyas ambientales que posee la provincia de Sevilla. Su gran variedad permite al visitante pasar de un paisaje minero, con una historia milenaria a una zona cascadas idílicas, donde el agua se convierte en la protagonista que modela el paisaje.

Las grandes dimensiones de este geoparque sevillano y su riqueza geológica, arqueológica y minera, ha permitido catalogar 39 lugares de interés geológico, como explica el director del Parque Natural de Sierra Norte, Antonino Sanz Matencio.

El actual Inventario de Geositios, que es como se denomina a estos lugares del Geoparque Sierra Norte de Sevilla concentra los espacios de mayor importancia científica y pedagógica, los paisajes más singulares y de mayor belleza, y los lugares más significativos para comprender la interacción del ser humano con el territorio a lo largo de la historia. De esta manera, recorrerlos es una experiencia que va más allá de la contemplación de espectaculares paisajes, convirtiéndose en una sensación cultural que casi supone un viaje al pasado.

El viaje al pasado a través del geoparque Sierra Norte de Sevilla se remonta a la era Paleozoica, cuando toda la zona occidental de la actual Península Ibérica estaba bajo el agua y formaba parte de la zona marina del antiguo continente Gondwana. Por eso pueden encontrarse huellas de ese pasado marino. Estos geositios comprenden las formaciones sedimentarias más significativas: las formaciones Capas de Campoalla y Capas de Benalija; las rocas de los periodos Ordovícico, Silúrico y Devónico que se encuentran en el Sinclinal del Valle; y el yacimiento paleontológico más importante, las Huellas fósiles de medusas del Cámbrico inferior.

Entre Beja, en Portugal, y Almadén de la Plata, ya en Sevilla, se encuentran otras rocas muy distintas: las llamadas Anfibolitas de Beja-Acebuches, que provienen del metamorfismo de lavas basálticas de fondo oceánico, y el denominado Grupo Pulo do Lobo, materiales típicos de un prisma de acreción, con sedimentos finos depositados en fondos oceánicos y sedimentos arenosos más gruesos procedentes de un continente cercano.

Las rocas que componen el suelo de este espacio son el principal elemento que define los paisajes cambiantes de la Sierra Norte. Así, las rocas plutónicas del geoparque (granitos, granodioritas y tonalitas) son las que producen los berrocales: paisajes alomados, con suelos arenosos que pueden verse en el Berrocal de Almadén de La Plata, de El Real de La Jara, de El Pedroso, de La Jarosa, y la Diorita de Cazalla de la Sierra.

En las depresiones en las que se depositaron sedimentos durante miles de años –entre el Carbonífero superior (310 a 300 millones de años), el sistema Pérmico (300 a 250 millones de años) y posiblemente el Triásico inferior (250 a 245 millones de años)– se diseñaron de manera natural otros paisajes, los Depósitos Aluviales, las Coladas de Lava, las Coladas de Fango, Chimeneas Volcánicas, Flora Fósil o la Falla del Viar.

Al final el geoparque es un paisaje de sierras en el que alternan alineaciones de montañas abruptas, con valles estrechos y profundos, y zonas de planicies o con lomas suaves y valles amplios. La heterogeneidad de las rocas y las diferencias en la composición y disposición espacial de las mismas ha creado espacios únicos, como el Karst del Cerro del Hierro, El Chorro, las Hoyas de Riscos Blancos, el Cañón del Río Viar y el Cañón del Arroyo Gargantafría, el Nacimiento y las Cascadas del Rivera del Huéznar, tal vez las más visitadas y conocidas por el público.

Una cantidad diversa de recursos geológicos que ha llevado al ser humano a acudir aquí desde el Neolítico (6.000 a 3.500 años antes de Cristo) para usar estas piedras y minerales en la fabricación de útiles y herramientas, así como arcillas para la manufactura de cerámicas. También desde el inicio de la edad de los metales se explotaron minas de cobre en diferentes lugares del geoparque, y los romanos explotaron varios cerros de mármol para la obtención de elementos constructivos y piezas ornamentales, y desde esa época existen evidencias de la explotación de varios yacimientos de hierro.

Pero la explotación más intensa de los recursos geológicos tuvo lugar durante los siglos XIX y XX, coincidiendo con la revolución industrial que permitió un avance en las técnicas de extracción así como en su transporte, siendo fundamental la llegada del ferrocarril a las proximidades de las grandes explotaciones.

Por todo ello son abundantes los lugares ligados a la minería histórica, entre los que destacan: la Necrópolis de La Traviesa, las Canteras Romanas de Los Covachos y de la Loma de Los Castillejos, las Canteras de Piedras de Molino, la Mina del Cerro del Hierro, la Fundición de El Pedroso.


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